El sueño existe

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Opinión
/ 12 septiembre 2011

A las nueve de la mañana con 10 minutos del 11 de julio del año 1973, el doctor Salvador Allende Gossens, Presidente de Chile, se dirigió por última vez a su pueblo. Tres años habían pasado desde su toma de protesta cuando despertó la esperanza entre los pueblos de Latinoamérica de que un futuro digno, independiente y soberano era posible.

Allende tuvo su primer contacto con la vida pública en el año de 1937 al ser elegido diputado por Valparaíso. Tiempo después fue Ministro de Salud. Líder indiscutible del partido socialista luego de cuatro intentos, gana la Presidencia de Chile. Desde entonces lanzó una conjura: ¡Basta a la explotación económica! ¡Basta a la desigualdad social! ¡Basta a la opresión política! En 1971 nacionalizó la industria del cobre, lo que desató una violenta y feroz oposición entre la derecha chilena y los poderes fácticos. Sólo era cuestión de tiempo para que fuera expulsado de La Moneda.
Jamás le perdonarían sus deseos de querer materializar un creciente bienestar y una distribución más justa de la riqueza.

Una gran mayoría de chilenos, en especial los sectores populares lo apoyaron en los comicios parlamentarios de 1971 y en los municipales de 1973. Pero las fuerzas más oscuras bramaban en su contra desatando una conspiración iniciada por algunos sectores de las clases altas y del ejército. Una crisis económica fue el pretexto perfecto para derrocarlo. Con la sociedad chilena polarizada, Allende decide tomar medidas que sirvieran como vehículos de diálogo y negociación. La derecha consideró la situación insoluble y recurre al recurso del golpe de estado militar. Un primer intento se dio en junio. Se le conoció como "El Tancazo", pero fue sofocado por las fuerzas leales, encabezadas por el general Carlos Prats. Tres meses después, el 11 de septiembre de 1973, el general Augusto Pinochet encabezó el golpe final con un bombardeo que provocó que ardiera el Palacio de la Moneda y con él la democracia chilena.

Allende rechaza las exigencias de rendición y es asesinado. La versión del suicidio fue desestimada hace poco cuando nuevas técnicas forenses confirmaron el artero crimen. Su muerte dio ejemplo de consecuencia y convicción democrática.

Al llegar Pinochet al poder, son asesinados miles de opositores a su régimen y decenas de miles más son torturados. Ya con el control del gobierno, Pinochet envía a un grupo de 25 economistas chilenos a la Universidad de Chicago y a otras universidades para estudiar con los economistas neoliberales Milton Friedman y Arnold Harberger. Después de abrazar las ideas neoliberales de Friedman, estos economistas regresan a Chile para apoyar al régimen militar de Pinochet imponiendo las políticas de libre mercado.

Se privatizó todo lo privatizable y Chile pronto se convirtió en un ejemplo clásico de capitalismo de libre mercado vigilado muy cerca por las armas de Augusto Pinochet.

Finalmente y tras perder un plebiscito nacional, en 1990 termina su régimen de terror. Atrás quedaban 17 años de barbarie. La historia se encargó de poner a cada quién en su lugar. Al final de su vida, indigna y cobarde, Pinochet fue perseguido y a punto de ser juzgado por sus crímenes. Al momento de su muerte en el año 2006, tenía más de 400 denuncias por violaciones a los derechos humanos, torturas y desapariciones. Jamás recibió una sentencia judicial, pero sí recibió el juicio de la historia.

Michelle Bachelet, entonces Presidenta de Chile, victima ella misma de su violento sistema, lo describió de cuerpo entero: "Augusto Pinochet es para Chile un referente de división, odio y violencia".

Por su parte, la figura de Salvador Allende se ha acrecentado con el tiempo y con él el ideal del hombre libre. Sus últimas palabras fueron: "Trabajadores de mi Patria, tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor. ¡Viva Chile! ¡Viva el pueblo! ¡Vivan los trabajadores! Su sueño aún existe".





Columna: Dogma de fe

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