Si es por eso, mándelos al diablo, Fernando
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Conversé ayer por latarde, largo, con el presidente municipal de Monterrey, Fernando Larrazabal. Laverdad, entendí poco.
Sigue obsesionado encontar que su gobierno clausuró el infausto Casino Royale y que a su hermanoJonás no se le ha probado nada. ¿Entonces por qué duda en afirmar que seguiráen el cargo?
Dice que es por lapetición para que se vaya que le hizo la dirigencia nacional del PAN.
Pues si esa es larazón, mándelos al diablo, Fernando, le dije: usted es la autoridad de unaciudad en una crisis gravísima, no un militante azul.
Pero se enredaba. Lepregunté si lo estaba presionando el presidente Calderón. Dijo que no. Si lopresionaba el gobernador Rodrigo Medina. Tampoco. Pero se enredaba: que elsábado anuncia si se va o se queda; que lo determinará con una consulta con ¡elPAN de Nuevo León!, y otra con ¡con su cabildo!; y a partir del resultado deuna encuesta de la que ni siquiera supo decir quién la estaba haciendo.
Le dije que no veíamultitudes en la calle exigiendo su cabeza. Pero se enredaba.
Durante la charla,yo no conocía aún los números de la encuesta telefónica del Gabinete deComunicación Estratégica que habíamos solicitado hacer en la mañana. Me llegóun par de horas después. Quizá le sirvan a Larrazabal para no hacerse tantas pelotasante la sociedad y la opinión pública. Dos de cada tres regiomontanos quierenque se quede. Dos de cada tres.
Quizá ese dato sirvatambién para que las cosas regresen a donde deberían estar: la concentración enla lucha contra los criminales que extorsionan y asesinan, no sólo en elMonterrey de Larrazabal, sino en toda el área metropolitana de Monterrey.