Indígnese

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Opinión
/ 28 octubre 2011

Motivos para no permanecer inmutables ante los acontecimientos que se suscitan ya, en la cotidianeidad  -¡qué horror!-  de nuestras vidas, hay sobrados. Hemos sido casi testigos presenciales de los movimientos de indignados en distintas partes del orbe, y digo casi porque a través de la tecnología pues sólo nos ha faltado estar de cuerpo presente en las plazas públicas de Madrid, de El Cairo o en las de la atribulada Libia, para enterarnos de que un número importante de  personas ha ido a manifestar que están hasta la m.de muchas de las acciones de sus gobernantes.

Estos movimientos constituyen también una crítica agria a la indiferencia de una sociedad como la actual, cada día más fría y distante de si misma, vacía por dentro y desolada por fuera, inmersa en la superficialidad de lo baladí y lo intrascendente, incapaz -por motu propio-  de ver más allá de su nariz y abandonada al vaivén de las circunstancias. Hay un amplio sector de la sociedad en nuestro país, al que nunca ha llegado la prosperidad, ni tampoco la posibilidad de acceder a niveles de vida digna; son personas a las que siempre se les ha manejado con mentiras y promesas incumplidas, y están tan hechas al dolor, que lo asumen como algo que así les tocó. Han aprendido a sobrevivir en ese fangal que el populismo y la demagogia han generado, y están tan extenuados de moverse en esa densidad de porquería, que su capacidad de indignarse se les ha atrofiado. Y por ello como dice Roger Bartra "no se indignan, aunque sufren terriblemente una condición muy poca digna".

Dignidad es un valor inherente al ser humano en cuanto a su racionalidad, a su ser dotado de libertad y de poder creador, con el que puede transformar y mejorar su vida. La dignidad crece con la igualdad, se desarrolla en la vida en sociedad, en ella la gente aprende a ser parte de la misma, cobra conciencia del espacio que le corresponde, la reconoce como el sitio en el que desarrolla sus potencialidades, porque ahí trabaja, vive y goza libremente. ¿Todos los mexicanos tienen desarrollada esta conciencia? No, si así fuera la indignación afloraría de manera natural y no se toleraría A NADIE, y menos  a la clase política, que tocara ese espacio vital, con nada. El populismo institucionalizado en los setenta años de gobiernos priistas echó raíces profundas en la idiosincrasia del mexicano, el populismo y vuelvo a citar a Bartra "no es propicio a la indignación; propicia más bien sustitutos blandos, nacionalistas e institucionalizados de la idea de revolución. Los indignados de Estados Unidos y Europa no quieren revolución: quieren empleos y una vida digna".

Se explica, desde este enfoque tan objetivo, la incapacidad de los mexicanos de indignarse ante la corrupción, la impunidad y el cinismo; se explica que el grueso de la población no se sienta agredida, v.g. aquí en  Coahuila ante el endeudamiento irresponsable - por decirlo educadamente -  que la administración moreirista nos ha endilgado, ni de la soberbia sin parangón para no transparentar NADA ni del ribete de adquirir más deuda - que pagarán los coahuilenses -  amparados exclusivamente en la holgada mayoría de sus  diputados súbditos en la 58 Legislatura. No hubo uno sólo de ellos que subiera a tribuna a explicar el porque de su anuencia, menos a contestar a quienes nos opusimos. ¿Para qué?

El miedo también inhibe la indignación. El miedo provocado por la inseguridad y la escalada de criminalidad, acicateado en mucho por los medios masivos de comunicación absorbe la atención de la población y la desvía de otros problemas políticos reales, que en mucho contribuyen a obstaculizarle su arribo a una vida digna. ¿Sabe usted, por ejemplo,  la trascendencia que tendrá el remedo de reforma política que están "haciendo" los diputados del Congreso de la des-Unión? ¿Está usted claro de quienes se han atravesado para que todo siga igual? Son los mismos que dicen que los mexicanos quieren su retorno en 2012.

Son los mismos que establecieron una cultura en la que no hay espacio para la dignidad. Son los del partido que conciben a la gente como "masas" - y así las tratan - , no de comunidades conformadas por individuos pensantes a quienes les deben respeto y trato comedido. ¿Así, o más claro?

Columna: Dómina. Nacida en Acapulco, Guerrero, Licenciada en Derecho por la UNAM. Representante ante el Consejo Local del Instituto Federal Electoral en Coahuila para los procesos electorales.

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