Batallas Escondidas/Contraorden "Clave"

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Opinión
/ 8 septiembre 2011

Crece el rumor. Entre los corrillos de la clase política y empresarial, por ahora fusionadas, corre la versión de que las malquerencias entre los mandos castrenses y el Almirantazgo pudieran convertirse en un factor explosivo adicional, pero de enorme trascendencia, para la precaria estabilidad nacional, vapuleada por los grupos delincuenciales mayores que han logrado infiltrarse hasta escalas superiores del gobierno de la República y, desde luego, a las instituciones encargadas de preservar la seguridad nacional -ahora también la pública que correspondería sólo a las diversas corporaciones policíacas-, y con ella a la soberanía de nuestro país.

El diferendo inició, de hecho, en diciembre de 2009 con la ejecución callejera del célebre "capo" Arturo Beltrán Leyva en el estado de Morelos, muy alejado de nuestras costas. El operativo, como sabemos, fue dirigido por al Almirantazgo con el consiguiente disgusto del general secretario de la Defensa Nacional, Guillermo Galván Galván, quien presume de ser uno de los asiduos contertulios del primer mandatario durante las ya célebres tardeadas en Los Pinos. Pese a ello, o acaso por ello, el "mando supremo", así se considera al titular del Ejecutivo Federal entre cuantos se desarrollan en ambas instituciones, optó por equilibrar las cosas dándole vuelo al Almirantazgo, representado por su titular, Mariano Francisco Saynez Mendoza. No se descarta que las infiltraciones conocidas obligaran a la superioridad a tomas tal medida aunque con ello se acrecentaran las diferencias y las desconfianzas.

Conversé, hace unos días, con un alto jerarca militar. Y éste me hico algunas precisiones que considero de enorme trascendencia para el análisis de cuanto está pasando en México:

1.- En cuanto a la jerarquía militar, se considera al secretario de la Defensa Nacional como el máximo mando de las Fuerzas Armadas en su conjunto. Aunque no hay supeditación alguna, sino "coordinación" -se supone-, es él quien debiera tener la última palabra sobre los tres grandes escenarios castrenses: el ejército, la Fuerza Aérea y, desde luego, la Marina aunque sólo en ésta se reconozco nivel ministerial a su titular. En los hechos, es el general secretario el responsable de cualquier acción que involucre a la seguridad nacional salvo cuanto disponga, sobre el particular, el presidente de la República, el "mando supremo" como se señala ahora en vez de "comandante supremo de las Fuerzas Armadas" como se expresaba en el léxico anterior.

2.- La cadena del mando entre el gobierno civil y los jerarcas militares se deshizo acaso desde el sexenio de Vicente Fox cuando, con relación a la toma de las instalaciones del canal 40, se deslindó con su célebre "¿Y yo por qué?". Luego, al paso de los años y con Felipe Calderón en Los Pinos, se ha llegado a niveles de confusión y, por ende, de enfado, como nunca antes por cuanto a que nadie sabe en concreto donde comienzan y, sobre todo, donde terminan sus atribuciones en una competencia que va dejando un extenso rastro de sangre.

3.- Los altos mandos insisten en que respetan a la figura presidencial, leales como son por naturaleza... pero que la fidelidad debe ser recíproca, esto es esperan un trato igualmente respetuoso por parte del titular del Ejecutivo federal que no están recibiendo. De allí que los malestares crezcan y las simpatías mengüen en una perspectiva cada vez más compleja y violenta.

4.- Fue por demás extraña la manera cómo se manipuló el grave suceso del Casino Royale, de Monterrey, al desplazarse el hecho central: la acción criminal con tintes terroristas, para fincar el debate en un intercambio de acusaciones entre los distintos niveles de gobierno, municipal, estatal y federal, como si realmente lo fundamental fuera detectar quién extendió el permiso de funcionamiento del "centro de diversiones" y no dar seguimiento a un hecho conectado, para muchos, con el terrorismo internacional.

Debate

Es obvio que a las autoridades mexicanas el término "terrorista" les espanta. Incluso, cuando Felipe Calderón habló de "un acto de terror", tras comprobarse la manera como operaron los sicarios para hacer arder al casino regiomontano, enseguida sus consejeros le pidieron contrarrestar el adjetivo con una seria de declaraciones de "expertos" sobre el tema, incluyendo al controvertido y perseguido juez español Baltazar Garzón, conocido por saltarse reglas e instancias para ganar reflectores hasta en el último confín del planeta. Garzón dijo que para hablarse de terrorismo deberían existir contenidos políticos y no sólo hechos como los asesinatos múltiples -con referencia al Royale-, sin percatarse de que las cincuenta y dos víctimas y el horror mismo causado en toda la sociedad generó una de las crisis políticas más serias en Nuevo León de la que ninguno de los miembros de la cúpula se salvó: el alcalde Fernando Larrazábal Bretón, fue puesto en la picota por un vídeo que exhibe a su hermano Jonás en pleno tráfico de dinero en un casino; y el gobernador Rodrigo Medina sostuvo un debate para deslindar responsabilidades con el mandatario federal, Felipe Calderón, evadiéndose del tema central. Todos quedaron mal parados.

De igual manera, no es posible soslayar que el terrorismo no comenzó en Monterrey. ¿Ya olvidamos los incidentes durante la ceremonia del Grito en Morelia en septiembre de 2008?¿O el hecho de que al formar frontera con los Estados Unidos, es decir por geografía estamos destinados a ser una de las puertas de acceso a la poderosa nación vecina que, dentro de dos días, recordará a sus muertos de los mayores atentados terroristas de la historia en Nueva York? Ni entonces ni ahora hubo la menor voluntad preventiva para evitar conflictivas mayores... como la de Monterrey.

Cabe preguntar, entonces, si sirven para algo las inversiones millonarias en los búnkers creados por la Secretaría de Seguridad Pública y su controvertido titular, Genaro García Luna. Es mejor la prevención que el lamento, como indica el refranero popular. Y, en México, por desgracia, lo último es evitar porque el gran negocio, de las grandes policías incluso, es la persecución.

La Anécdota

De otra fuente militar:
--"En 1994, tras la insurrección neozapatista, el ejército estaba en posición de derrotar a los alzados. Faltaba sólo el embate final que ya estaba listo. Fue entonces, por intervención de Manuel Camacho, que se dictó una contraorden, por supuesto por parte del entonces presidente Carlos Salinas. Y así hasta ahora."

¿No estará sucediendo lo mismo con la "persecución" a determinados "narcos" mientras se protege a otros, con descaro, de acuerdo a los informes filtrados de la Inteligencia estadounidense?


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