Criterios injustos

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Opinión
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En su tradicional discurso al inicio del año a los miembros de la Inspectoría General de Seguridad Pública en el Vaticano, el Papa Benedicto hizo referencia a su mensaje para la Jornada Mundial de la Paz que se celebró el 1 de enero, titulado "Educar a los jóvenes en la justicia y la paz".

Al respeto y con el objetivo de clarificar algunos conceptos, el Papa explicó que "la justicia no es una simple convención humana. Cuando, en nombre de una presunta justicia, predominan los criterios de la utilidad, del provecho y del tener, se puede llegar a pisotear el valor y la dignidad de la persona".

 "La justicia -prosiguió- es una virtud que encamina la voluntad para que dé al otro lo que le corresponde en razón de su ser y su obrar. Del mismo modo, la paz no es la mera ausencia de guerra o el resultado de la acción de los seres humanos para evitarla; es, ante todo, un don de Dios que hay que pedir con fe y que encuentra en Jesús el camino para alcanzarla".

El Papa Benedicto resaltó que "la paz verdadera, además, es una obra que se debe construir diariamente con la aportación de la compasión, la solidaridad, la fraternidad y la colaboración de cada uno".

La opinión pública observa que las justicias entre comillas aparentan equidad pero los criterios que se aplican no se asientan en el respeto a la persona humana sino en una oculta y voraz codicia. Es una gran multitud la que no recibe lo que le corresponde, empezando por los bienes básicos de alimento, trabajo, educación, vivienda, indumentaria y salud.

La economía deshumanizada padece las crisis causadas por su propia voracidad. Es como una serpiente que devora su propia cola. Genera desigualdades crecientes y todas las excelencias y las abundancias, concentradas y excluyentes, parecen asentarse en el despojo y la desprotección de las mayorías.  

Por eso surge la indignación frente a las carencias legislativas, las leyes incompletas, las normas no respetadas, la ausencia de denuncias y las sanciones evadidas en una impunidad generalizada.

Las falsas justicias apoyadas en criterios injustos, como lo dice el mensaje pontificio, atropellan la dignidad de las personas y acaban acentuando la inequidad. Si una sociedad no es justa su riqueza será acaparada, su crecimiento no será orgánico sino tumoral, su progreso no será unánime sino contrastante.

Con adelantos de última generación en algunos y rezagos en multitudes. Una verdadera justicia ha de apoyarse en criterios justos que respeten lo que, por su dignidad, corresponde a las personas humanas...    


El autor de Claraboya, quien ha escrito para Vanguardia desde hace más de 25 años, intenta apegarse a la definición de esa palabra para tratar de ser una luz que se filtra en los asuntos diarios de la comunidad local, nacional y del mundo. Escrita por Luferni, que no es un seudónimo sino un acróstico, esta colaboración forma ya parte del sello y estilo de este medio de comunicación.

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