Ambivalencias virtuales

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Opinión
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Se habla de carrilla y hostigamiento en los trinos del Twitter y en las caras y textos del Facebook.

Hay también circulación valiosa y humanizante. Las redes envolventes tejen los múltiples hilos de la comunicación. Se presenta inmediata, breve, ágil, veloz,  Nunca los datos habían tenido la capacidad que tienen ahora de vencer distancias y lograr cercanías.

Tiene ese laberinto todos los riesgos y todas las oportunidades. Se cae en nuevas adicciones que causan males físicos y psicológicos. En  distracciones y evasiones de trabajos y responsabilidades. Se facilita tanto el veneno como la medicina. Puede haber perversidad y abuso como generoso compartir desinteresado. Las influencias óptimas y las perniciosas tienen ahora una supercarretera cibernética.

Hay una plaza pública. Se multiplican los Speakers' Corner parecidos a los del Hyde Park Londinense en que cualquiera puede subirse al estrado y perorar a los presentes. La red es como una ciudad en que lo mismo hay templos que burdeles, bibliotecas que cantinas, mercados saludables y buhardillas de vicio. La ilumina una admirable ética de la comunicación y la oscurece el atropello de todas las privacidades por constantes asaltos y allanamientos.

En ella se practican piraterías y sustituciones de identidad.El cibernauta disfruta de las gratuidades que se comparten. No hay lucro ni avidez sino amigable esplendidez. Pero puede también ser víctima de fraudes y de contaminaciones demoledoras. En esas ambivalencias de riesgo y satisfacción, utilizando todas las defensas disponibles, se da, cada día, el tráfico multitudinario de idas y venidas

En los eventos deportivos, festivos, culturales, el espectador dirige su vista a la minipantalla de su celular y disfruta de todos lo ángulos de enfoque y lo mismo capta el gesto de un jugador que contempla una toma panorámica del estadio, hecha desde las alturas del helicóptero transmisor. Se entera, en el momento en que sucede, del tiroteo  en colonias lejanas, por los  videos de sus amigos que andan por ahí.

Los jóvenes principalmente, con tecleo de dos pulgares, se intercomunican con constantes interrupciones. Salpican con ellas toda la jornada. Los más diestros e informados, con tecnología de punta, empleando las últimas generaciones en la telefonía celular, en las tabletas, las computadoras portátiles o de gran pantalla, utilizan modernos recursos para hacer llegar, a sus empresas, sus directivas, desde la lejanía.

Es admirable el empleo de la red en la evangelización y en la política. En este organismo colectivo que da acceso, poco a poco, a todo lo conocido, se han dado ya derrocamientos de tiranos y organización de indignaciones. También la Buena Noticia destella por las redes. Pero siempre será necesario el testimonio de vida que hagan creíbles a los creyentes...


El autor de Claraboya, quien ha escrito para Vanguardia desde hace más de 25 años, intenta apegarse a la definición de esa palabra para tratar de ser una luz que se filtra en los asuntos diarios de la comunidad local, nacional y del mundo. Escrita por Luferni, que no es un seudónimo sino un acróstico, esta colaboración forma ya parte del sello y estilo de este medio de comunicación.

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