Braulio Fernández Aguirre: Un hombre justo y ético
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Hoy de nueva cuenta vuelco las palabras sobre don Braulio Fernández Aguirre en este espacio, que si bien es poco, espero hacerle honor. Y esta vez es para demostrar una cualidad que debiera ser inalienable en políticos; la objetividad.
Transcurrían los años setentas, y si bien don Braulio ya había terminado su gestión en el estado, en el Senado de la República la gente lo seguía reconociendo como un hombre trabajador, que estaba al pendiente de su tierra.
Cuenta su entonces secretario particular, Edmundo Verástegui, que cierto día llegó un hombre, quien desde hacía muchísimo tiempo era muy amigo de don Braulio, a su oficina. Tras un saludo enérgico y un abrazo que hizo eco de varios años, este sujeto le confesó el motivo de su visita.
-Quiero ser candidato a Presidente Municipal de San Pedro de las Colonias. Y Vengo para saber si me das tu apoyo- le dijo a don Braulio. El político lo escucha atento, y de vez en vez le insistía en que mejor cambiara de planes y se dedicara a otra cosa.
Su respuesta final fue "no". El hombre se marchó sin más remedio, y la oficina volvió a esa calma aparente. Intrigado por la decisión, Verástegui le preguntó a su jefe por qué no lo quiso apoyar, si los respaldaba una amistad entrañable.
-Porque no lo consideré capaz- pronunció con voz dura el senador Fernández Aguirre. -No tiene lo que se necesita para ocupar un puesto así-.
Quizá otra persona en un puesto similar al de don Braulio, o con una influencia como la suya -tenía una amistad muy cercana con el Presidente Luis Echeverría, por mencionar un ejemplo-, no hubiera titubeado en hacer a un lado la ética, y obedecer a un compadrazgo o amistad.
Ese era el verdadero hombre de política -menciona Verástegui-, y el mismo temple tenía a nivel personal. Un hombre íntegro.
A la vez, tenía sus matices, "sus altibajos como todo hombre", como cuando preocupado miraba por la ventana de su oficina contemplando pacientemente el paisaje, mientras sus ojos denotaban las luchas que libraba en su interior, al tiempo que el humo de su puro se desvanecía antes de poder tocar el techo de su oficina. O en aquellas pláticas en auto, donde se confesaba un hombre con dudas ante sus más allegados.
Pero bueno, aquí lo que toca de política, o lo que nos ayude a conocerlo más. Pues esos secretos, le corresponden única y solamente a él.