Justicia poética
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"Además una cosa: /El poeta está ahí /Para que el árbol no crezca torcido. //Este es nuestro mensaje. /Nosotros denunciamos al poeta demiurgo /Al poeta Barata /Al poeta Ratón de Biblioteca. / Todos estos señores /-Y esto lo digo con mucho respeto-/Deben ser procesados y juzgados /Por construir castillos en el aire /Por malgastar el espacio y el tiempo /Redactando sonetos a la luna /Por agrupar palabras al azar /A la última moda de París. //Para nosotros no: /El pensamiento no nace en la boca /Nace en el corazón del corazón.." Extracto de "Manifiesto", poema de Nicanor Parra.
La fiebre puede leerse como una fuerza de choque que responde a un ataque infeccioso en el interior del cuerpo humano, por ejemplo. En el mundo macro -para nosotros macro, para las estrellas es micro-, las manifestaciones de los indignados en todo el mundo, de los grupos ambientalistas y de otras agrupaciones de defensa de derechos humanos, son una respuesta al poder sin cortapisas que han ejercicio los estados modernos y los monopolios empresariales.
Esta diversidad de grupos, juzgados por su crudeza a veces, por el extremo de sus acciones o por la radicalidad y por lo absoluto de sus ideas, no es más que la respuesta orgánica natural al grado de abuso presente, que si bien no es la única forma de operar, sí se ha destacado por el uso asfixiante de una lógica de compadrazgo y de poder heredado entre familias con intereses similares.
La poesía es un ámbito de expresión que a través del tiempo ha sido parte de la corte laudatoria de los poderosos, muchas veces patrocinada por mecenas o por un poder político y eclesiástico real, pero también a lo largo de su historia, ha mostrado una vena irreverente de voces que navegan en su propia independencia.
En el actual contexto de inseguridad, quien escribe en contra de regímenes de poder, se expone literalmente. En este caso quiero destacar el valor de un poeta que ha asumido el compromiso con la parte más dolorosa que resulta del abuso del poder. Eduardo Ribé es su nombre. Y en este punto es importante, querido lector, que sepa, si no ha leído la obra de Ribé, que él no ha asumido la crítica del poder dentro de su poesía porque ahora forme parte del movimiento Indignados Coahuila; es parte de su vena literaria que ya había quedado impresa en el pequeño poemario "Divagatorio", publicado por la editorial independiente Versodestierro, es decir, no es la primera vez que mezcla la narración de la esfera social y erótica. Suyo no es el oportunismo, es fidelidad a su escritura, que es lo mismo solidaridad con la mayoría o valor ataviado en un traje literario de veras audaz.
Hace más de un año, en este mismo espacio, hablé de este poeta que retornó a su ciudad natal, pues lo escuché en una poderosa lectura que realizó en el Instituto Coahuilense de Cultura al lado de dos escritores que radican en Saltillo: Julián Herbert y Alberto Silva "July". En su participación quedó evidencia de su dominio del escenario -arrasó- y la contundencia de su voz. Insistió en su deseo: que la poesía retorne a sus orígenes.
Eduardo Ribé ahora es parte de un movimiento que diagnostica a nuestra sociedad, y es evidente que dentro del juego de poderes, la fuerza de rebelión de esta poesía es un signo que hace eco del malestar general. Y vuelvo a la comparación: los movimientos sociales representan una reacción igual o mayor como respuesta a una fuerza que ejerce presión.
Ya algunos historiadores han dicho que la poesía sirve para medir el ánimo primerísimo de una sociedad, de forma mucho más cercana y fidedigna que todos los documentos oficiales y comunicados tamizados por la génesis de su propio nacimiento.
Así, Eduardo Ribé, desde su particular poética le toma el pulso a la sociedad. No se anda por las ramas de la evocación o el velo; su escritura es directa. Fuerza y vida, poeta. claudiadesierto@gmail.com