Peña, sin plan B

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Opinión
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Manuel Camacho Solís

(Coordinador del Diálogo por la Reconstrucción de México)

Quienes se encargan de la estrategia de Enrique Peña diseñaron un plan A para llevarlo a la Presidencia que les resultó exitoso para posicionarlo en las encuestas. Ese capital político les abría enormes oportunidades de hacerlo ganar. Su plan A descansaba en diversos supuestos que, conforme avanza el proceso electoral, no se están dando. Por lo pronto, sus estrategas no tienen un plan B y entre más avance la campaña se verá que el plan A no da para que Enrique Peña realice su sueño.

El plan A era hacerlo ganar mediante la construcción de una ventaja en el mercado político que fuera imposible de contrarrestar. Invertir en su reconocimiento, asociar su nombre a realizaciones de obras que le dieran credibilidad y no exponerlo a confrontaciones que lo desgastaran. Del resto se encargarían sus aliados políticos.

Podrían construirle una imagen en Estados Unidos; convencer al presidente Calderón de que, con él, no tendría problema; consolidar una alianza de gobernadores que sostuviera su estructura y alianzas empresariales que reforzaran su tesorería y le ayudaran en los medios. Las estrellas parecían alineadas en la misma dirección.

El plan A también descansaba en que sus competidores no podrían posicionarse. La izquierda muy difícilmente podría resolver unida su candidatura y su candidato tendría un balance de opinión que le resultaría muy difícil de remontar. El PAN no tenía candidato unificador y competitivo y difícilmente podría convertirse en una opción de cambio frente al agotamiento de sus 12 años de gobierno.

Con seguridad los radares de sus asesores más rigurosos ya detectaron los distintos arrecifes, rocas y bancos de arena que podrían detener el avance de su acorazado.

Los supuestos del plan A se están modificando. Su dominio casi hegemónico en los espacios de la comunicación se ve restringido por limitaciones legales, cálculo de los propios concesionarios y el potencial de disolución del control de la comunicación que significan las redes sociales. La izquierda persevera en resolver sus conflictos internos, cerrar heridas y construir puentes. El PAN ya escogió una candidata que le aglutina a su voto duro y es vista con simpatía por empresarios y por muchos en Estados Unidos.

El propio Enrique Peña, que ha sido tan disciplinado para cumplir con su papel mediático, se ha resbalado en varias ocasiones, alienado a líderes y sectores que estaban dispuestos a darle su apoyo o a acomodarse ante su inminente triunfo.

El temido proceso contra ex gobernadores o gobernadores del PRI, sin que siquiera se lleve a cabo, provoca desazón, temor y lo coloca una y otra vez a la defensiva.

El espacio norteamericano no termina de sonreírles. El gobierno logró sembrar la duda sobre las relaciones entre algunos políticos del antiguo régimen con las organizaciones criminales. Ya hay otra opción confiable para el statu quo,la candidata del PAN, con su cara amable. La candidatura de AMLO será receptáculo de la inconformidad con el gobierno.

El procesamiento de las candidaturas del PRI no deja de ser traumático y genera enojo, sobre todo cuando no se cumplen los acuerdos o se aprecia que no se escoge a los mejores, sino a los más cercanos.

Peña ya no tiene la posibilidad de montarse en la bola de nieve. Inevitablemente tendrá que debatir y exponerse en espacios de comunicación no controlados. Tendrá que medirse con Josefina y AMLO. No puede controlar la información de las redes sociales. Habrá dejado inconformes con las decisiones de las candidaturas a varios políticos con peso, opinión y cercanía.

Le costará votos la presencia de Josefina por su empatía con las mujeres y las familias. Le apretará en serio la credibilidad de AMLO en relación con el combate a la corrupción y en favor de la justicia. Lo pondrá muy nervioso que su ventaja en las encuestas se empieza a achicar. Si el plan A está dejando de funcionar, sus asesores buscarán el plan B. No está a la vista. Cruzarán los dedos para que la inercia sea suficiente.




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