Hora cero
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En Saltillo los concesionarios se ven como un activo del PRI, pero si se analiza bien, son un pasivo
Los habitantes de Saltillo estamos virtualmente secuestrados, como si no fuera suficiente con la inseguridad, la ciudad enfrenta a otras organizaciones con perfiles casi delictivos, los concesionarios del transporte urbano.
Más de 300 mil saltillenses usan diariamente el trasporte público y engrosan, poco a poco, las cuentas bancarias de los concesionarios, pero no son ellos las únicas víctimas del pésimo servicio, todos somos rehenes de quienes pretenden erigirse como máxima autoridad en materia de transporte y marcar directrices siempre en su beneficio y en detrimento de quienes aquí vivimos.
El viernes 21 de enero el alcalde Jericó Abramo Masso presentaría en rueda de prensa el proyecto de modernización del transporte urbano de Saltillo, no pudo hacerlo, los concesionarios reventaron el evento y frenaron una vez más el proyecto, así lo han hecho desde enero de 2010.
Originalmente se contemplaba la reestructuración de rutas y la licitación de concesiones para la prestación de un servicio de calidad, los transportistas se opusieron; una nueva versión del proyecto incluía la participación de los concesionarios y el otorgamiento de un crédito con el aval del Ayuntamiento para la adquisición de unidades; esa propuesta tampoco les gustó, ahora pretenden eliminar las rutas troncales. En los hechos los transportistas han acotando el proyecto a su conveniencia, manteniendo siempre bajo amenaza a la autoridad Municipal.
Pero, ¿Por qué tienen tanto poder los grupos de concesionarios? ¿De dónde surgen estas agrupaciones mafiosas? ¿Cuál es su estandarte y cuáles sus amenazas? Durante la década de los 70, el Ayuntamiento entregó concesiones para la prestación del servicio de transporte, así nació una nueva casta política: los concesionarios. Los criterios para otorgar estos permisos fueron el compadrazgo, el amiguismo y la militancia en el Partido Revolucionario Institucional. Las concesiones no se asignaron bajo parámetros de eficiencia, mejor servicio y menor costo, tampoco fueron las mejores personas quienes las obtuvieron y no los animaba el cumplimiento de los mejores fines.
Al paso del tiempo, como en la mafia, un grupo de familias se hizo del control de los sindicatos de transportistas y adquirió un buen número de concesiones, son esas mismas familias quienes mantienen a la autoridad Municipal y a la ciudad bajo la amenaza de paro en el servicio.
Su estandarte ha sido la militancia partidista, en su lógica una autoridad emanada del mismo partido al que ellos están afiliados, debería autorizarles siempre el incremento en las tarifas y no molestarlos con proyectos de modernización y mejora. Lo creen así porque así había sido siempre, hasta ahora que la autoridad municipal decidió asumir su responsabilidad.
Los concesionarios se ven como un activo del PRI, pero si se analiza a fondo el tema, más bien son un pasivo. Al Revolucionario Institucional le vendría muy bien liberarse de ese lastre y la mejor coyuntura para hacerlo es la presente.
Es digno de reconocimiento el valor que muestra el alcalde Jericó Abramo frente a las mafias de concesionarios, su posición debe ser respaldada por los habitantes de Saltillo.
Lo que hoy está en disputa es quién tomará las decisiones, los transportistas como había venido ocurriendo o la autoridad municipal como debería ser. Es importante que en la negociación no se pierda lo más por lo menos, no se pierda la rectoría en materia de transporte y la verdadera mejora del servicio, a cambio de la participación de los concesionarios en un proyecto a su medida.
hmedinaf3@gmail.com