Katrina: un museo muy vivo
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Andando por la calle de Allende, en el número 720 sur, te encuentras con una de esas casas del viejo Saltillo; perteneció, hace años, a los profesores normalistas Filiberto Morales y su esposa Chita Villarreal. Hoy es el "Museo de la Katrina": es un espacio muy vivo que trata sobre la muerte. Es, además, testimonio de la voluntad de una pareja y el trabajo de una familia.
Erick Morales -nieto de don Filiberto y doña Chita- junto con su esposa Cynthia Fuentes y sus tres hijos -Valeria Deyanira, Erick Manuel y Sofía Monserrat-, hace algún tiempo decidieron ofrecer su arte a la ciudad y prestar su casa a todo aquel que quisiera regalarse un momento rodeado de bellas piezas huesudas, elegantes y enigmáticas.
Un día -para estar a tono, podría agregar "cuenta la leyenda"-, al estar montando un altar de muertos, Erick Morales y Cynthia Fuentes -entonces novios- no encontraron una catrina que se adecuara a sus necesidades. ¿La solución? Con más voluntad que destreza -de esto hace más de 15 años-, elaboraron una. Así comenzó todo. El tiempo ha pasado, la voluntad se ha mantenido y la destreza ha mejorado notablemente.
Al día de hoy, las catrinas se han expuesto -siguen exponiéndose- en varios países, entre los que pueden destacarse Holanda, Bélgica, España, Cuba y Estados Unidos; aquí en México han sido admiradas en varios municipios del Estado de México, Michoacán, Nuevo León, San Luis Potosí, Guanajuato y, por supuesto, Coahuila. Son piezas artesanales, elaboradas con una amplia gama de materiales que van desde el papel y tela ordinarios hasta los hilos de plata, oro y cristales Swarovsky. Pero, más allá del material, el valor que se aprecia germina en la creatividad con la que cada pieza fue alumbrada: a más de 15 años de que se hiciera la primera, hoy existe una gran familia de catrinas, donde cada miembro tiene su propia personalidad; es como si su historia de vida (o, en este caso, su historia de muerte) les hubiese dado, a cada una, rasgos irrepetibles.
El museo, ahí en la casona de la calle de Allende, abrió en noviembre de 2009: la familia Morales Fuentes cedió algo de su espacio a la otra familia, la de catrinas. Se divide en seis salas donde se retrata cómo se ha percibido la muerte desde épocas prehispánicas hasta nuestros días. Hay una biblioteca y una videoteca especializadas, un "panteón de rancho". También ofrecen un espectáculo cultural nocturno, "Noches de Leyenda", que hace unos días llegó a las 500 representaciones.
Ahora la profesionalización de la actividad es prácticamente una obligación pues, afortunadamente, el proyecto ha tomado vida propia y reclama más espacios, más impulsos. Tendrán que ver cómo crecen. Tendrán que resolver cómo coordinan la expansión que están teniendo a través de muestras itinerantes en otras partes de la república.
Es un esfuerzo que debiera valorarse aquí en su tierra, tanto o más de como lo hacen fuera de ella.
A fuerza de tocar puertas, algunas se han abierto: la iniciativa privada le habrá dado alguna donación en especie, los gobiernos del Estado y el Municipal (en últimas fechas, más este último) han apoyado. Pero es, como digo, un esfuerzo que ha florecido más por la voluntad de sus impulsores que por el apoyo oficial. Por eso, sin duda, el mejor de los apoyos se encuentra en la visita del turista y de las familias saltillenses que se acercan y comparten este sueño con los Morales Fuentes.
Más de 75 mil visitantes han tenido en poco más de año y medio que el Museo abrió sus puertas. En una ciudad de museos, esta iniciativa de particulares pone el ejemplo.
Por cierto, un día como hoy -3 de julio- pero de 1852, nace en Aguascalientes José Guadalupe Posada, autor de innumerables grabados entre los que destaca la internacionalmente famosa catrina.
@victorspena
www.victorspena.com