Censura redituable

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Opinión
/ 7 noviembre 2011


La censura es sencillamente indefendible, pero muchas veces -en detrimento de las intenciones de quien la ejerce- resulta beneficiosa.
Gobiernos y religiones, de todo el mundo y de todas las épocas, han intentado controlar lo que nos entra en la cabezota, en cualquier formato que esto venga.
Temerosos de que nos contaminemos con "la idea equivocada", al hombre común se le han prohibido libros y otras publicaciones, películas, canciones (discos completos), piezas teatrales, obra plástica, contenidos informativos, páginas web y hasta algunas prendas de vestir.
La censura es una horrenda forma de represión, es asfixiante y por consiguiente opuesta a la sanidad social.
Lo único bueno en todo esto es que, a largo plazo, la censura no resulta muy efectiva (se puede sojuzgar una idea, aprisionarla, proscribirla y penalizarla, pero es prácticamente imposible matarla).
Y, como decíamos, hay ocasiones en que no es necesario esperar mucho, porque a veces la censura obra a favor de la misma idea que se intentaba acallar.
No bien se pronuncia el clero contra una película para que se convierta en un éxito de taquilla. A veces basta la más tímida recomendación de evitarla para que la misma feligresía haga una fila más larga en los cines que la que forma para recibir la comunión en misa.
Pasa igual con un libro, que en cuanto entra al catálogo maldito se vuelve en automático un best seller.
Me encanta cuando ocurre eso porque me imagino la cara de quienes buscaban contener la propagación de un mensaje y les salió el tiro por la culata.
Eso o algo parecido ocurrió la semana pasada, cuando fue reprimida con violencia de barriada la manifestación con que el panismo local buscaba expresar su postura respecto a la mega deuda pública coahuilense, en el marco del sexto informe de la administración que está a días de concluir.
No tuvieron una real oportunidad de manifestarse porque enseguida fueron acosados por las huestes moreiristas, lo que derivó en un zafarrancho de varios minutos en el que se llegó a los empujones y los manotazos.
No conformes con esto, los priístas-moreiristas arrebataron mantas e intentaron hacer lo mismo con cuanta cámara registraba los acontecimientos. Su gran "logro" fue bajar y destruir un globo aerostático tipo zepelín con otra consigna de protesta.
Y la tibia actuación de las diferentes corporaciones de seguridad sólo favoreció a los agresores.
Aquí lo curioso es que de haber permitido que los panistas se manifestaran libremente nada habría pasado. Pero gracias a la actuación de tan finísimas personas, la noticia cobró relevancia nacional y las imágenes fueron difundidas en los principales programas noticiosos del país.
Y cada vez que se dio la información, el ángulo fue el mismo: la intolerancia del Gobierno priísta instaurado hace seis años por Humberto Moreira.
A los panistas les habrá costado un susto y alguna magulladura sin importancia, pero les redituó sin duda en notoriedad para su causa que de ninguna otra forma habrían podido obtener.
Con el valor agregado de que se presentan como víctimas de un régimen intransigente, autoritario y opresor que envía a sus tropas (pagadas con tortas) a hacer gala de una finura que ya quisieran "Las Lavanderas" o las "Ladies de Polanco".
Me alegro que las cosas hayan resultado así, no porque comulgue con el panismo, sino por dos sencillas razones: el tema del desfalco al erario coahuilense y la consiguiente deuda pública nos concierne a todos y no debe soslayarse; y porque, aunque fuera una causa extraviada, injusta, el derecho a la libre expresión es supremo.
Me alegra que la represión del gobierno priísta haya repercutido en un escándalo mayor al que intentaban tapar con el uso de la violencia. Me alegro mucho, pero insisto: la censura no es justificable en ningún momento, en ningún lugar, ni bajo ninguna circunstancia.

petatiux@hotmail.com

Columna: Nación Petatiux

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