La boleta del 2012
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Alberto Aziz Nassif
Con la elección de Josefina Vázquez Mota queda prácticamente lista la boleta de la elección presidencial de 2012, sólo falta saber qué decidirá Nueva Alianza, pero de cualquier forma sería sólo una candidatura testimonial. La elección de las candidaturas a la presidencia deja una gama de métodos y culturas. En esta ocasión los tres partidos importantes definieron ya su opción: uno mediante encuestas (AMLO), otro por autopostulación (Peña) y el último por elección (Josefina). Vázquez Mota es la quinta mujer que compite por la presidencia (antes fueron Rosario Ibarra, Marcela Lombardo, Cecilia Soto y Patricia Mercado), pero ella es la primera que lo hace desde uno de los partidos con posibilidad de ganar.
En cada proceso hay signos que marcan, gestos que permanecen, frases que no se olvidan. Las contiendas internas dejan, sobre todo, heridas, divisiones y cicatrices. En la izquierda los pleitos internos son legendarios, pero ahora hicieron un proceso que los dejó sin raspones; en el PRI la designación de Peña fue contundente, pero después llegaron reacomodos y rupturas importantes con la salida de Moreira y la separación con Gordillo. En el panismo se dio una pugna fuerte entre el calderonismo que apostó todas sus cartas por Cordero y la candidatura de otros grupos que apoyaron a Josefina. En la contienda panista hubo de todo: denuncias, acarreos, compra y coacción, inconsistencia en el padrón. Pero al final de estos procesos lo importante es la cicatrización tras la batalla. El reparto de posiciones y candidaturas son un bálsamo que ayuda a la curación.
Desde que hay alternancia y desapareció el "tapado" ha habido dos experiencias. En la memoria quedan las mañas que usó Fox desde la Presidencia para dejar fuera a López Obrador en 2005 y el papel activo para desacreditarlo en la campaña, esa fue su obsesión; en el frente interno protegió a Creel y golpeó a Calderón. Felipe Calderón abrió dos frentes, en el externo ya empezaron a circular los expedientes judiciales, pero Calderón también abrió un frente interno muy potente y en la precampaña hizo un alineamiento del gobierno en torno a la candidatura de Ernesto Cordero, que le garantizaba continuidad de tiempo completo. En los dos casos se repite la derrota de la candidatura de Los Pinos. El grupo compacto calderonista no pudo sacar adelante su carta, Cordero se quedó 15 por ciento debajo de Josefina, 53.9 por ciento contra 39.9 por ciento. Un triunfo muy anunciado, pero había dudas sobre el tamaño del operativo calderonista. La distancia se redujo a 15 puntos y Creel casi se quedó al margen con lejano 6 por ciento.
La distancia permitió que la misma noche del domingo 5 de febrero se tomara la foto de la reconciliación panista, los dos perdedores le levantaron la mano a la triunfadora y ella apareció entre Calderón y Margarita Zavala. Ahora el panismo apunta baterías en contra del puntero, Peña Nieto y el PRI, como el nuevo objetivo a vencer. Con la definición panista empieza otra fase de la sucesión, pero, con los nuevos tiempos y etapas de la contienda electoral, habrá que esperar hasta abril para el inicio formal de campañas. Las semanas que quedan serán estratégicas para el reacomodo en las intenciones del voto. El puntero hará lo posible por no bajar mucho, pero la parte más activa la tendrán López Obrador y Josefina para ubicarse en segunda posición y convertir la sucesión en una contienda entre dos candidatos.
En el prólogo de la sucesión presidencial hay humores que presagian una historia similar a la del 2006: un panismo beligerante que jugará con todos los instrumentos para conservar el poder. Así como no le importó hacer guerra sucia en 2006, ¿le importará en 2012 usar la justicia para fines electorales, o poner a trabajar la maquinaria del gobierno en favor de un candidato? Lo que tanto criticó y padeció del priísmo, ahora lo reproduce desde el poder.
La estrategia de los candidatos -pronto oficiales- apunta a presentarse dentro del resbaloso tema del cambio como discurso, pero acompañado de dos ingredientes: continuidad y regresión. Desde la oposición hay dos propuestas: "cambio verdadero" de AMLO y recuperación de la gobernabilidad por parte de Peña; desde el partido gobernante es la continuidad para evitar el regreso del PRI. ¿Qué significa continuidad del panismo tras dos sexenios? Seguir por la ruta de estancamiento estabilizador, flexibilizar más las condiciones de trabajo, no combatir monopolios ni regular poderes fácticos y seguir con la estrategia de combate al crimen organizado.
Por lo pronto, ya está lista la boleta del 2012.
Investigador del CIESAS
@AzizNassi