Frases de plata

Opinión
/ 16 julio 2010

El silencio es oro, reza un adagio conocido. No voy a discutir tal aserción, por más que creo que guardar silencio es bueno sólo en determinadas ocasiones, por ejemplo cuando alguien pregunta quién va a pagar la cuenta. Si todos los hombres callaran todo el tiempo, no existiría la civilización. Claro, tampoco existirían los comerciales de la televisión, pero una cosa no compensa la otra. Los grandes hombres han dicho siempre grandes cosas. Napoleón y Confucio, por ejemplo, son famosos por sus frases. Actualmente las de uno se atribuyen al otro, y viceversa. Parece que los dos las preparaban con anticipación, y luego se las arreglaban para acomodar las circunstancias de modo de poder pronunciar la frase que tenían preparada.

Es el caso de Napoleón. Un día se estaba rasurando en el baño de las Tullerías, en París, cuando de pronto se le ocurrió una frase: "Soldados: 40 siglos os contemplan desde estas pirámides". Para decir la frase, sin embargo, necesitaba unas pirámides. Por eso emprendió la campaña de Egipto, y no, como afirman los historiadores, para extender la dominación de Francia, y sus mercados. A mí me gustan mucho las frases que se dicen en el cine. Lamentablemente el cine mudo no hizo muchas aportaciones en ese campo, pero desde que empezaron los "talkies" la situación empezó a cambiar, y ahora puede hacerse un libro del tamaño del directorio telefónico de Nueva York con las frases famosas que se han dicho en la pantalla.

El otro día, con mi hija Luly, que sabe mucho de cine, me puse a evocar algunas de esas frases. Recordamos, por supuesto, la más famosa que se ha pronunciado en el cine de todos los tiempos: "Frankly, my dear, I don't give a damn". La dijo Clark Gable en "Lo que el Viento se Llevó". Si esa frase se tradujera al español de México la traducción más fiel sería ésta: "Francamente, querida, me importa una chingada". Cuando se filmó esa inmortal película -año 37 del pasado siglo, si la memoria no me falla- la palabra "damn" no se podía decir en público, y menos todavía en el cine. Los censores del gobierno exigieron que fuera retirada del diálogo, y amenazaron a David O. Selznick, el productor del film, con una fuerte multa si mantenía el "damn". La palabra era insustituible.

La mantuvo el cineasta, y pagó la multa. Como se dice en el Potrero: ¡Bien haiga! ¡Ésos son hombres! La segunda más famosa frase del cine es una que jamás se dijo: "Play it again, Sam". Esa frase se habría dicho en "Casablanca", considerada por los críticos como la segunda mejor película en la historia del cine (la primera es "El Ciudadano Kane"). Aunque esa frase se repite mucho, tanto que sirvió de título a un film de Woody Allen, la verdad es que ni Humphrey Bogart ni Ingrid Bergman la dijeron en aquellos términos. Ultimamente apunté dos frases memorables. La primera está en la película "The Bad and the Angel". Hablando del tremendo y apuesto pistolero representado por John Wayne dice alguien: "Cerró los ojos a muchos hombres, y se los abrió a muchas mujeres". ¡Qué frase tan jodona, si la censura me permite usar esa palabra! La segunda frase la anoté apenas anoche después de oírla en una película llamada "Kinky Boots". Dice esa frase: "Si le preguntas a una mujer qué cualidades le gustan en un hombre, responderá invariablemente que le gusta que el hombre sea tierno, sensible, dulce, detallista... O sea que a las mujeres les gustan los hombres que son como mujeres". Esa frase, amigos míos, no tiene desperdicio.

Escritor y Periodista mexicano nacido en Saltillo, Coahuila Su labor periodística se extiende a más de 150 diarios mexicanos, destacando Reforma, El Norte y Mural, donde publica sus columnas “Mirador”, “De política y cosas peores”.

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