Política y democracia

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Opinión
/ 4 junio 2011
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El calentamiento político, que estamos viviendo, no tiene nada que pedirle al calentamiento global. La politización de los medios, anuncios y conversaciones es evidente. Tanto se abruma a la población que muchos se sienten agobiados por los jóvenes que los abordan en los cruceros y los anuncios machacones en la radio. Lo llevan a uno a la saturación. La pregunta que surge es si los partidos y candidatos gastan para acabarse los recursos que les dio el IFE o porque realmente creen que es un medio eficaz para convencernos. Los estribillos que utilizan son pegajosos, pero no dicen nada o dicen muy poco de lo que el candidato hará una vez que tome el poder.

El asedio inmisericorde no se complementa con una reflexión sobre el pasado lejano o inmediato. Nos preguntamos si los candidatos tienen una referencia, aunque sea sencilla, de aquello que quieren mejorar o superar. Lo digo porque estamos viendo que todos los partidos, sin excepción, han fallado en estos años. PRI, PAN y PRD no han dado hechos contundentes para que se les pueda diferenciar. Es evidente que sus plataformas políticas, sus líneas de acción y su filosofía parecen diferir bastante; también que una vez en el poder no son tan distintos: todos son populistas, se desentienden de los problemas fundamentales, adquieren la práctica de Estado paternal, se corrompen, y un largo etcétera. Si ha observado el trabajo de los diputados de la presente y anterior legislaturas se dará cuenta de que entre los 500 no hay 30 que hayan luchado por que mejore el país. Pasarán a la historia como un conjunto de burócratas cicateros. Es una pena porque en ellos estaba la salud de la Patria, y no exagero.

Está en el aire una sensación de opresión. Los ciudadanos perdemos día con día espacios. El Estado lo es todo. La Sociedad dejó de ser el sujeto. Jorge Luis Borges deseaba menos Estado y más ciudadanía y lo dijo en tiempos aciagos, cuando él y su familia (y miles de argentinos) sufrían los abusos del dictador populista Juan Domingo Perón y su sacratísima esposa Evita. Allá perdieron casi todos los espacios los no-gobernantes. Aquí estamos viviendo lo mismo. Y los ciudadanos no debemos permitir que nos echen fuera de la sociedad a los socios fundamentales: nosotros.

Hay temas que todavía podemos enunciar como autónomos o independientes aunque veamos que poco a poco los ocupa el sistema. Desearíamos que los burócratas se ocupen de lo que les toca, de aquello para lo que se les paga y no de nuestras áreas. Ahí está la educación, en la que han fracasando visiblemente PAN y PRI. ¿Por qué no rompen con ese prurito de hacernos creer que están trabajando bien?, ¿podrían hacer un análisis de la realidad serio, abrir los ojos y darse cuenta de que la educación es un chasco y un fraude? Esperaríamos de ellos acciones concretas y no discursos. Quisiéramos que dejaran de lado (al menos por un momento, ¡no la frieguen!) la perversa "autorreferencialidad" de que habla Michel Foucault, por la que intentan crear un nuevo sistema de signos, de espacios simbólicos, de gramáticas para hablar de sí mismos. Lo hacen como si estuvieran fuera del mundo, como si sus partidos no tuvieran una historia, triste historia, y sus congéneres no hubiesen fracasado ya en la conducción del Gobierno. Sucede que los políticos intentan crear nuevos conceptos y relaciones. Dos grandes dirigentes del PRI declaran que de acusar a un exgobernador, Calderón estaría alterando la paz en México. Piden que las leyes, su aplicación, sea una cuestión de gustos particulares de los poderosos. ¿Sabe usted que hay exgobernadores recientes (de varios partidos) que tienen cuentas pendientes con la justicia? Los ciudadanos nos hacemos preguntas y no aceptamos interpretaciones interesadas sino aplicación de la ley. En otros países han encarcelado incluso a expresidentes y no pasó nada: lo hizo Brasil, Venezuela, Argentina, Perú y Chile, ¿por qué no?, ¿acaso se desestabilizaron?

Debemos buscar la manera de dialogar desinteresadamente entre ciudadanos buscando precisamente el interés de la mayoría. Establecer espacios propios y no permitir que nos los invadan quienes tienen intereses particulares, los que buscan ganancia en todo (les sacan virutas hasta a las tablas de multiplicar, dice el Güero Santos). Vamos cuesta arriba, pero si no luchamos no tendremos derecho a opinar.      
 

Columna: De habla y tiempo

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