`No hay ningún trabajo o ninguna persona por la cual valga la pena suicidarse.'
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QUERIDA ANA:
Dentro de una semana se cumplirán seis meses de que mi esposo, de 34 años de edad, decidió que no valía la pena seguir viviendo. Una tarde, cuando regresaba del trabajo, lo encontré muerto. Nunca podrá imaginar nadie la terrible impresión que me llevé, y de inmediato le agradecí a Dios que no hubiera estado conmigo mi hijo mayor que tiene siete años.
Mi esposo nunca pareció estar deprimido en los ocho años que estuvimos casados. Debo admitir que era un hombre retraído y no muy comunicativo, pero yo, como esposa, me habría dado cuenta. Solamente como unas tres semanas antes de la tragedia, lo noté triste y pienso que tal vez deprimido. No hablé con él de eso porque no pensé que era tan serio. Solamente le pregunté qué le pasaba y me dijo que nada, que no me preocupara, que estaba bien. Y yo ya me tranquilicé y ya nada dije ni hice.
Espero que Dios me ayude a recuperarme de esta terrible tragedia. He sido siempre una mujer positiva y fuerte, pero me preocupan mis hijos. Mi hijo pequeño, que tenía un año y diez meses cuando mi esposo falleció, tiene pocos recuerdos de él y tal vez lo olvide pronto, pero el mayorcito, que tenía casi 7 años, todavía llora y me pregunta por qué se fue su papi. A él no le hemos dicho la verdad.
Algún día lo haré, pero lo haré cuando esté algo mayor y pueda asimilar el asunto. Los padres de mi esposo están todavía desolados.
Creo que nunca van a reponerse. Solamente quien desgraciadamente haya pasado por esto, puede siquiera imaginar lo que ellos sintieron y nosotros también. Y puedo abarcar a toda la familia, pues también han sufrido mucho sus hermanos y sobrinos y primos y hasta los amigos. Mi suegro me preguntaba llorando: "¿En qué fallamos?".
Por favor Ana, publique esta carta para que la lea mucha gente y sepan que si alguien por ahí está pensando en terminar con su vida debido a problemas de dinero, un desengaño amoroso, no tiene trabajo y todo lo trae en contra, está enfermo o tiene otro tipo de problemas, que por favor deje de pensar en su propia agonía y considere a sus seres queridos que dejará atrás. No hay ningún trabajo, ningún acreedor, ninguna persona por la cual valga la pena suicidarse.
Estoy asistiendo a terapia y mi hijo mayor también. Tengo la esperanza de que eso me ayudará a que algún día pueda superar esto.
Gracias. Continúe con su trabajo. Ya ve cuanta gente la necesitamos.
VIUDA TRISTE
QUERIDA VIUDA TRISTE:
Tengo la completa seguridad de que vas a superar la muerte de tu esposo, porque estás pensando en tus dos hijos y por ellos, principalmente, estás asistiendo a terapia. Nadie debe afrontar solo semejante dolor y pena. La ayuda de un buen terapeuta puede ser de valiosa ayuda en estos casos. Ojalá tus suegros también fueran a terapia, si es que no lo han hecho ya.
Por favor no pienses que le fallaste a tu esposo, y sus padres tampoco, nadie lo hizo. Las personas deprimidas algunas veces están sumergidas en tanta agonía, que no encuentran otra salida que ésa. Nadie es culpable de nada.
Reciban todos mi sincera condolencia por ésta tan grande pena. Los comprendo y elevo al Señor una oración por ustedes.
ANA
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QUERIDA ANA:
Mi esposa y yo tenemos un problema. Mi suegra tiene bastantes muebles antiguos muy buenos y le dijo a mi esposa que elija los que quiera para que se los lleve, pues pronto va a quitar su casa para irse a vivir a un departamento pequeño pues está sola y la casa que ahora tiene es muy grande. El problema es que ella vive a más de mil kilómetros de donde vivimos nosotros y quiere que vayamos por los muebles y ya pronto.
No tenemos dinero para rentar un tráiler y traer los muebles. Muchos de los muebles son reliquias de la familia y no queremos que se pierdan. Mi esposa es hija única y mi suegra no quiere que vayan a dar a otras manos. No sabemos cómo podemos traerlos, enviarlos o guardarlos indefinidamente, porque no tenemos suficiente dinero para eso. ¿Tiene alguna idea? Muchas gracias.
J. J.
QUERIDO J. J.:
¿Le han preguntado a su suegra si puede ayudar con el gasto? Si no puede, ¿hay alguien más de la familia que pudiera estar interesado en algunas de las reliquias familiares, y de esa manera financiar el envío de lo que corresponda a ustedes? Díganle a su suegra que pida a alguien que envíe fotografías de los muebles por internet, eso puede animar a alguien a comprar algo. Pregunten. Sería una pena perderlos pues esos recuerdos no deben terminar con desconocidos. Deseo que puedan resolver este asunto felizmente.
ANA