La Guerra del miedo.
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"Puedo cruzar lugares peligrosos y no tener miedo de nada, porque tú eres mi pastor y siempre estas a mi lado. Me guías por el buen camino y me llenas de confianza". David (salmo 23)
Tiempos pletóricos de anunciados cambios, actuales minutos en los que las promesas no están alcanzando a los hechos el estilo de modificar comportamientos, actitudes y maneras, se presenta con una lentitud casi desapercibida y mucho menos efectiva en su método.
Casi dos sexenios atrás la Sociedad Mexicana había revocado y reprobado un sistema de administración que entregaba a la delincuencia la organización de la justicia, de la persecución de los delitos y la prevención de los mismos, en la complicidad que otorga el dinero y esa relación que guarda con la ambicion, la necesidad y la fama del funcionario encargado. (Sócrates Rizzo, Dixit)
A la aparición del sistema de administración de justicia y la prevención del delito en los modernos tiempos, nació un sistema paralelo de corromperlo, como en el aforismo chino del Ying y el Yang, el contravalor de la ambición fue ganándole terreno al honesto y probo comportamiento que los encargados de la seguridad pública y también nacional, estaban obligados moral y legalmente a ejercer.
Surgieron grupos de hampones, ligados a ellos los narcos, después los falsificadores, secuestradores y subespecies de malandrines de los que deberían estar pobladas las cárceles, resultando que aquellos que no tienen el suficiente dinero para "arreglarse" son los verdaderos habitantes de los centros penitenciarios.
El contubernio fue creciendo de manera tal que los acuerdos entre hampones y autoridades establecieron áreas de influencia, instrumentos de delitos. Ante la nula respuesta de la autoridad para que el imperio de la Ley y el Orden rijan la conducta social y ciudadana, se está gestando una actividad de vendetta personal, de la que emergen muestras de descontento y también de descontrol.
La sociedad late entre injusticias, pobrezas, tristezas, enojos y no tiene la oportunidad de ser oída y entonces ha iniciado la guerra secreta, la guerra personal declarada a los vecinos, a sus conciudadanos, a la autoridad.
El pie de guerra está presente en las calles, en las casas, en las oficinas. Sus elementos se perciben en malas intenciones para con el enemigo, que a estas alturas es cualquiera que se ponga enfrente, aparece entre las filas del supermercado, en las ventanillas oficiales, en el tráfico vehicular, en los espectáculos y deportes, lugares en los que de repente: el insulto, la seña, el aventón y a veces las riñas, recuerdan que la única manera de desquite es agrediendo.
La falta de respuesta en tiempo, calidad y merecimiento ha generado que el hombre común piense en tomar lo que le pertenece o resarcir su daño, sin avisar o solicitar el auxilio de la autoridad. La gente está tomando la justicia por su propia mano y no se detiene porque para el político es más importante continuar en el régimen, que sacar a los uniformados a implantar el orden.
Así entonces cualquier hijo de vecino es guerrero y se anima a tomar oficinas, carreteras, plazas, palacios y en el inter agrede no sólo a sus enemigos que están enfrente, sino al usuario común que como respuesta también busca la agresión, en la cadena del me haces-te hago.
La delgada línea que reservaba a la autoridad la impartición de justicia ya fue rota y de no ponerle alto con soluciones, actos y realidades, el enfrentamiento social no tardará en surgir y al decir de los versos de León Giego, "que la guerra no nos será indiferente aunque sea ésta un monstruo grande y pise fuerte".
LAS NECESARIAS POLICIACAS. Coahuila Sonriente se perfila como el séptimo estado del miedo, ya que existieron en enero del 2012 nada más 46 ejecuciones, a este paso a fin de este año tendremos más ejecutados que: Sonora, Veracruz, Durango y Baja California (ups). OTRO SI. El poder jodicial de Coahuila-Sonriente entró al juego de las impunidades al otorgar al prófugo Javier Villarreal, la tercera oportunidad para no presentarse a firmar en su juicio penal. Qué bueno que aquí todos somos iguales ante la Ley, porque si no. SI VALE.