El misterio del dolor

Opinión
/ 28 noviembre 2010
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El gran escritor español Martín Descalzo comentaba en relación al dolor: "El dolor es un misterio. Hay que acercarse a él de puntillas y sabiendo que, después de muchas palabras, el misterio seguirá estando ahí hasta que el mundo acabe. Tenemos que acercarnos con delicadeza, como un cirujano ante una herida. Y con realismo, sin que bellas consideraciones poéticas nos impidan ver su tremenda realidad.

"La primera consideración que yo haría es la de la `cantidad' de dolor que hay en el mundo. Después de tantos siglos de ciencia, el hombre apenas ha logrado disminuir en unos pocos centímetros las montañas del dolor. Y en muchos aspectos la cantidad del dolor aumenta. Se preguntaba Péguy: ¿Creemos acaso que la Humanidad está sufriendo cada vez menos? ¿Creéis que el padre que ve a su hijo enfermo hoy sufre menos que otro padre del siglo 16? ¿Creéis que los hombres se van haciendo menos viejos que hace cuatro siglos? ¿Que la Humanidad tiene ahora menos capacidad para ser desgraciada?.

"Sabemos muy poco del dolor y menos aún de su porqué. ¿Por qué, si Dios es bueno, acepta que un muchacho se mate la víspera de su boda, dejando destruidos a los suyos? ¿Por qué sufren los niños inocentes? (.) ¿Quién ignora que muchas crisis de fe se producen al encontrarse con el topetazo del dolor o de la muerte? ¿Cuántos millares de personas se vuelven hoy a Dios para gritarle por qué ha tolerado el dolor o la muerte de un ser querido".

Un recuerdo

Escribo esto porque va en sintonía con lo que un excelente amigo -que no termina de morir en mi memoria y sobre todo en mi corazón- me comentó hace algunos años cuando el terrible dolor de una terminal enfermedad lo sorprendió:

"Gracias a mi sufrimiento -me dijo- he aprendido lecciones que hoy me son muy útiles para `reaprender' lo poco que me queda por

vivir".

Se refería a la necesidad de desarrollar una conciencia limpia, a seguir diariamente la voz que surge de lo más profundo de su ser, a trabajar por gusto y no por lo que se pretende alcanzar como consecuencia de ese esfuerzo, a vivir enamorado de la vida, a ser generoso con sus semejantes.

Esplendor permanente

"Nadie sabe -me comentó- lo que tiene hasta que lo pierde, por eso hay que vivir todos los días considerando la existencia como un milagro, caminar con los ojos abiertos, dando las gracias por lo que se tiene, pero también por lo que no se posee, sabiendo que las personas somos seres de encuentros y casi siempre conseguimos lo que pensamos.

"La vida -afirmó- es primavera, es una invitación a ser fieles a los principios que nos sustentan como personas, que le dan sentido a la existencia. Por eso, hay que desarrollar una conciencia limpia para renunciar a todo lo que en apariencia es bueno -la fama, el poder, el dinero-, pero que en el fondo sólo invitan a la decepción, pues invariablemente representan la causa de las angustias y desgracias de las personas que se empeñan por buscar la felicidad en lo que es superfluo. Hay que diferenciar entre lo que en verdad vale la pena luchar de eso que reporta beneficios solamente al corto plazo. La vida es un esplendor permanente cuando simplemente se es".

Saber trabajar

"Pensemos -continuó- por un momento la razón por la cual las personas trabajan y veremos que muchas de ellas no saben cuál es el sentido de su oficio. Algunos trabajan para sobrevivir, otros tantos para triunfar (materialmente), pero solo algunos - muy escasos - dirían: trabajo por el gusto de hacerlo, es una forma de trascender, una manera de darle sentido a mi existencia".

Efectivamente, serían poquísimas las personas que sabrían que el gozo de trabajar se encuentra en saber que los seres humanos somos responsables por lo que se siembra y no por lo que se cosecha, que el esfuerzo que permite vivir en una continua recreación es el único que vale la pena emprender, que en la vida hay que "aprender a hacer lo que uno ama, o bien aprender a amar lo que uno hace", ya que lo demás es pérdida de tiempo.

Por lo que vale la pena vivir

Recuerdo que después habló de un tema que lleva implícito el verdadero sentido de la vida, o por lo menos brinda luz de aquello por lo cual vale la pena vivir. Me comentó: "Hay que vivir pausadamente: un día a la vez".

"Hay que desear los bienes que son inagotables, aquellos que jamás se acaban". Se refería al encuentro con el amor, la solidaridad, la bondad, la confianza, la justicia; a los valores que encierran, en sí mismos, un mensaje claro: "La vida vale la pena vivirla cuando es vividera, cuando se alimenta el espíritu y se allanan las barreras de la convivencia humana".

Propuesta perene

Mi amigo estaba en lo cierto: el enemigo número uno de la existencia es precisamente acostumbrarnos a vivir, es el egoísmo, el sentido de autosuficiencia y la soberbia, es la mediocridad que nos autoconstruimos, es el desencanto que podemos llegar a tener por lo que algún día decidimos hacer en la vida, es el incumplimiento de eso que soñamos y amamos cuando éramos niños o jóvenes.

El gran riesgo de la existencia es olvidar que alguien infinito y eterno es quien brinda el vigor y la entereza que necesitamos -como seres indigentes que somos- para emprender una vida plena y productiva. La fatalidad existencial es renunciar a eso que podemos dar, crear, cuidar y amar.

Propuesta inolvidable

Su propuesta sigue siendo contundente: enamorase de la vida, desarrollar certeza en la incertidumbre, emprender ideales inmensos por los cuales trabajar y en los que podamos descansar nuestros "éxitos" y "fracasos", dar sentido al diario acontecer mediante un esfuerzo que sea permanentemente energizado por la llama de nuestros más profundos anhelos, ideales y responsabilidades.

Luchar por lo que vale la pena vivir significa empezar a existir. Saber vivir es martillar lo bueno que somos,es ser alegres, es renunciar a la mediocridad, es abrir los ojos para hacer a un lado todos los "sin sentido".

Entonces el reto es claro: enamorarnos de la vida. Disfrutarla, a pesar de los pesares, como una novedad cotidiana, como una aventura, sabiendo que hay que renacer en cada instante que respiramos.

El cielo está aquí

Su tiempo pasó, pero su entereza prevalece: no tener miedo a la muerte, vivir intensamente acorde a las convicciones personales, pero sin correr apresurados a su umbral, pues aquí -en la tierra-, donde, a pesar del sufrimiento es donde se encuentra precisamente el cielo, ese que es necesario labrar si se desea desembocar en la eternidad con el sentido del deber cumplido.

Ciertamente, la vida es lo que queremos que sea: infierno o paraíso. Y esta realidad personalmente la construimos desde el interior de nuestra alma.

Mi amigo Félix para mí no ha muerto porque su alegría, su espíritu y su sabiduría vive en mí como una agradable conversación ante el deleite de un aromático café. Y porque yo sé que él finalmente develó el misterio de la realidad del dolor.

cgutierrez@itesm.mx

Programa

Emprendedor

Tec. de Monterrey

Campus Saltillo

Escritor y cinéfilo de tiempo completo. Actualmente trabajo como colaborador en el periódico Vanguardia de Saltillo, Coahuila, con quienes laboré en diversas áreas durante cerca de seis años, desde mis prácticas en la universidad hasta luego de mi graduación. También realizo reportajes y entrevistas para la revista Newsweek en Español, desde mi llegada a la Ciudad de México en febrero de 2017.

Me apasiona la crítica de cine, labor a la que dedico buena parte de mi tiempo para mantenerme al día con los estrenos más recientes, así como tener un amplio panorama de los clásicos en este mismo ámbito. Escribo y leo por placer. Publico textos en mi blog personal (blogenllamas.wordpress.com), en su mayoría relatos cortos. Tengo dos libros de cuentos publicados por el Municipio de Saltillo: “Demasiado Tarde” (Acequia Mayor, 2016) y “Los Ausentes” (Acequia Mayor, 2017).

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