Niños genio de Coahuila: cuatro historias que inspiran
¿Cómo detectar a una niña o niño con IQ sobresaliente? El desafío para las familias comienza ahí, pero lo más difícil es conseguir los recursos y el tiempo para poder darle el seguimiento adecuado
Ser papás no viene con manual y cuando las infancias no siguen el camino “esperado”, el reto no es solo acompañar, sino aprender a mirar distinto, a escuchar más y a descubrir talentos que muchas veces no se anuncian de forma evidente, pero que con el tiempo pueden cambiarlo todo.
Gilberto, Patricio, Miguel y Alexis son niños coahuilenses sobresalientes, que forman parte de un grupo más amplio de niñas y niños sobresalientes y que comparten algo más que su talento en matemáticas o tecnología, también el acompañamiento constante de sus familias, que entre viajes, dudas y aprendizajes han ido construyendo su crecimiento desde casa.
El desafío, comenzó desde la detección de sus habilidades pues el reconocimiento del talento no ocurrió a partir de un sistema institucionalizado de detección, sino por iniciativa de las propias familias y, en algunos casos, gracias a la observación de maestros que identificaron habilidades fuera de lo común en el aula.
Sin programas estatales de seguimiento o rutas claras para acompañar a niños con aptitudes sobresalientes, cada familia tuvo que abrir su propio camino, desde quienes comenzaron a explorar el potencial de sus hijos a partir de invitaciones escolares a competencias, hasta quienes, buscaron por cuenta propia evaluaciones, especialistas y herramientas para entender su desarrollo. Incluso estudios como la medición de coeficiente intelectual o la búsqueda de diagnósticos y estrategias educativas corrieron completamente por iniciativa familiar, marcando un proceso donde el acompañamiento, la detección y el impulso del talento dependieron más del esfuerzo en casa que de una estructura institucional.
ROMPE BARRERAS CON LAS MATEMÁTICAS
Gilberto Ledezma Juárez, de 13 años, recientemente regresó a casa con una medalla de oro para México obtenida en el Torneo Internacional de Jóvenes Matemáticos en Lima, Perú, además de una mención honorífica individual. Tras un diagnóstico de autismo y un retroceso en su lenguaje, sus papás Nathaly Juárez y Gilberto Ledezma, decidieron no detener su aprendizaje y, entre libros y constancia, Gilberto comenzó a leer y resolver problemas antes de volver a hablar. Hoy, con un IQ de 141, superior al promedio mundial de 100, domina idiomas, explora informática e inteligencia artificial, y encontró en las matemáticas un espacio de desarrollo y convivencia.
“Ha sido difícil. Al principio no sabíamos nada sobre el autismo, cómo llevarlo. Desde que nos dan un diagnóstico de que el niño no va a hablar te creas un mundo y él ha ido rompiendo esas barreras y ha ido contra la corriente y se ha superado. Yo siempre le dije, “Los límites te los vas a poner tú, un diagnóstico no te va a limitar, al contrario, te da herramientas” y siempre le dimos esa confianza. Dice que su superpoder es el autismo”, compartió su mamá.
UNA MENTE BRILLANTE
Patricio Flores Moreno, de 11 años, creció mostrando una curiosidad distinta por los números, los libros y los rompecabezas, lo que llevó a sus papás, Myriam Moreno y José Flores, a acompañar ese interés desde pequeño. Empezó con piano a los tres años, después ajedrez, donde ha destacado entre los 10 mejores del país, y luego matemáticas, que lo llevaron a competencias de alto nivel. Hoy cursa sexto de primaria, tiene un IQ de 142, estudia tres idiomas y compite en la OMM desde 2024.
Para su familia, recibir la confirmación de su capacidad no fue solo motivo de orgullo, sino también de responsabilidad para poder guiarlo por el camino correcto. Myriam explica que acompañarlo se convirtió en un trabajo en equipo donde el tiempo, los viajes y la organización familiar se ajustan para apoyarlo. Más que una trayectoria académica, lo ven como un proceso de crecimiento donde cada experiencia le ha dado independencia, seguridad y la oportunidad de descubrir que hay mucho más allá del salón de clases, construyendo así su propio camino con la meta de ser feliz.
Actualmente, Patricio forma parte del proceso selectivo del IMC Mongolia (International Mathematics Competition), donde se define a los niños que representarán a México en esta competencia internacional.
TALENTO DESDE PEQUEÑO
En este camino también aparece Miguel Ángel Hernández Delgado, originario de Torreón, quien desde el kínder mostraba facilidad para las matemáticas resolviendo operaciones como juego.
Sus papás, Laura Patricia Delgado Lozano y José Miguel Hernández Moreno, lo han acompañado en su trayectoria por clubes, olimpiadas estatales y nacionales, donde ha obtenido medallas de oro, plata y selecciones internacionales. Además de las matemáticas, es un niño sociable que disfruta la robótica, el deporte y la batería.
Para su familia, acompañarlo ha significado una organización constante entre trabajos, permisos y viajes, alternándose para poder estar presentes en sus competencias. Lo ven como una inversión de tiempo y esfuerzo que vale la pena, no solo por los resultados, sino por su crecimiento.
“Desde chiquito ha tenido su acompañamiento y nos ha ayudado también a nosotros a ver cómo va madurando”, compartieron.
DISCIPLINA Y RESILENCIA
En ese mismo universo aparece Alexis Robledo González, de 12 años, un niño creativo que combina matemáticas con robótica, programación y manualidades. Su camino comenzó recientemente, cuando en 2024 fue invitado a participar en la Olimpiada Mexicana de Matemáticas de Educación Básica, avanzando hasta representar a su estado y también formando parte del proceso selectivo actual del IMC Mongolia.
Su mamá, Susana González destacó que, más allá del talento, lo que sostiene el camino de Alexis es la resiliencia y disciplina propia que ella y Armando Robledo Olivo, papá del niño, solo han acompañado.
También reconoce que este proceso exige persistencia y capacidad para manejar la presión, tanto para los niños como para las familias, donde cada competencia implica emociones intensas y un constante aprendizaje para todos.
En el camino, sus papás han tenido que organizar tiempos, viajes y trabajo para acompañarlo. Para ellos, ha sido un proceso de orgullo y esfuerzo compartido, conscientes de que no todas las familias pueden hacerlo.
“Nuestra idea es apoyarlo en sus sueños, en todo lo que se pueda y él quiera lograr, vamos a estar siempre ahí. Estamos muy orgullosos de él... nos sentimos privilegiados de poder apoyarlo”, señaló Susana.
En este Día del Niño, los casos de estos niños muestran que detrás de cada logro hay un proceso constante, donde lo relevante no es solo el resultado, sino el camino de aprendizaje que se construye en casa y se sostiene en el tiempo.