Impartir justicia
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Así se dice: más vale un cómplice que un testigo. Y comienzan las cadenas de corrupción.
En Coahuila se viven tiempos turbulentos. Antecedentes que quisieran ubicarse en la historia reciente, no sirven para explicarnos lo que se está viviendo.
Aunque para esto no hay buenos momentos, que se presentara en el umbral electoral presidencial, no podría ser más desafortunado; que haya sucedido lo que hasta ahora se sabe y acepta obliga a cuestionarnos el funcionamiento de instituciones estatales y federales.
La detención del otrora hombre fuerte del SATEC, Javier Villarreal, y su libertad bajo fianza, así como los nombres de otros funcionarios que se suman a la lista (Sergio Ricardo Flores Fuentes, Fausto Destenave, por ejemplo) conmocionan; se agitan los ánimos, hay señalamientos, la comunidad se polariza entre quienes se dicen sorprendidos y quienes dicen "se los dije".
En ambientes así cabría la sensación de que una pena no aplicada de inmediato equivale a la simulación de la impartición de la justicia. Pero cuidado: los procesos son largos y el tejido del tema no es sencillo. Llama la atención, por cierto, el silencio casi absoluto que ha mantenido la PGR.
Al menos en la parte que nos corresponda, en ambientes complicados, debemos cuidarnos de arrebatos y de no señalar culpables antes que el juez. Y habrá quien suponga que una actitud paciente significa complacencia, complicidad o temor, pero ninguna de las tres; se trata de creer en las instituciones, aunque en esto pueda existir una desventaja con respecto al astuto sin escrúpulos. Las cosas por su propio peso caen, tarde o temprano; de esto está llena la historia.
Al final de toda controversia legal, una de las partes estará menos contenta. Las preguntas en este caso son: cuál de las partes, por qué razones. En lo particular, los coahuilenses somos los ofendidos y si el descontento del resultado final se debe a que todo se trató de una burda simulación (tan burda como una falsificación), el panorama se ve complicado. Y no me refiero a una revolución que venga a cambiarlo todo, aclaro para los malpensados, pero hay mecanismos sutiles por los que la gente se cobra la burla para quedar a mano, en los que la gratitud y la lealtad se simulan.
Algunos gestores sociales, me platican, lo perciben: hasta hace algunos meses era raro escuchar "¿y por qué me niegas la ayuda, si bien que se han robado el dinero?". Y es que entre los cómplices, como en todo, también hay clases: los que se las cobran, los sacrificables, los esenciales, los que la pagan.
De lo que no hay duda es que la justicia debe impartirse: la impunidad envenena sociedades. Y esto pudiera no importarle al político cínico, al "Periquillo Sarniento" contemporáneo, pero. bueno, son cosas que se aprenden en casa y, a cierta edad, poco puede hacerse para aprender maroma nueva.
Los valores de la democracia, tan manoseados por los demagogos, son más que mero discurso. La tolerancia no es debilidad, sino el único camino sostenible hacia la convivencia. La diversidad de pensamiento, creencias y costumbres, enriquece. El ejercicio de las libertades, de asociación, de reunión y de expresión por ejemplo, son también un termómetro para quien gobierna.
Despreciarlos parece moda, una buena ocurrencia. A principios de este año, allá en Roma, Luigi Ferrajoli escribe, por ejemplo, su ensayo "Poderes salvajes. La crisis de la democracia constitucional". Sobre el caso italiano, entre otras muchas cosas, apunta: "Los enemigos de la democracia constitucional son también los principales enemigos, disfrazados de amigos, de la democracia política. Significativos sus apuntes sobre el populismo, la integración partidos-instituciones, la manipulación de la información: males italianos, crónicas de nuestros tiempos.
Tomo una frase que el doctor Diego Valadés envió por twitter(@dvalades) el jueves pasado: "La impunidad alienta a los criminales, erosiona a las autoridades y desmoraliza a los ciudadanos. La impunidad pone en riesgo la democracia".
Insisto: la justicia debe impartirse; la impunidad envenena sociedades.
Así de pesado es el compromiso para quien vaya a resolver, desde lo judicial, el tema de la deuda de Coahuila.
@victorspena
www.victorspena.com