Carlos Abedrop

Opinión
/ 25 abril 2010

"24 horas", 1 de septiembre de 1982. "Las medidas anunciadas por el Presidente agravan la crisis económica del país y no ayudan a resolver ningún problema esencial. sus apreciaciones sobre la banca privada son injustas e infundadas", declaración de Carlos Abedrop Dávila, presidente entonces de la Asociación de Banqueros de México, al terminar el informe en el que el presidente José López Portillo anunció la nacionalización: "La banca privada ha pospuesto el interés nacional y ha fomentado, propiciado y aun mecanizado la especulación y la fuga de capitales. Es ahora o nunca. Ya nos saquearon. No nos volverán a saquear".

El noticiero del canal 2, esa noche, difundía la protesta de un mexicano que en épocas de poder absoluto del Ejecutivo se atrevía a desafiarlo a la puerta de la Cámara de Diputados. "Se les acusa de traidores, señor Abedrop", dijo un reportero. "La conducta de la banca privada ha sido patriótica y solidaria. discrepo del diagnóstico de la crisis que ha hecho el Presidente y pienso que México superará esta crisis y seguirá su camino ascendente a pesar de todos los errores", aseveró Abedrop cuando aún atronaban ovaciones y vivas interminables que de pie le brindaban a López Portillo 2 mil invitados a la ceremonia de su VI informe del sexenio.

No era un banquero el que hablaba, sino un ciudadano valioso y valeroso capaz de elevar su voz solitaria en un instante decisivo de su vida y de la historia. Venía de abajo, desde su Monclova natal, de su carrera de profesor normalista alentado por la mística de la Revolución reciente y de su llegada a la Escuela de Economía de la UNAM, cuando maestros como Jesús Silva Herzog o Federico Berrueto Ramón aspiraban a hacer de sus alumnos más que buenos economistas buenos mexicanos. Su profesión y sus cargos en dependencias oficiales y después en instituciones privadas lo fueron forjando cada vez con mayores responsabilidades.

No llegó inerme al momento sorpresivo de lo que consideró un despojo, no se abatió y siguió con mayor impulso su carrera empresarial.

A su casi 90 años don Carlos recibe un premio otorgado por sus colegas de hoy, ".muy emotivo para mí después de 28 años de que el gobierno me obligó a abandonar mi profesión bancaria". Y luego sintetiza el desastre: "a partir de la expropiación de 1982 se inicia un periodo de decadencia de la banca. En sus siguientes 20 años de vida azarosa, fue frágil e insuficiente para apoyar el desarrollo. Llega a este siglo con fuertes pérdidas que tuvo que afrontar el gobierno cuando los accionistas habían perdido su capital. No hubo inversionistas mexicanos dispuestos a recapitalizar los bancos y la extranjerización fue la única solución para rescatarlos".

Y sugiere un camino práctico y benéfico: "sólo haría falta que las instituciones extranjeras que operan aquí se
integren de manera plena en la economía y en la vida nacional, inscribiéndose en la Bolsa Mexicana de Valores para que los mexicanostengamos oportunidad de participar en su capitalización".

Alguna vez, como si definiera su propia trayectoria vital, Abedrop afirmó: "México necesita empresarios nacionalistas, progresistas, liberales, con preparación y eficiencia. Empresarios no sólo capaces de tener presente el interés general del país, sino de subordinar a él su interés general. Sólo así se pueden llegar a hacer obras socialmente útiles".

Premio oportuno, llega cuando el premiado está en la plenitud de su capacidad creativa. A sus múltiples funciones profesionales une su vocación filantrópica en ayudas constantes que la discreción oculta. Una será visible y de qué manera: dentro de un par de meses se inaugurará un edificio adecuado a la belleza de Ciudad Universitaria, que diseñó el arquitecto Ricardo Legorreta por encargo de Abedrop, quien dona a la UNAM está Unidad de Posgrado de la Facultad de Economía.

Sobran razones para el premio entregado al jueves en Acapulco por el presidente Felipe Calderón. Carlos Abedrop sigue impulsado por la misma esperanza en el futuro del muchacho que hace 75 años salía de su cuarto de hospedería estudiantil en el centro histórico del DF hacia la biblioteca, el café de chinos, el cine o la escuela. Un largo andar de esfuerzos y visión.

Recibe un premio a su labor de toda la vida, pero a mí me gusta pensar que, tarde y sin embargo a tiempo, sus colegas decidieron entregárselo por las palabras aquellas, opuestas a la fuerza aplastante de un personaje y un sistema superados.

Su mejor premio, sin embargo, es que la realidad le ha dado la razón y ha puesto en su sitio a cada uno de los protagonistas de aquel episodio. Felicidades, Carlos. Y adelante.

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