`Cuando hay amor no hay muerte, no hay ausencia y no hay olvido.'
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QUERIDA ANA:
El próximo día 29 será el aniversario de la partida de mi mamá al encuentro con Dios Nuestro Señor, y yo sé que es mucho pedirle porque faltan muy poquitos días para eso, pero quisiera suplicarle el favor de que, si puede, publique una cartita que le mando a mi mamá, que estoy segura va a leer, porque ella todos los días leía las cartas que usted publica en su columna, y desde allá, por ser mi carta para ella, va a leerla.
Mi mamá fue una "fan" de usted y la admiraba mucho, un día me dijo que le hubiera gustado mucho conocerla. Se fue sin poder hacerlo, pero seguramente desde el cielo ella la conoce ya. Ella fue una mujer muy amorosa y de siempre, dedicó todos sus esfuerzos y cariños a su familia: madre, padre, hermanas, sobrinos, nosotros, sus dos hijos, y demás. Desafortunadamente no tuvo tiempo de conocer aquí a sus nietos, pero he sentido que también desde el Cielo, los cuida y protege como lo hubiera hecho aquí si viviera.
Quise escribirle esta carta, aunque no es el primer aniversario de que se nos fue, porque de pronto sentí la necesidad de decirle una vez más lo que la extraño y lo que la amo. Este ha sido un año difícil para mí, y tal vez por eso estoy más sensible y por eso me he atrevido a pedirle este favor.
Espero con esto no interferir en su trabajo, sé que en los periódicos se vive o se trabaja muy aceleradamente y que mañana es hoy, y si no está en su mano publicar mi carta, yo lo comprenderé y de ninguna manera pensaré que no quiso hacerlo.
Tiene usted también mi admiración y mi respeto por su trabajo tan digno de elogio, porque seguramente algunas veces el desvelo es parte del mismo, pues por su sensibilidad, que es palpable en todas sus respuestas, los problemas que le plantean le quitan el sueño.
Reciba mis mejores deseos de salud y bienestar para el próximo año y para muchos más, que ello redundará en beneficio de nosotros, todos sus lectores, porque aunque no seamos quienes le escriben, sus consejos y orientaciones siempre nos nutren el espíritu y nos ayudan a veces a tomar conciencia de algunas circunstancias que vivimos o a mantenernos en el camino de la vida.
Dios permita que continúe por muchos años haciendo su trabajo en beneficio de los muchos que leemos diariamente su columna.
Un abrazo afectuoso.
ISA
QUERIDA ISA:
Por fortuna mi editor me dio la oportunidad de incluir tu carta en la fecha que me pides publique, así que con gran satisfacción y agrado te doy respuesta y quiero decirte que heredaste de tu mamá esa sensibilidad y ternura que dices siempre fueron sentimientos que ella tuvo hacia toda su familia. Y es una gran pena que no hubiera podido derramar sobre sus nietos esa calidez y cariño que fueron el distintivo de su vida. Pero el recuerdo que dejó en todos ustedes y, como dices, la seguridad de que ella continúa con su amor, protegiéndolos, los acompañará siempre.
No quiero terminar sin decirte, antes de incluirtu carta, que no merezco en lo absoluto todos tus elogios, hago mi diario trabajo con todo el sentimiento de servicio que también aprendí de mi madre y principalmente con la ayuda de Dios, al que siempre, al comenzar mi labor, pido su inspiración y dedico mi labor.
Gracias por tus buenos y cariñosos deseos. Los retorno para ti y tu familia con mucho afecto.
ANA
QUERIDA MAMITA:
Hoy se cumple un año más de tu partida. Me siento en el sillón donde solías sentarte tú a tejer y a bordar, a conversar con nuestros parientes, con tus amigas y con mis amigas, y en mi mente se amontonan los recuerdos. Te veo con tu ropa sencilla y siempre pulcra, con tus lentes de aro de carey, en cuyos vidrios se reflejaba el sol de la tarde. Siempre me gustó verte así. Tras los vidrios se miraban tus hermosos ojos café, tan grandes y tan expresivos, que nunca se cansaron de su diaria labor que tanto disfrutabas.
Recuerdo aquellas maravillosas y tranquilas tardes en las que mientras tú tejías o bordabas, yo leía en voz alta los libros de "capa y espada" que tanto te gustaban. Como a las cuatro o cinco de la tarde -casi todos los días- llegaba tu amiguita Judi, tan querida por todos nosotros, -y que siempre dijo que para ella nuestra casa era su "Betania"-, y en unión de Ade, nuestra compañera de la casa, reíamos con todas las historias que tu amiguita nos contaba. Luego pasábamos a la cocina, donde siempre ha sido el sitio acogedor donde se recibe en nuestra casa, a tomar café recién hecho, con galletitas que Ade sacaba del horno en ese momento. ¡Cuántos recuerdos tan sencillos pero tan hermosos y queridos!
Te fuiste, pero sigues aquí. Porque cuando hay amor no hay muerte, no hay ausencia, no hay olvido, y en mi corazón y en mi recuerdo tú nunca te has ido.
TU HIJA