Perro copetudo vale por dos
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Carolina Rocha Menocal
Ojos que no ven corazón que no siente y si no siente, querido lector, pues no compra, no vende, no vota. Sí, esta perla del conocimiento me cayó como una iluminación luego de intensas discusiones conmigo misma acerca de las posibles formas de encontrar un nuevo hogar para Carolo.
Mi cachorro es bello, juguetón, entrón y besucón pero la existencia en un espacio con más perros que humanos es peor que navegar con bandera conciliadora entre tribus perredistas en plena distribución de candidaturas delegacionales. Y en el sureño hogar compiten por el territorio 5 canes, la que escribe y Oti, cuya cocina es sagrada e impenetrable para propios y ajenos.
Por ello, desesperada, su Adelita llegó a la conclusión de que para colocar al canito en el mercado debía diseñar una estrategia infalible.
A partir de ahí, un nuevo reto: cómo empaquetar al mentado perro de forma a conquistar corazones y obnubilar razones. No es por intrigar, pero los cachorritos tienen esta capacidad de enamorar a primera vista, pero a segunda, tercera y cuarta, como que sale el peine.
Que si es muy chillón, que si es un perro `mión', que si no muestra el más mínimo respeto por la autoridad, que si destroza, que si masca zapatos y que si esto y que lo otro y, que en cosa de dos minutos la familia en potencia te dice que siempre no quiere al cachorro y que ¡Ay' palotra!
Imagino que en la `casa del triunfo', la `casa amorosa' y la `casa del peñón de los guapos' enfrentan los mismos dilemas para promover a sus candidatos, pero ni modo de contratar al peligrosísimo Antonio Solá y sus guerras sucias, a Ana María Olabuenaga y sus totalmente mexiquenses contendientes o a los cineastas Luis Mandoki y Epi Ibarra para que me indiquen cómo colocar al Carolo que no compite por un hostal de 6 años sino por domicilio definitivo.
O sea que el campanazo estratégico llegó gracias a un reportaje de la cadena de televisión estadounidense CBS. Muy ávidos ellos en innovar su cobertura del Supertazón presentaron un estudio que demuestra que el peinado cuenta. Ajá, ponga usted que así como en la forma de agarrar el taco está el tragón, pues en la forma de mostrar copete, el ganón.
"Los científicos no saben por qué tenemos pelo, pero los expertos coinciden: nuestro cabello es todo menos superficial. Estudios demuestran que el pelo afecta cómo los demás nos perciben, para bien y para mal". Así mero, querido lector, no crea que le estoy tomando el pelo o que la teoría está jalada de los pelos.
La psicóloga Marianne LaFrance, de la universidad de Yale (la mismita escuela que graduó a nuestro docto Dr. Ernesto Zedillo) puso a prueba la hipótesis: un mismo rostro, diferentes peinados y ¡zas! distintas perspectivas sobre el nivel de inteligencia, riqueza, simpatía y hasta afabilidad del personaje analizado.
Ñaca ñaca, que tal que lo del copete mexiquense es psicología pura y uno pensando que el luk del candidato priísta es cosa incidental, por no decir un acto de brutal y absoluta frivolidad.
Por ejemplo, la doctora LaFrance ponderó que el peinado de Eli Manning el Quarter Back triunfador, y cuyo peinado es la ausencia de este, revela a un hombre `infantil, resistente y sangre azul'; mientras que Tom Brady, mucho más prendidito y cuidado en lo que a la tatema se refiere, es "seguro, meticuloso y deliberado".
El contraste de estos dos jugadores es tan marcado como el existente entre el del "gel no se te mueve ni un pelo" y el estilo "te lamió un perro en la frente" que vienen manejando nuestros candidatos masculinos a la Presidencia de la República. Intuyo que la Dr. Goodman, autora también del libro `Labios: la sonrisa para la vida, la muerte, la confianza, la mentira, el trabajo, el sexo y la política' recomendaría a uno relajar el copete por aquello de la percepción de estrechez de mente y al otro domar sus gallos no vaya a ser que en locuacidad se piense.
Por el lado de la dama del buen vestir, su cabellera podría ser su arma secreta: un peinado para cada ocasión. Josefina relamida, Josefina audaz, obediente y libertina.
Eso sí. Otro estudio de la misma autora revela que las mujeres que sonríen de más, en política, pueden presentarse como superficiales, pero las que no lo hacen como insensibles y el botox, dice la doctora, perjudica.
Pero su Adelita ya viajó hasta julio y la salida de Carolo ha de ser en periodo de precampaña, si no es que mañana. Le compré un shampoo para cabello sedoso y una cera con brillo invisible. Descarté un corte de pelo, pues a menos de que lo convierta en perro lampiño, ni como cambiarle el estilo. La Oti dice que le arregle un copete. Pero no me decido. No vaya a ser que el copete valga por dos o peor aún que me salga el tiro por el copete.