¡Esa es vida!

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Opinión
/ 19 agosto 2011

Carolina Rocha Menocal


Y otra vez con la Canuta al trigo. Sí. Y no crea que esta Adelita anda engolosinada con el plagio de dichos. No, no, eso se lo dejamos a los "caballeros templarios", "la mano con ojos" y hasta la mano peluda por citar los nombres y futuros nombres de bandas delincuenciales de este fértil país. Lo que ocurre es que esa perra canija no acaba de meter la nariz en un berenjenal cuando ya metió la pata en otro. Y en esta ocasión, las finanzas del sureño hogar peligran.
Todo empezó hace un par de días con una mentada bolita en el lomo de la presunta. Una vacuna mal aplicada derivó en una bola de grasa, que terminó en pelotilla engordada y luego extirpada en el hospital canino que se ha encargado de sangrar mis ahorros desde que nació la perrada.
Ajá, como diría mi hermana "londinensa" con todo y la cara de sorpresa de aquellos que ya ni recuerdan lo que es vivir en el tercer mundo: "¿qué no está asegurada?"
Pues no. Cómo que perro asegurado cuando el país apenas llegó a la multipublicitada cobertura universal "gracias al seguro popular" (ese podría ser el mito número 11 a derribar por el vocero de la PGR, inspector Poiré, pero con eso de que gusta desmitificar realidades y no fantasías. la "salud para todos" no aplica). O sea que la que escribe pagó la operación y volvió a casa con perra suturada y medicada.
Pero hablaba yo de sacar una pata para meter la otra. Eso ocurrió cuando Canuta usurpó sus medicinas. Se paró de manos no obstante la cirugía y como "yunkie" californiana asaltó la farmacia.
O sea que de vuelta al hospital con perra drogada y, peor aún, dueña endrogada tras el lavado de panza de la can-adicta.
En Londres, en cambio, la cosa no hubiese ocurrido exactamente así. Adelina (la hermana de su Adelita) aseguró a Kika, su bulldog inglesa y descendiente de la más decadente realeza -parece de hecho infanta borbona, pero un tantito más nalgona y mona- desde el día en que la compró. Cuenta que apenas la plantó en sus brazos el vendedor perruno la instó a adquirir su "seguro perrular". Los veterinarios en el Reino Unido cobran como cirujano de Ninel Conde aquí en México y Adelina no quiso arriesgar:
"Casi por ley aseguras al perro. Cobran 75 libras mensuales y la prima es de 175" exclamó escandalizada (y su Adelita desmayada al convertir las esterlinas en pesos ¡¡3000!!), pero justificó que eso era mejor que el pago de medicinas y la posibilidad de un perro longevo en el primer mundo.
¡Quién fuera Kika, caray! Y no es envidia o "cachuchismo" binacional perruno por citar al célebre lingüista y suspirante de tiempo completo Santi Creel.
La perra cuenta con servicio médico, traga como diputada en informe de labores, tiene paseadora colombiana (sí, sí, se llama Soleil y es el sol del hogar de Adelina) y por si eso fuera poco, los perros poseen más derechos caninos que nosotros humanos en México.
De hecho, hará unas semanas que Kika se tendió a media banqueta de Kilder Gardens y se empecinó en no caminar. Adelina indica que esa es su forma de inconformarse cuando Soleil no encabeza el paseo. Y por ende, sabiéndose víctima de un chantaje al más viejo estilo sindical, ella procedió a arrastrarla del cuello mientras la perra se plantaba como árbol en el asfalto y expulsaba la lengua morada de lado.
En ese instante, brincó de la nada una británica y espontánea defensora de oficio, que con la pompa que caracteriza al noble pueblo, advirtió a mi hermana que estaba por solicitar la intervención de los procuradores animales de la ciudad. Y ahí sí, queridos lectores, hay que ponerse a temblar.
De entrada Adelina le quería hacer a las plantitas lo que su perra cada mañana, pero se contuvo como Felipe Calderón al extremo ingresando hasta el fondo del Sótano de las Golondrinas en su Royal Tour show. Los mexicanos no se rajan, dijo. Y luego procedió a argumentar que Kika tenía problemas de personalidad.
Y los tiene, por ello de vez en vez, acude al terapeuta canino que incluye su seguro. No sólo eso, en el kit de nacimiento perruno inglés va de la mano un microchip. Si, por ejemplo, Kika se extraviara y la encontrase un Lord del vecindario, sólo tendría que caminar al veterinario más cercano y con una escaneada sabrían el nombre de mi hermana, teléfono y dirección.
La vida de perro está tan cotizada que cuando el sobrino Alejandro y hermanos viajaron al viejo continente, Adelina les permitía caminar al supermercado a tan sólo unas cuadras, pero le explicaba al niño de 6 años que tenía que quedarse afuera escoltando a la perra mientras los otros compraban. "En Londres no roban niños, pero bulldogs sí" intentaba explicarle al pequeño contrariado ante semejante locura cultural.
(Paréntesis: su Adelita sospecha que si los perros mexicanos tuvieran chips como los ingleses, los tendrían operando desde la cárcel las llamadas de extorsión)
Sin embargo Canuta no es Kika ni el DF, Londres; por lo que empeñadas están ya las croquetas, las correas y los collares nuevos de la perrada. Si ella quiere seguir de drogada, pues que la reclute un cartel porque las finanzas de su Adelita no dan para otra enfermedad.
Como decía Cristina Pacheco, "Aquí nos tocó vivir": vida de perro a la mexicana. Y aclaro, porque el can es lo mismo aquí y allá, pero la vida de perro esa no es igual.

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