El petate del muerto
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Suponiendo que usted tiene un vecino con una casa muy bonita, grande, con alberca y varios automóviles en la cochera. Que ese vecino viste a la moda y que muchos, que únicamente lo conocen superficialmente, lo consideran un magnate.
Pero resulta que su vecino, en apariencia solvente y ricachón, en realidad lo debe todo, hasta lo que lleva puesto. Que su casa está hipotecada y que todos sus demás bienes, incluidos sus automóviles, están dados en prenda a bancos y otros financieros. Y que cubre sus gastos domésticos con puros préstamos y créditos, mismos que también va liquidando, en parte, con otros nuevos.
Además, (porque hay una banda de mafiosos que se lo impide) ese vecino elegante no tiene un negocio grande o sumamente rentable que le permita cubrir, mínimamente, sus gastos corrientes y su forma de vida. Y que sus únicos ingresos posibles son las míseras rentas de unas pequeñas accesorias comerciales que construyó hace mucho y que ya le están desocupando porque esos pequeños negocios están siendo quebradas por la misma banda de mafiosos que le impiden a dicho vecino salir adelante.
Por último, esa misma banda de mafioso, que se han apoderado de los negocios más grandes y lucrativos de la zona, se niegan a contribuir para el mantenimiento de servicios básicos como seguridad, limpieza, bacheo de calles, alumbrado y otros servicios públicos que ellos también utilizan, y que, literalmente, obligan a su vecino a pagar todas esas grandes cuentas que llegan por todos esos conceptos. Con todo esto encima, ¿a dónde cree usted que va su vecino? ¡A una completa bancarrota, claro!
Ahora suponga que ese vecino llega un buen día con usted y, sabiendo él que es usted una persona ordenada y con algunos haberes en la cartera y el banco, le solicita un préstamo comprometiéndose a firmarle un pagaré. Si usted desconoce la verdadera situación de su vecino puede que usted le preste una, dos y tres veces, hasta que vea que ya no le cubre ni siquiera lo mínimo de las cuentas anteriores. Y suponga que lo mismo que ha hecho con usted va haciendo con todo el vecindario hasta que, finalmente, ya nadie le presta nada. Ese vecino está, a partir de ese momento, en la quiebra total. Así de fácil.
Bien. Ahora, para comprender esta pequeña historia, en lugar de su vecino ponga al Gobierno de su país o cualquier otro (Estados Unidos y Europa están de moda) donde los neoliberales (esa banda de mafiosos de que le hablé) se han apoderado de todo (medios de producción, mercado, etc.) y controlan las instituciones públicas. Es un Gobierno insolvente y en la quiebra total porque ya no puede cubrir siquiera sus propios gastos y, menos, pagar lo que ha pedido prestado. Es un Gobierno que ya no tiene ingresos suficientes por tres motivos.
Primero, porque no cuenta con empresas propiedad del Estado que le generen ingresos, ya que esas empresas están en manos de la mafia neoliberal, que las mantiene secuestradas para fines de lucro privado.
Segundo, porque los pequeños negocios han sido barridos por las grandes empresas y los bancos neoliberales, haciéndolos quebrar; en consecuencia, el Gobierno se va quedando sin pequeños contribuyentes por tres razones: ya no tienen utilidades, huyen a la informalidad o terminaron por ser esclavos económicos de los grandes corporativos, sujetos al salario mínimo y encadenados al crédito al consumo. Y, tercera, porque los nuevos barones del dinero y dueños de los grandes corporativos se niegan a pagar impuestos que fortalezcan las finanzas del Estado. ¿A dónde va un Gobierno así? ¡A la quiebra completa, claro!
Lo que hizo la firma Stándar and Poors fue, simplemente, reconocer la verdad: el Gobierno de Estados Unidos ya no puede cubrir sus propios gastos y, menos aún, pagar los préstamos y el financiamiento internacional. ¡No tiene con qué!
Estas han sido, en el fondo, las razones de todas las guerras en el mundo, incluida la de Adolfo Hitler: la desesperación de Gobiernos arruinados que quieren meterse a robar a casas ajenas en un intento por salir de su situación. Y estas son las razones por las que hoy vemos a Estados Unidos y Europa Occidental ir en corso a Oriente Medio, América Latina, Africa y algunos países de Asía o a dónde existan pueblos que se dejen saquear. Es el neoliberalismo, de nueva cuenta, el responsable de toda la violencia, el caos y el odio que hoy vemos en el mundo.
Por todo lo anterior es que resulta necesaria y urgente esta nueva Revolución mundial que acabe con este neoliberalismo que concentra la riqueza de manera brutal en unas cuántas manos, que empobrece a los pueblos, que hace quebrar a los Gobiernos y que propicia el militarismo y las guerras de todo tipo. Y ese cambio verdadero y definitivo solo será posible acabando con la falsa democracia del dinero, la corrupción y los partidos políticos, para imponer en su lugar la Democracia Humanista, la Democracia Económica y el Desarrollo Humano Integral. De lo contrario, el mundo sólo irá de una crisis económica a otra más grande. ¿Hasta cuándo? Hasta que estalle la última y definitiva guerra nuclear.
Así que no permita que lo asusten de nuevo con el petate del muerto. Si hay recesión, ¡bienvenida! Si quiebran las transnacionales y los bancos extranjeros, ¡qué bueno! Será una gran oportunidad para que los pueblos recuperen su producción, su mercado y sus instituciones públicas que hoy mantienen secuestrados esos grandes rufianes del neoliberalismo. Eso sí: ¡hay que impedir que los Gobiernos rescaten a esas grandes corporaciones y bancos privados! Hay que dejarlas que mueran para que pueda renacer la economía popular. Y la fraternidad entre los pueblos.
*Con un saludo a los pueblos que ya están movilizados y luchando por su libertad económica y política.
Carlos Cordero