Evitar confusiones

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Opinión
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La Cámara de Diputados de nuestro país lo hizo.

Aprobó un cambio al Artículo 24 de la Constitución. La intención es ampliar la libertad religiosa para todos los ciudadanos, creyentes y no creyentes. El texto ahora está en el Senado para ser ratificado, modificado o congelado.

Algunos reducen la libertad religiosa a libertad de creencias y prácticas culturales. Eso ya está reconocido en nuestras leyes. En realidad esa libertad debe abarcar también la libertad de expresión, de manifestación y de conciencia entre otras cosas.

La modificación no supone un gran avance ya que parece querer limitar la obligación de predicar lo que es conforme a la fe y denunciar lo opuesto, sobre todo en tiempos electorales.

No se pretende privilegiar a ninguna iglesia sino beneficiar a todas. Tampoco se pretende con la modificación atentar contra el Estado laico ni contra la separación entre Iglesia y Estado. Sólo el Estado laicista es antidemocrático y dictatorial porque impone una sola forma de pensamiento y de acción. El verdadero Estado laico es respetuoso de las opciones de los ciudadanos en materia religiosa. Siempre es saludable y bienvenido. No hay riesgo de que se quiera imponer una religión de Estado a la ciudadanía

En Estados Unidos se está intentando imponer a las instituciones religiosas de salud el que ofrezcan anticonceptivos y abortos, atentando contra la objeción de conciencia. Desde su fe, cualquier ciudadano o comunidad de creyentes tiene el derecho de opinar y proponer. Cuando una cultura pretende suprimir la dimensión a la verdad trascendente, se empobrece y "se convierte en presa fácil de una lectura reduccionista y totalitaria de la persona humana y de la naturaleza de la sociedad", alerta el papa Benedicto.

Después de estas sólidas reflexiones, Felipe Arizmendi Esquivel. Obispo de San Cristobal de las Casas, dice a los señores senadores: "Defiendan la laicidad del Estado pues un Estado confesional estaría fuera de época. Analicen las propuestas con apertura de mente y de corazón sin contaminar su decisión con prejuicios de hechos pasados de nuestra Iglesia, que ya no corresponden al presente. Reconocemos excesos en otros tiempos, ahora ya rebasados. Se pide libertad religiosa amplia y verdadera para todos. Conozcan otras legislaciones y experiencias. Compartan nuestras leyes con los tratados ratificados por el propio Senado. No coarten ni limiten un derecho humano".

Se requiere evitar confusiones y dejar claro lo que significa una dimensión esencial de eso que todos queremos disfrutar responsablemente: la libertad para vivir plenamente lo que se cree, respetando la fe de los demás...


El autor de Claraboya, quien ha escrito para Vanguardia desde hace más de 25 años, intenta apegarse a la definición de esa palabra para tratar de ser una luz que se filtra en los asuntos diarios de la comunidad local, nacional y del mundo. Escrita por Luferni, que no es un seudónimo sino un acróstico, esta colaboración forma ya parte del sello y estilo de este medio de comunicación.

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