Gordo que da risa, flaco que da lástima

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Opinión
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Las abuelas solían considerar a la gente obesa como "muy sanota".

Seguramente la idea de una constitución robusta les reforzaba la noción de que eran, los entrados en carnes, organismos muy resistentes al esfuerzo y a las enfermedades.

Hoy sabemos que no es cierto, que de hecho el sobrepeso está asociado con las enfermedades que son las principales causas de muerte en países mediana y completamente desarrollados.

Así que no podían estar más equivocadas las venerables damas de antaño, cuando celebraban con un pellizco de mofletes la rolliza humanidad de sus nietos.

Ahora que, estar escuálido, tampoco es sinónimo de gozar de una salud cabal. La modernidad nos trajo horrendos hábitos de sobrealimentación, pero en contraste nos impuso unos estándares estéticos absurdos, por los cuales muchas anoréxicas se han inmolado en el altar de la moda.

En este país de la incongruencia, mientras un segmento de la población está postrado por alguna enfermedad relacionada con los excesos, hay otros mexicanos padeciendo hambruna.

Coahuila pertenece al primer grupo, al de las lonjas, la papada y la hebilla escondida, por ende somos una población propensa a la diabetes, la hipertensión y cualquier tipo de colapso vascular.

El Gobierno del Estado, siempre tan preocupado por nuestro canijo bienestar, promueve un programa que nos invita a mejorar nuestra fofa anatomía.

 Con el nombre de Mídete, Nútrete, Actívate, el Gobierno nos invita a vigilar nuestro peso, a mejorar en cantidad y calidad lo que nos metemos por la bocota y a involucrarnos en alguna disciplina física.

El propio gobernador Rubén Moreira se ha comprometido a dejar de entrarle tan duro a los de cachete para adelgazar el corpachón que se carga y así -si mis informes son correctos- lo veremos perder lentamente, en sus dos primeros años de gobierno, 20 kilos de su gubernamental humanidad, misma que ya se apresta a pasar de más a mejor.

En el arranque de este programa, don Rubén pintó al sobrepeso como el peor criminal al que pudiéramos enfrentarnos los coahuilenses. Todo lo malo que antes le atribuyó al presidente Calderón, Moreira Valdez se lo adjudicó ahora al pésimo estado de salud en que en general nos encontramos.
Y quizás tenga razón y sean las enfermedades relacionadas con la gordura las que hacen caer a los coahuilenses como moscas, pero no constituyen necesariamente la amenaza que más nos roba la tranquilidad.

Admitámoslo, nos preocupa mucho más morir abatidos en un fuego cruzado, que lenta y dolorosamente por las complicaciones de la diabetes tipo dos. Así es, aunque el segundo escenario sea estadísticamente más plausible.

Como estrategia gubernamental, la campaña Mídete, Nútrete, Actívate, no está exenta de méritos. Para un Estado como Coahuila, endeudado hasta el copete, este programa apenas significa alguna erogación y reditúa dando de qué hablar. Habremos de acostumbrarnos a estos golpes efectistas, ya que no hay dinero para hacer un alarde del ejercicio presupuestal como en el sexenio anterior.

De regreso al programa, de las tres palabras que conforman su nombre, me gusta la primera: "Mídete", pues nos remite a dos significados. En un sentido es una invitación directa a medirnos los centímetros de circunferencia; en el otro nos insta a ser moderados.

El Gobernador tiene la consigna de adelgazar su rechoncha complexión, pero además se ha propuesto adelgazar el gasto público a extremos irrisorios.
Si en la pasada administración se derrocharon millones de pesos, en la presente se cicatean los centavos.

El reflejo de esto es palpable en las oficinas públicas, a las que el Gobernador no les ha restringido el oxígeno nomás porque ese viene gratis en cada bocanada de aire.

En muchas dependencias se dejó de comprar papelería, plumas y otros insumos básicos para el trabajo de escritorio. Ahora cada empleado debe procurárselo de su bolsillo.

En otras se optó por abatir el gasto energético: el uso de elevador está restringido, la iluminación está por debajo de lo indispensable, el uso de cualquier sistema de clima artificial es un sueño prohibido, sin importar que las condiciones meteorológicas sean extremas.

Las máquinas expendedoras de bocadillos y bebidas han sido retiradas sólo por la electricidad que consumen. En numerosas dependencias hay teléfonos cortados y ni qué decir del servicio de internet.

Pero las condiciones laborales de plano rayan en lo degradante cuando los baños en las oficinas públicas rara vez tienen agua y ya nunca -por decreto- son dotados de jabón o papel (háganle como puedan).

Una cosa -que hasta encomiable resulta- es cuidar el gasto y meter orden en los recursos públicos, pero someter al organismo burocrático a una dieta de faquir nomás porque el mandamás que nos precedió hizo de su sexenio una bacanal, es francamente chapucero e indigno.

Pasar del orgiástico despilfarro a una austeridad rayana en lo paupérrimo no significa que hayamos aprendido la lección y ahora sepamos moderarnos, mesurarnos, medirnos. Sólo significa que los excesos del pasado no nos dejaron otra opción.

Y así como no es deseable ni saludable estar pasado de peso, tampoco lo es estar seco y exangüe. Uno y otro extremo siempre conducen a fatales desenlaces.

petatiux@hotmail.com

Columna: Nación Petatiux

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