Todos somos uno
COMPARTIR
        Hay en la Laguna de Sánchez, sierra por medio del Potrero, un ancho foso por donde desagua el vaso de ese lago. Dicen las gentes de por allá que una vez alguien echó tintura grana en aquel pozo. "Meses después las aguas de los ríos que desembocan en el Golfo aparecieron rojas".
        No sé si sea cierta esa conseja. Lo que sí sé es que si alguien pintara de rojo el alma de un solo hombre, después de cierto tiempo habría un esfumado viso rojo en las almas de todos los demás. Eso es decir con otras palabras lo mismo que en su famoso poema dijo Donne: ningún hombre es una isla. Todos los hombres están unidos por un vínculo común que hermana a todos los hombres de todos los tiempos y todos los continentes. A fin de cuentas todos los hombres son un solo hombre. Andamos revueltos y -sin saberlo- juntos.
        ¿Quién iba a imaginar, pregunto yo, que acá en el norte hay rasgos de cultura maya? En Baja California se han hallado joyas prehispánicas incrustadas con nácar de conchas que sólo en el Caribe se pueden encontrar. Eso prueba en manera indubitable, a juicio de algunos historiadores, que los comerciantes mayas llegaron hasta allá.
        Vamos a ver: ¿cómo llamamos acá al pájaro cenzontle, el de las cuatrocientas voces? Lo llamamos chico. Pues bien: esa palabra es maya. Viene de "chik", que quiere decir "el que remeda". En efecto, los cenzontles imitan el trino de las demás aves canoras. Dice un cuento que el cenzontle llegó tarde el día en que Diosito repartió sus cantos a los pájaros. No había ya canto para él. Desolado, el cenzontle le preguntó al Creador: "Y ahora yo ¿qué hago?". Le respondió Yavé, mortificado: "Canta, como todos". El cenzontle creyó escuchar: "Canta como todos", sin la coma, y por eso imita con su canto el de todos los pájaros..
        Cerca de aquí hay un ejido llamado Jagüey de Ferniza. La palabra "jagüey" es poco usada. Significa estanque lleno de agua. Algunos propietarios que tienen cabaña por ahí, sobre todo los regiomontanos, dicen y escriben "Hawai de Ferniza". Muy chic el nombrecito, pero equivocado: la palabra "jagüey" es voz de origen maya. Viene de "ja", agua, y "uai", acá. Acá hay agua.
        No sólo voces mayas tenemos en el norte; también frases completas. Cuando quieres decir que naciste en tal lugar usas una expresión muy familiar: "Ahí tengo enterrado el ombligo". Eso viene de una costumbre maya, vigente todavía en muchos pueblos de Yucatán, que consiste en enterrar las "pares" o parias -placenta, membranas, y lo demás que la mujer expele en el parto-, junto con el cordón umbilical del recién nacido, en el lugar preciso en que éste vino al mundo, bajo el petate, cama o hamaca donde su madre lo alumbró. Uso es ése que los humanos aprendieron de los animales. Estas sabias criaturas suelen cubrir con tierra las pares, a fin de que los predadores no busquen a la cría para devorarla.
        ¿Se usará to davía la palabra "choquío"? "Huele a choquío", se decía de las criaturas que despedían un olorcillo agrio, el de la leche que devolvían después de haberla bebido. Esa palabra nos llegó también del maya. "Shuqío" quiere decir peste, mal olor.
        ¿Qué hilos extraños se tendieron entre el lejano Yucatán, o la remota Guatemala, y las tierras norteñas? ¿Por qué caminos misteriosos nos llegaron esas palabras, salidas de una lengua tan ajena? No removamos esos hilos, pues quizás al hacerlo moveremos a todos los humanos. Dijo Ciro Alegría que el mundo es ancho y ajeno. Quién sabe... A lo mejor no es tan ajeno ni tan ancho.