Desafío: Los "Destapados", Panismo Priísta, Bandera y Manto

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Opinión
/ 1 junio 2011

Se cumplieron ya siete años desde que Felipe Calderón, entonces en condición de secretario de Energía -una posición estratégica desde la cual se negoció la reforma energética, desde el régimen de Ernesto Zedillo y de la mano de Luís Téllez Kuenzler, que significó un retroceso en cuanto al patrimonio global de los mexicanos, optó por lanzarse, abiertamente, como precandidato presidencial de su partido con la ayuda de quien fungía como gobernador de Jalisco, Francisco Ramírez Acuña, quien recibiría como perentoria compensación la titularidad de Gobernación en diciembre de 2006.

Cuentan los calderonistas de cepa que fueron aciagos aquellos días e incluso revelan que aleteó la posibilidad de un retiro de Felipe no sólo del ministerio a su cargo sino incluso de la política. Tan mal veían las cosas por el pulso sostenido con los Fox quienes consideraron un acto de indisciplina de Calderón encabezar un mitin en toda forma, en Guadalajara, mientras despegaba el avión presidencial tras la Cumbre Iberoamericana realizada allí. Felipe se quedó con las candilejas y Vicente frunció el ceño, como lo sigue haciendo para cuestionar a su sucesor sin responder por cuanto significaron sus tristes herencias, específicamente en los campos de la seguridad nacional y la defensa de la soberanía.

Considerando lo anterior, los cuatro miembros del gabinete de Calderón que manifestaron intenciones de encabezar al panismo en la cruzada presidencialista próxima -si es que el clima de creciente violencia lo permite-, llevan un año de atraso respecto a su jefe quien debió dejar "su" Secretaría, unas horas después, en el amanecer de junio, tras un fulminante, grotesco y, según Felipe, poco fundado regaño del señor Fox. Creyendo perdida la confianza del mandatario en funciones, el michoacano, desolado, comenzó solo el andar hacia Los Pinos según su propia versión.

Pese a lo anterior, hay quien sostiene otra tesis. Uno de ellos, Santiago Creel Miranda, quien desde el Palacio de Bucareli era visto como "el delfín" de los Fox, alega que, en realidad, fueron más, muchos más, los foxistas que abrazaron a Felipe a pesar de los vericuetos narrados:

--"Medio gabinete, cuando menos, estuvo con él" -según enfatizó Creel a este columnista para defender su nueva posición, la de ser la baraja del panismo ajena al presidencialismo de cepa aunque sin confrontación insulsa con el titular del Ejecutivo-.

oportunidad con la cual si contó Calderón hace siete años: la de incorporarse a la carrera por la sucesión con un margen formidable de tiempo en busca del posicionamiento nacional. Con todo, el PAN arrancó en la tercera posición, ante una ciudadanía cansada de demagogos, en apariencia, y con los desaseos finales de los escrutinios en julio de 2006 logró asegurar la continuidad, por obra y gracia de la alquimia sofisticada de los "modernizadores" importados del marketing político.

 Debate

Hoy se habla de continuidad entre los panistas como elemento insustituible para asegurar la estabilidad nacional. La continuidad es el antónimo -lo contrario- del cambio, lo que significa una variación extrema, de ciento ochenta grados, al vigoroso discurso del foxismo, en 2000, que tanto se benefició del hartazgo ciudadano por la exacerbación de la corrupción y el empeñoso continuismo de un partido oficial incapaz, por su propia condición, de renovarse.

Bastó una década para trocar papeles. Por ejemplo, Ernesto Cordero Arroyo, convertido en "delfín" como sucedáneo del malogrado gallego-campechano Juan Camilo Mouriño, no detuvo a sus partidarios, entre ellos cuatro gobernadores -los restantes mandatarios estatales del PAN, Emilio González Márquez, de Jalisco, y Juan Manuel Oliva Ramírez, de Guanajuato, tienen otros intereses más personales que partidistas-, cuando exaltaron que su perfil garantizaba, sobre todos los demás postulantes, "la continuidad" del famoso proyecto panista que nadie es capaz, hasta hoy, de especificar sin el léxico demagógico acostumbrado. (También Marta Sahagún aseguró lo mismo cuando pretendió, como la argentina señora Cristina Fernández de Kirchner -ahora viuda-, pasarse al otro lado del lecho nupcial en la recámara presidencial).

Desde luego, el retraso -más de un año con respecto al lapso cubierto por su jefe, Felipe, con las mismas intenciones- es un severo handicap para los panistas de cepa que con tanto ahínco buscan la postulación presidencial acaso porque comienzan a percibir, al igual que hace siete años, no seis cabe aclarar, el desgaste evidente de la administración de Calderón y, por ende, la baja de su capital político. Por ello, hablar de continuidad, ante una comunidad ahogada por la violencia y la corrupción ingente -no lo digo sólo yo sino también los filtrados "cables" de Wikileaks-, resulta contraproducente en todos los apartados verificables. ¡Y más cuando la mejor carta de Felipe, su esposa Margarita, olvidó su prudencia inicial para asegurar futuro en la política... y en los negocios! Lo mismo de antes, pero más abiertamente y con mayor intensidad y frenesí. Cuestiones, nos dicen, de la transparencia y los nuevos parámetros de la vida institucional. Sea.

No extraña en contexto así, que la izquierda, que parecía dormida y para algunos aniquilada, comience a mover la cabeza... como en el Estado de México en donde el color azul resulta crispante; salvo el del cielo, claro.

La Anécdota

Hace décadas, una de las disputas centrales entre el PRI y el PAN se cernía a los iconos, banderas y colores. Los panistas no se conformaban por el hecho de que los priístas acapararan los colores nacionales y la historia patria casi en exclusiva. Todos los héroes de la patria eran ponderados por el priísmo y se señalaba a los panistas como ajenos a los valores esenciales de la República.

Ante esta circunstancia, en Yucatán, en 1967, se ensañó un experimento:

  --Si el PRI tiene los colores de la bandera... el PAN deslumbra con el azul del Manto Sagrado de la Virgen.

En la batalla de las ingenuidades, este país ha sido testigo de todo lo imaginable.

 

 

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