Pagar, sancionar, restituir

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Opinión
/ 4 noviembre 2011

Son verbos de necesaria conjugación.
El pago es un insoslayable acto de justicia. Quien disfrutó del préstamo ha de pagar su adeudo integral y puntualmente.
La sanción es también justicia porque evita que un culpable quede impune. La pena no sólo es vindicativa sino tiende a subsanar el daño hecho a la comunidad. Es una forma de respetar la ley y proteger el bien común.
Cuando los recursos conseguidos no fueron aplicados integramente al servicio de los ciudadanos es un acto de justicia la restitución. Todo lo que no fue empleado en obras de servicio o no llegó a sus legítimos destinatarios debe devolverse sin merma para que recobre su finalidad inicial.
Todo esto es claro para el sentido común. Cuando la ley no es acatada, es el mismo orden legal el que prescribe los procedimientos  aptos para urgir que sean conjugados los verbos de la justicia.
No pagar, no sancionar, no restituír es un grave desorden que daña a la sociedad, desprestigia a la autoridad y burla los ordenamientos que dignifican la vida comunitaria.
¿Se respetaron o se excedieron los presupuestos? ¿Los fondos fueron conseguidos con plena legalidad? ¿Se ha informado con transparencia de los gastos y las inversiones, respaldadas con documentación suficiente? ¿Se tiene un plan equilibrado para saldar la deuda en un plazo razonable?
En una democracia, el poder reside en los electores que han dado el mandato de gobernar a los elegidos. Son los ciudadanos quienes deben estar atentos y urgir a los mandatarios que no se aparten de su responsabilidad y ejerzan sus funciones, respetando lo dispuesto por las leyes.
Los verbos que conjugan los ciudadanos son: vigilar, exigir y denunciar como también,  cuando hay aciertos, aprobar, felicitar y apoyar.
Los valores éticos de la vida pública son un capital de principios y actitudes que garantizan la humanización de la convivencia con justicia y paz.
Gobernantes y gobernados tenemos como tarea cotidiana custodiar estos valores siendo corresponsables y conjugando los verbos que explicitan nuestra voluntad de servir, con intachable conciencia cívica, a nuestro Estado y a nuestra Nación...

El autor de Claraboya, quien ha escrito para Vanguardia desde hace más de 25 años, intenta apegarse a la definición de esa palabra para tratar de ser una luz que se filtra en los asuntos diarios de la comunidad local, nacional y del mundo. Escrita por Luferni, que no es un seudónimo sino un acróstico, esta colaboración forma ya parte del sello y estilo de este medio de comunicación.

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