`Tengo un amigo con el que comparto mis alegrías y penas, mi esposo lo aprueba.'
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QUERIDA ANA:
Tengo y vivo un matrimonio muy singular. He estado casada con mi esposo, que es una persona maravillosa, durante 29 años, y tenemos tres hijos, una hija casada, otro hijo por casarse y el otro trabajando y viviendo solo en su departamento.
La ciudad donde vivimos no está muy lejana a la suya, pero en cuanto a costumbres, si es más abierta, así es que lo que voy a contarle tal vez a usted y a la gente le parezca algo fuera de lo común, pero le aseguro que a los de por acá probablemente no tanto. No que sea una ciudad "perdida", pero sí las costumbres son un poco más libres, sin que lleguen a ser malas, aunque todos estamos conscientes de que en la actualidad todo ha cambiado, yo misma siento que he cambiado, y así las conductas de la mayoría.
Cuando me casé nunca pensé que haría algún día lo que he hecho y la forma como hemos vivido mi esposo y yo. Él es un próspero hombre de negocios, muy ocupado, y tal vez por eso nunca ha hecho un esfuerzo por satisfacer mis necesidades emocionales ni sentimentales, ni físicas. Su vida está dedicada al trabajo, a sus negocios, y debo admitir que a nuestros hijos y a mí jamás nos falta nada, tenemos todo lo que necesitamos, y lo tenemos de más, nos ha dado lujos, pero no mucho afecto.
Él sale en la mañana, después de un sustancioso desayuno, a sus oficinas y cuando termina allí, se viene directamente a la casa, come bien porque en la oficina solo toma algo ligero que allí le preparan, terminando de comer, duerme unos 15 ó 20 minutos, se va a su oficina de la casa, se sienta frente a su computadora y allí lee periódicos, y luego se dedica a continuar con sus asuntos de negocios desde ese lugar. Después toma también algo ligero y se va a acostar, se duerme de inmediato y así es todos los días. El sábado va un poco más tarde a sus oficinas y regresa temprano, pero ya no le dedica tanto tiempo a los negocios, ve algo en la televisión o alguna película, conversa un corto rato conmigo o con uno de los hijos, llega la noche y con ella la hora de dormir. Y así es también el domingo, aunque sin salir a la oficina.
Yo era una persona sociable antes de casarme y me gustaba mucho salir y tenía muchos amigos y amigas, pero todo eso terminó porque mi esposo dice que ve tanta gente durante toda la semana, que los fines de semana lo último que desea hacer es socializar.
Cuando está en casa necesita tranquilidad y paz. Eso significa que no salimos a comer a ninguna parte y nuestra vida social es cero.
Él tiene una inapreciable comodidad, es lo que le gusta, y va aumentando con el paso de los años. Yo he atendido su casa, lo he atendido a él, he criado a tres hijos, algunas veces (muy pocas) me he encargado de organizarle grandes comidas o cenas que han sido importantes para él. También he sido la comprensiva escuchadora de él, y he tratado de armonizarle los momentos difíciles cuando lo ha necesitado. Y cuando ha querido o necesitado sexo, ahí he estado siempre a su disposición.
Para él eso no ha sido importante y cuando en repetidas ocasiones le he pedido que considere mis necesidades y sugerirle que fuéramos a terapia, él ha dicho: "soy un hombre feliz y satisfecho, no necesito ir a terapia". Así es que decidí optar por la relación con otro hombre.
He tenido varios "amigos" en estos años (nada de sexo), en cada caso hemos gozado de la compañía uno del otro hasta que porque se casa o encuentra a otra, o se aburre, no sé, la relación se termina y otro hombre toma su lugar. Mi ahora amigo es un profesionista de 50 años, divorciado, que está cansado de las mujeres que quieren atraparlo para casarse. Él todavía no está preparado para otro matrimonio y desea una relación con una mujer que esté dispuesta a escucharlo, a comprenderlo, a reírse con él y a compartir sus alegrías y sus penas. Y, a cambio, él está dispuesto a hacer lo mismo, y en ese punto yo me acomodo en su vida. No se siente amenazado porque sabe que yo amo a mi esposo y no tengo ningún interés en divorciarme.
Usted debe estar preguntándose en este momento si mi esposo sabe de todo esto y cómo se siente. Él lo sabe y no se siente mal. Dice que otro hombre en mi vida es una valiosa comodidad para él también. Eso (no lo dice, pero yo lo siento), lo libra de pasar tiempo y gastar energía para ser un esposo y un amigo conmigo. Y la libertad que tengo, le da la seguridad de no tener una esposa desdichada, necia y menospreciada. ¿El matrimonio perfecto? No lo creo, pero se nos acomoda bastante bien.
No sé por qué le escribo, pero cuando a diario leo sus cartas en la lap top, hay momentos en los que quisiera pasar por los conflictos que pasan otras mujeres que sufren porque sus esposos las engañan, o que tienen problemas porque ellas hacen lo mismo, o que se desesperan porque el esposo las tiene olvidadas o relegadas. Mi vida no tiene nada de eso. ¿Qué vida es la mía? Quisiera un comentario de usted, creo que lo necesito. Gracias.
TRATO COMODO
QUERIDA TRATO COMODO:
La vida que me describe puede ser agradable y cómoda para usted y para su esposo y también para los hombres "golondrinas pasajeras" que desfilan por su vida, pero desde luego no es algo que yo recomendaría.
A mí me parece que tiene un matrimonio estéril, vacío y acomodaticio con un hombre al que lo absorben su persona y sus negocios, que es desconsiderado y está totalmente desconectado de usted. Aunque usted diga que es "una maravillosa persona", y que lo ama, yo me pregunto: ¿por qué? ¿Tal vez por los lujos?
También me pregunto qué clase de hombre consideraría a su actual compañía masculina "una valiosa comodidad", porque lo libra de ser un amigo y un esposo para usted.
Hasta ahora no ha sucedido, pero no me sorprendería que un día vuelva a escribirme para preguntarme o para comentarme acerca de una buena relación platónica que sin esperarlo, repentinamente, se ha convertido en una aventura de amor, y en esa ocasión si entra en conflicto el corazón.
ANA