Un resultado cantadito
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Usted probablemente haya visto un juego de los Harlem Globetrotters, aunque sea por televisión.
Sin regatear el talento a esos legendarios acróbatas del baloncesto, uno sabía siempre que finalmente terminarían por imponerse sobre sus rivales clásicos, los Generales de Washington.
El espectáculo de los Globetrotters no es un partido real sino un juego de exhibición, una mera excusa para hacer alarde de habilidades extraordinarias sobre la duela.
Aunque es divertido, apasionante incluso, el show de los Trotamundos de Harlem es un duelo simulado. Podríamos decir que es un juego arreglado, pero ello tiene una connotación negativa.
No. Hablamos de una bien coreografiada demostración que, sin obstar que conozcamos el desenlace (el inexorable triunfo de los Harlem Globetrotters), vale la pena ver.
Lo mismo sucede con la próxima elección para elegir Gobernador en nuestro Estado: Tenemos contendientes anticipados desde hace muchas lunas por un partido y otro (por razones pragmáticas vamos a obviar al resto de la comparsa política, ¿ok?). Si los boletines no mienten, ayer se verificó el registro de Rubén Moreira y Guillermo Anaya por el Revolucionario y Acción Nacional, en forma respectiva.
Uno y otro recibieron licencia para separarse de sendos cargos federales que ocupaban, y eso es lo que tienen en común. Nada más.
Porque pese a que los mueve un sueño común, la posición que Moreira y Anaya guardan con respecto a éste es muy diferente.
Tan sencillo como que de darse un encuentro entre ambos, el resultado es más previsible que un juego de los Harlem Globetrotters. Y en este parangón político todos sabemos quién hace las veces del equipo de Harlem. ¿O no? El que diga ignorarlo, le aseguro, finge demencia o proviene de un universo paralelo.
A decir verdad, el que afirme que la contienda electoral podría tornarse tan siquiera moderadamente emocionante merece recibir el Camote de Oro Award como el iluso de la década.
Sucede que hay condiciones que ya fueron, por las razones que usted guste, dadas y predeterminadas:
a.- El PRI vence al PAN en Coahuila bajo cualquier circunstancia, sin importar el nombre de los candidatos que se postulen.
b.- Rubén Moreira derrotaría a cualquier adversario, sin importar cuál partido lo postulase a él.
No estoy diciendo que esto me plazca, pero tampoco que preferiría que fuera de otra manera. Sólo intento describir lo que los hechos arrojan como el resultado más probable.
Azules y tricolores subirán al ring electoral a quemar valiosas calorías innecesariamente, unos porque tienen que remontar una ventaja que se antoja insalvable ya, otros porque están sobrados para adjudicarse el triunfo.
Lo cierto es que a los espectadores sólo nos resta atestiguarlo e intentar entretenernos en la medida de lo posible para realizar la obligada crónica pero, le advierto, no se nos deparan más sorpresas que las que puede haber en un juego de los afamados Trotamundos.
La campaña electoral es un trámite porque el resultado se definió hace mucho tiempo. Es un trámite penoso para unos, porque no nunca hicieron la tarea, ni entendieron que como partido deben estar en permanente proselitismo (o si lo entendieron nunca han sabido cómo hacerlo); mientras que el pecado de los virtuales ganadores es haber cometido cualquier cantidad de excesos.
Ni los primeros ni los segundos pueden presumir de conducirse como se supone, con la marcada diferencia de que para el PRI habrá funcionado, mientras que el PAN no se encamina ni siquiera hacia una pobre victoria moral.
Y sabiendo cómo se resuelven los juegos de los Globetrotters, me pregunto ya no si alguien es tan estúpido como para correr apuestas, sino si alguien lo querría ver por razones ajenas al simple entretenimiento.
petatiux@hotmail.com