La señora de los elotes

Opinión
/ 23 mayo 2010

Esta historia me la contó un padre de familia en un momento de angustia y desesperación. Pienso que me tocó escucharlo porque fui la primera persona con la que tuvo la oportunidad de desahogarse.

Perdóneme, me dijo, pero me sucedió algo muy difícil y necesito comentárselo. Tal vez usted no sepa que soy divorciado y yo tengo la custodia de los niños. Es una historia larga. Mi esposa me abandonó por, según ella, el amor de su vida.

La responsabilidad de los hijos que normalmente es compartida por el padre y la madre, la tengo que enfrentar yo solo. Parece que no lo estoy haciendo tan mal, sin embargo no es fácil. Lo que le quiero comentar es lo siguiente: hoy al filo del medio día fui al colegio por mis hijos, que son pequeños, uno de cuatro y otro de siete años. Ibamos rumbo a la casa cuando el mayor vio un carrito de elotes y me pidió que le comprara uno. Detuve la camioneta y nos acercamos al carrito, el que estaba atendiendo una señora. Cuando ella alzó la cabeza, me quedé de una pieza: era mi ex-esposa. Como me fue posible, disimulé y pretendí ignorar que la reconocí. Mi hijo se quedaba viéndola atentamente, y yo le pedí a Dios que no la reconociera. Apresuradamente saqué un billete para pagar. No tengo cambio me dijo, quédese con él, le dije, y di la vuelta con mi hijo de la mano.

No tengo idea de cómo manejé hasta la casa. Cuando llegamos mi hijo mayor me dijo muy serio: "papá porqué la señora de los elotes se parece a mi mamá". En el mundo hay muchas personas que se parecen a otras, pero eso no quiere decir nada importante. Es sólo eso un parecido, le contesté. No pude decir a mi hijo la verdad; es muy pequeño. Tal vez algún día tendrá que saberla. Aunque yo no entiendo todavía cómo es posible que ella haya cambiado una vida cómoda en la que se le daba todo, y al decir todo no me refiero a la economía solamente; la respeté y amé y siempre creí que era feliz.

Qué difícil es para el ser humano desentrañar la conducta de los demás.

La confidencia de este hombre me hizo reflexionar profundamente. Hubo momentos en los que reprobé la acción de aquella mujer. En un principio mi sentimiento de madre protectora y amorosa se revelaba contra la conducta de esa otra madre que lo abandonó todo por seguir a un hombre que tal vez ni le daría jamás la seguridad de un hogar, ni un amor en el que privarían los valores más esenciales para visualizar un futuro a largo plazo. Mas luego me hice muchas preguntas, entre ellas, la que creo la principal.

¿Qué faltaba a su vida, que la orilló a tomar una decisión descabellada y peligrosa? La respuesta tal vez pudiera ser una interesante historia, porque al final.TODOS SOMOS HISTORIA.

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