Lo que queremos
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Rosario Ibarra
Dirigente del Comité Eureka
Constantemente se dice que lo más grave que enfrenta el país es la inseguridad pública, especialmente su expresión más lastimosa, que es la delincuencia organizada. No es la delincuencia el principal problema de nuestro país; ésa es la premisa de quienes ven el terrible problema de la inseguridad como el manto que puede cubrir su incapacidad, ilegitimidad y las ilicitudes que van sembrando en el mal ejercicio de su encargo.
No. El principal problema de nuestro país es la corrupción que no permite que se detengan los delitos que dañan a la población, que impide una recta procuración de justicia donde en las cárceles nunca hay funcionarios corruptos e influyentes. La corrupción que implica la existencia de un gobierno producto de un fraude.
El problema es básicamente político porque la espiral de violencia se abrió debido a la decisión política de un gobierno ilegítimo de declarar una supuesta guerra al crimen organizado pretendiendo definir un enemigo supuestamente común para todo México, que obligara a la unidad nacional en torno a un gobierno deseoso de obtener una legitimidad que no habiéndosela dado la votación democrática la diera esa supuesta guerra. Pero esa corrupción no campea sola, la acompaña la simulación de que todo está bien.
No solo eso. Las prácticas autoritarias van unidas de modo indisoluble con otra actitud aviesa perpetrada por los gobernantes: la simulación del respeto a los derechos humanos.
Lo que sostengo es que el clima de violencia, de violación a derechos humanos, de regreso masivo a la práctica de la desaparición forzada de personas se origina en la decisión de este régimen político de usar este mecanismo como vía para su supuesta legitimidad.
Frente a esta agraviante corrupción gubernamental se ha erigido, producto de diversas movilizaciones sociales, una auténtica convicción por los derechos humanos, ejercida por personas que luchan tenazmente contra el autoritarismo, el abuso y la ilegalidad.
Lo que se requiere ya es sacar a este gobierno y el interés que defiende de un grupo minoritario en el poder. No podemos dejar de luchar por la libertad de las personas injustamente detenidas, por la presentación de todos los desaparecidos, por el cese a la impunidad y a la corrupción, pero no hay más solución real que sacar del poder a este grupo y su gobierno que tanto daño nos ha hecho.
Somos optimistas de que lo podemos lograr. Concentramos ahora el esfuerzo en lograr un cambio de régimen político que pueda abrir el camino a un régimen respetuoso de los derechos humanos. El reto es muy grande, pero no hay otra opción ni camino para lograr el respeto a los derechos humanos: un gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. A las familias de Eureka nunca nos ha animado la venganza, sino la sed de justicia. Nosotras queremos justicia. La violencia solamente engendra más violencia.
Pero también queremos que se acabe la impunidad. La impunidad frente a los delitos de desaparición forzada.
El gobierno que queremos deberá abrir las puertas a la justicia. Insisto, no por venganza. Lo de menos sería cárcel para unos ancianos cínicos, pero lo que queremos es justicia y que nos respondan por los desaparecidos y por todos los que ansiamos rescatar. No se trata, ni se ha pensado nunca, en una reparación del daño, con la cual pretenden comprar conciencias, o que cínicamente pidan perdón por los delitos cometidos.