Paciencia
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Los lunes para quien esto escribe y aquí en VANGUARDIA, es obligada lectura una plana de mi compañero de armas, el académico Carlos Gutiérrez Aguilar quien desde hace lustros, viene publicando su colaboración en la página de "Calidad". Lo sigo con gusto y sus textos siempre son enriquecedores al hacer hincapié en eso que ya no tenemos los humanos y menos cultivamos: valores.
Hombre afable y ejemplar él mismo, don Carlos Gutiérrez predica con el ejemplo. El universitario forma parte del staff del ITESM campus Saltillo y hace algunas lunas me lo topé en un aeropuerto nacional, cuando éste y otros académicos de su talla, se dirigían a un evento de corte internacional en materia educativa representando a su institución, el ITESM.
El tema entonces que voy a explorar, sin duda alguna es trama para don Carlos y no para quien esto escribe, pero me atreveré a hacerlo porque a últimas fechas estoy tratando de arreglar muchos de los vicios y yerros de mi patética existencia y uno de ellos, el siguiente, ha sido uno de los más fuertes que me atacaron y con mayor virulencia, debido a la tristeza y melancolía de la cual aún tengo resabios. Es la maldita impaciencia, o bien, la poca o nula paciencia que tengo en mi vida. Así de sencillo.
¿Cómo ser paciente, como obtener paciencia? Lo ignoro. Decía el gran poeta mexicano, Amado Nervo: "El cielo es azul, el mar es salado y la vida es incierta". En todo estoy de acuerdo. Y el problema es que nunca me ha preocupado la incertidumbre; de hecho, la incertidumbre es siempre el terreno pantanoso en el cual me muevo. El único patrimonio que tengo es mi vida. Y en este orden de ideas, como lo anterior lo he tenido muy claro, esta seguridad paradójicamente ha caído y recaído desde hace muchos años y en mi caso, en una impaciencia que si bien la sobrellevaba, a últimas fechas la he padecido y en honor a la verdad, estoy tratando de controlarla.
Lo he contado aquí mismo, don Oscar Wong Chávez, gentil y caballero, me invitó a cazar y pescar a alguna presa coahuilense de rancio nombre en fecha pretérita. Dijo que íbamos a llevar tienda de campaña, linternas y todas esas herramientas que nos permitirían sobrevivir días a la intemperie. A pregunta expresa de quien esto escribe de a cuánta distancia estaría la cafetería más cercana, don Oscar Wong, con el humor de sus mejores días me respondió: "Pues como a dos días de caminata mi Chuy". Decliné la gentil invitación. ¿Qué hubiese aprendido aquella ocasión de haber ido? Pues esto, lo cual hoy me trae en jaque: paciencia, ser tolerante. Ganar paciencia.
Esquina-bajan
Debido a mi lectura ya obsesiva de Miguel de Cervantes Saavedra y sus obras geniales, he dado con un retrato que de sí mismo éste hace. Es decir, en una especie de autobiografía, sucinta y pulcra, Cervantes se pinta a sí mismo como: "(un hombre que fue) soldado muchos años, y cinco y medio cautivo, donde aprendió a tener paciencia en las adversidades."
Todomundo lo sabe, don Miguel de Cervantes fue hecho prisionero de guerra en Argel y sus desventuras y adversidades no fueron pocas en cautiverio; incluyendo claro, escapes frustrados. Paciencia, paciencia es lo que trato de tener en mi maltrecha vida para lograr un equilibrio y así, avanzar en mis proyectos de escritura y vida que tengo por venir. No más.
Cuando me pongo a cavilar en lo anterior, me cuestiono precisamente si esto de la paciencia es una virtud o bien, es un rasgo de cobardía. ¿Para qué ser paciente, cuando se puede vivir a 240 kilómetros por hora, aunque se vea a lo lejos una barda de cemento y el auto tal vez no alcance a girar del todo? En esta vida, no todos viven. De aquí que se busque una mujercita, una casita y una hipoteca a la cual estar atados, "pacientes y seguros." Bah.
Letras minúsculas
Tema para Carlos Gutiérrez Aguilar, sin duda alguna. ¿Alguien sabe algunos ejercicios de paciencia y meditación? Lo voy a agradecer.