Juárez y el mono bichi
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-Está a dos cuadras del mono bichi.
        Así dice la gente de Nogales para indicar la ubicación de algún comercio o casa.
         En Monterrey, ciudad más grande, se debe recurrir a otras menciones. Cierto amigo mío vive cerca de un motel de paso -o sea de corta estancia o pago por evento- llamado Motel "Siesta". Cuando mi amigo decía: "Vivo en la colonia tal", o: "Estoy cerca del Banco Fulano", nadie le entendía. Pero cuando empezó a decir: "Vivo a una cuadra del Motel 'Siesta'", todos los señores reconocían el sitio. Y algunas señoras también.
        La gente de Nogales usa al mono bichi como obligado punto de referencia. Ahí no hay pierde. El mono bichi es un estatua que representa a un hombre encuerado. En Sonora la palabra "bichi" se emplea para nombrar la desnudez. He oído ese vocablo usado en las más diversas formas.
        -La cuenta del restaurante fue muy alta. Casi me dejan bichi.
        -Ten cuidado, con esto del sida es peligroso hacerlo con el pito bichi.
El mono bichi está completamente bichi. Quiero decir que se le ve todo. No es como la estatua del Apolo de Belvedere, que tiene el pizarrín cubierto por una hoja de parra, como todas las esculturas clásicas. Aquí es diferente. El escultor puso las cosas como son, pero más grandes, porque la estatua es de tamaño heroico. Fue cuidadoso, y no cayó en el error en que incurrió Tolsá, "el Miguel Angel valenciano", cuando al hacer el famoso monumento ecuestre llamado "El Caballito" puso en el equino, muy parejas, dos partes que en todos los animales machos aparecen ligeramente disparejas. Ese detalle lo hizo notar con mucho ingenio la celebérrima Güera Rodríguez, que bien sabía lo que tenía entre manos.
        En el caso del mono bichi las partes pudendas están en su lugar, y bien proporcionadas. Lo malo es que la efigie sirve de remate a una estatua de don Benito Juárez, cuyo aniversario natal celebramos este día. Los magnificentes atributos del gigantón quedan exactamente sobre la cabeza del Benemérito, igual que ominosa espada de Damocles. No sé cómo puede seguir impávido e impertérrito el gran prócer de Guelatao, teniendo sobre sí tal amenaza. Ojalá al mono bichi no se le caigan sus formidables atributos, por el decoro debido a la República y a sus ínclitos prohombres.
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Paso a otro tema que no puedo dejar de tratar. Carlos Manuel Valdés escribió ayer en un artículo: ". Lamento la muerte del doctor Manuel Cuéllar, quien por años sostuvo en Radio Concierto los mejores programas de música educativa.". Añadió: ". Por desgracia, a Manuel se le habían arrebatado sus programas meses antes de su muerte de una manera inicua.". Esa afirmación es falsa. Si el autor la hace por sí mismo está faltando gravemente a la verdad. Si recogió la dolosa versión de otra persona, debió haber cumplido la elemental norma ética de dar a quien es objeto de una acusación la oportunidad de defenderse, recogiendo igualmente su versión para contrastarla con la imputación que indebidamente el escritor admitió y propaló sin comprobarla. Eso es actuar sin equidad, es decir -aquí sí- en manera inicua. La verdad es que el doctor Cuéllar salió por propia voluntad de Radio Concierto. Nadie le "arrebató" sus programas. Nunca, en ningún momento, se le pidió que los entregara. Fue decisión exclusivamente suya renunciar a ellos y salir de la estación. Pocos días antes de su salida me reuní con él para cambiar impresiones sobre el funcionamiento de nuestra estación, y nada me dijo acerca de su intención de dejarnos. De haber conocido por él esa decisión habría hecho lo posible por disuadirlo, pues siempre le tuve afecto. Tampoco me enteré de su proyecto de crear su propia estación de radio en internet. Si Carlos Manuel Valdés quiere saber -ahora sí- nuestros puntos de vista, estoy a su disposición. Por respeto a la memoria del doctor Cuéllar, y a su familia, esperemos que nadie pretenda hacer de su fallecimiento una ocasión para satisfacer inquinas personales. Nosotros guardaremos siempre ese respeto.