Cabañuelas

Opinión
/ 23 enero 2010
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Seguramente, si usted es joven y vive en una gran ciudad, no habrá oído jamás el término "cabañuelas", pero si vive en el campo, o transcurre cierta parte de sus días en él, o si vive en provincia y con mayor razón en una ciudad pequeña, es posible que usted sepa de qué se trata cuando se habla de las cabañuelas.

Su origen es incierto, y aunque algunos diccionarios lo relacionan con la fiesta de las cabañuelas o del tabernáculo de los antiguos hebreos, ésta, en sí misma, no tiene nada que ver con el concepto que de cabañuelas tenemos en el noreste de México. Los hebreos celebraban aquella festividad en memoria de la vida de sus antepasados en el desierto y la llamaban "de las cabañuelas" porque en su peregrinar por el desierto, habitaban en tiendas de campaña llamadas tabernáculos, es decir, cabañas diminutas, o más precisamente, cabañuelas.

Doña María Molinar, que hizo el mejor diccionario de todos los tiempos en lengua española, le da tres acepciones distintas al término "cabañuelas", en femenino y en plural. La primera es el "pronóstico hecho por la gente de los pueblos sobre el tiempo que va a hacer en cada uno de los doce meses siguientes, observando las variaciones de los primeros días de enero y agosto". La segunda se refiere a México y la define como "Lluvias de invierno", y la tercera la sitúa en Bolivia, en donde se le llama así a las "primeras lluvias del verano". También remite a ver "fiesta de las cabañuelas".

Los calendarios dicen que el invierno entró el 22 de diciembre y no se irá hasta que la primavera venga a destronarlo, el 21 de marzo. Lo cierto es que enero ha sido siempre un mes caprichoso en relación al clima. Ubicado en pleno invierno, tiene días tan calurosos como el más veraniego, y otros tan fríos como el más heladamente invernal.

La gente, más sabia que los calendarios, sobre todo la gente del pueblo y los más viejos, poseen un conocimiento empírico del clima, y dicen que los caprichos atmosféricos de enero se deben a las cabañuelas. Esa gente, a fuerza de observar, llega a conocer mejor que los meteorólogos los cambios de clima. Durante el mes de enero, su favorito para la observación, prestan especial atención a las variaciones diarias de la temperatura, los vientos y las lluvias, y en base a ellas, hacen aventurados y casi siempre acertados pronósticos climáticos para cada uno de los meses del año. Casi siempre le atinan.

Según la sabiduría de Juan Pueblo, durante las cabañuelas, cada día del 1 al 12, el clima se comporta como va a ser en los doce meses de ese mismo año. Es decir, el día uno representa a enero, el día dos a febrero, el tres a marzo y así hasta el 12, que sería diciembre. De los días 13 al 24, las cabañuelas se dan al revés, entonces el 13 pronostica el clima del próximo diciembre y el día 24 el de enero. Pero como todavía quedan siete días para terminar el mes, de los primeros seis, es decir del 25 al 30, se le adjudica medio día a cada mes del año. Y, por último,durante el día 31, el último del mes, se supone que cada dos horas pueden verse los diversos estados atmosféricos que se producirán a lo largo de los 12 meses de este año.

La sabiduría popular es inmemorial y se alimenta del sentimiento, la intuición y la experiencia. Las cabañuelas son el mejor pronóstico del clima, por lo menos más acertado que los de la Comisión Nacional del Agua.
edsota@yahoo.com.mx

Profesora de Lengua y Literatura Española. Dirigió el departamento de Difusión Cultural de la Unidad Saltillo de la UAdeC. En 1995 fue invitada por la Universidad Tecnológica de Coahuila, unidad Ramos Arzipe, para encargarse del área cultural, que incluía la formación del Centro de Información y cuatro años más tarde vendría la fundación del Centro Cultural Vito Alessio Robles, recinto que resguardaría la biblioteca de su padre, y donde hasta hoy labora.

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