La violencia verbal
COMPARTIR
"Sí, lo que hay que combatir hoy son el miedo y el silencio, y con ellos la separación de los espíritus y de las almas que ese miedo y ese silencio producen. Lo que hay que defender es el diálogo y la comunicación universal entre los hombres. La servidumbre, la injusticia, la mentira son las plagas que rompen esa comunicación e impiden el diálogo". Esta larga frase fue escrita por Albert Camus, el premio Nobel de Literatura más joven, cuya muerte está cumpliendo 50 años. Y me pareció importante rescatarla porque la realidad de la que habla se parece notablemente a la que estamos viviendo ahora en México. Me refiero al ambiente de violencia física, al que no logramos acostumbrarnos y que desde la Revolución no conocíamos. Pero, al igual que en la Francia de postguerra, los intelectuales de aquí parecen solazarse echando gasolina a la hoguera (en tiempos de sufrimiento éstos, en vez de calmar los ánimos los enardecen, así lo hicieron Lutero, Zwinglio, Calvino y Torquemada quemando vivos a sus opositores y haciendo de la hoguera una fiesta). Camus fue atacado duramente por los intelectuales franceses porque disentía de ellos, que buscaban afanosamente afilar cuchillos para sacrificar culpables.
 Dije violencia física, pero la violencia simbólica es mil veces más temible y esa se puede ejercer desde cualquier puesto de poder. Sabemos que se maltrata a las mujeres, pero creemos que maltrato equivale nada más a golpes. Se sabe que las clases altas mexicanas no recurren tanto a pegar a la esposa o amante, son más sutiles sus golpes y más duros: desprecian, maltratan psicológicamente, acomplejan, les reservan el lugar de la nada. Cuando ellas lo aceptan ya acabó la dignidad y triunfó (dice Camus) el silencio.
 Un diputado coahuilense dijo en la tribuna que Felipe Calderón tiene las manos ensangrentadas pues lleva 25 mil muertos; aun los narcos o los zetas que se entrematan son su responsabilidad.
Confieso que no tengo muy claro el uso que se da a la más alta tribuna de la Nación. No me acostumbro a ver y aceptar el enorme desprecio que nos tienen los oradores. ¿No habrá ni siquiera un muerto del que no se le pueda culpar al Presidente?, ¿acaso no tenemos un historial de homicidios de larga duración? Esa violencia que observamos en nuestros representantes de todos los partidos no hace sino abonar a la violencia que ellos no viven, que ellos no sienten, pero la que nosotros, el pueblo, rechazamos cotidianamente. "¿Hasta cuándo van a abusar de nuestra paciencia?" (Cicerón dixit).
 Aunque desde arriba (los de arriba) estén programando nuestros miedos, nosotros debemos responder con solidaridad y mansedumbre. No, no debemos seguir esa senda, porque la reproduciríamos cada uno en su propio hogar, entre los amigos, en la escuela. Los gobernantes, todos, nos orillan a la intolerancia porque es lo que nos ofrecen y es lo que vemos que hacen día con día.
 Y aquí, en cortito, como dicen los que dicen, lo que vemos es que ellos no enfrentan los problemas, nada más se acusan unos a los otros de que todo está mal y no tienen piedad ni medida. Me llevan a reconfirmar que conducen el tren hacia Anarquía. Eso como método, porque una vez que logren el poder omnímodo (Presidencia y Cámara) regresaremos al camino más probado: zanahoria o palo.
 Releyendo a Platón, sobre todo su diálogo "Gorgias", constato que han pasado en vano 25 siglos. Allí plantea que los manipuladores hacen creer a las masas lo que quieren. Dice que un buen locutor convence al auditorio sobre cuestiones de salud más fácilmente que un médico; todo está en la forma de uso del lenguaje, en la retórica. Y de retóricos está llena la Patria Mexicana, pululan. aunque, bien visto, la mayoría está concentrada en el DF en las altas esferas de nuestros tres poderes. Retóricos los hay también aquí, a la vuelta de la esquina, y les pagamos.
 Neguémonos al miedo y al silencio. Albert Camus bien merece nuestro aplauso y la forma de recordarlo es rebelarnos contra la servidumbre y rechazar la mentira. De donde venga.