Pequeños e incómodos 2/2

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Opinión
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La primera diva infantil fue Shirley Temple (hoy de 84 años). Pensar en ella como un querubín con los talentos de un perrito amaestrado sería hacerle poca justicia, siendo que las dotes de esta diminuta estrella tenían influencia real en las decisiones de los grandes estudios.

Al constatar que era redituable explotar el carisma infantil, Hollywood hizo de ello arte y escuela, con nombres que abarcan desde Judy Garland (El Mago de Oz), hasta Miranda Cosgrove (I-Carly) Miley Cyrus o Dakota Fanning, que aunque ya no son niñas, despuntaron en una edad en la que la mayoría de los mortales ya tiene suficiente con la educación básica.

En el país de las Farmacias Similares no podíamos prescindir de nuestra lista de equivalencias. Brillaron en México a tierna edad y con fulgor propio María Eugenia Llamas "La Tucita", Evita Muñoz, Angélica María, Pepito y Titina Romay, Julián Bravo, Cuitláhuac Rodríguez (el inefable Niño Tizoc), hasta alcanzar las insospechadas cumbres del talento pueril con Pituka y Petaka.

Signo de nuestros tiempos, los infantes actores que hoy están en boca de todos adquirieron su inusitada fama protagonizando el video "Niños Incómodos" que comentábamos en la primera parte de estas reflexiones. Decíamos que gran parte del debate se centró en lo ético o desleal que resulta hacer que un grupo de niños escenifiquen las atrocidades que -por lo general- son del ejercicio del mundo adulto.

Pero quise reservar para esta conclusión la tan necesaria e inevitable comparación de los "Niños Incómodos" con los "Pequeños Gigantes" (sí, la emisión que receta en señal abierta y cadena nacional, en horario triple A - "prime time"- la televisora del "¿tienes el valor o te vale?").

El programa supone ser un concurso en formato de "reallity show" que tras un exhaustivo casting o "preselección" realizado en toda la República, pone a los escogidos a contender para así descubrir a los nuevos reyes del histrionismo infantil.

¿Qué tendría eso de destacable, fuera de ser la alternativa que la "televisora de los jodidos" ofrece a su abúlica audiencia para acabar de asesinar -sin demanda neuronal de  por medio- el tedio dominical? Realmente nada, de no ser porque Televisa ha hecho -como es su jacarandosa costumbre- de una idea sencilla y con ciertas posibilidades, un carnaval de lo grotesco, lo chambón, lo guarro, lo denigrante y lo facilote.

Vamos a obviar el aspecto chantajista cursi y sentimentaloide que se le imprime invariablemente a los concursos producidos bajo este formato. Sólo demos el más somero y escueto repaso a su contenido: En etapas, los infantes se desviven por destacarse como cantantes, bailarines o actores de comedia. Como dijimos apenas unas líneas arriba, hasta ese punto no habría mayor problema y quizás todo acabaría en mero entretenimiento anodino.

¡Pero qué inapropiados temas seleccionan para que sean interpretados en voces de menores! Habiendo tanto repertorio de artistas juveniles, tanta canción inocentona, ponen a un pobre chamaco a cantar la muy vernácula "El Aventurero", que será una pieza muy dicharachera y cascabelera, pero es también una sarta de estupideces que exaltan los aspectos que, hasta la fecha, nos está costando mucho erradicar de nuestro nacional sistema de creencias.

Luego la producción encuentra muy divertido y ocurrente que una escuincla de 5 ó 6 años se presuma muy sexy y muy sensual, como el que su madre la enseñe a rellenarse el escote. Yo se lo juro, a mí no me incómoda la niña que hace de "mini putita" en cadena nacional, lo que me mortifica es ser parte del país que está enajenado mirándola.

De verdad que no me espanto, ni voy a plañir para que retiren del aire la emisión. Yo no tengo la obligación de verla, ni tengo hijos concursando en el programa (bueno, dicen que uno, pero no es legítimo y no se me ha comprobado nada).

Lo que sí me causa desazón es advertir que todos los modelos y estereotipos que hacemos repetir a nuestra niñez, sólo tienden a reforzar los peores paradigmas de nuestra identidad. Los "Niños Incómodos" en efecto incomodaron a muchos, pero los "Pequeños Gigantes" no parecen calar en un número significativo de conciencias. Siendo que los primeros son tan solo la crítica de lo que deriva de los segundos: una sociedad pasiva y alienada, que se alimenta con formas de entretenimiento cada vez más huecas y nocivas.

Las artes, no obstante, podrían ser un buen factor de regeneración social pero como todo, si se malversan, contribuyen al crecimiento de ese gran monstruo que nos espanta y del que hoy queremos culpar a un solo sexenio, presente o pretérito.

Los "Pequeños Gigantes", obvio no son tampoco "la causa de", son "el reflejo de". Son el reflejo de nuestra decadencia social. Un reflejo, que en vez utilizarlo para la autocrítica nos sirve para modelar más copias del individuo promedio de una sociedad con tanta tarea pendiente como la nuestra.

¡Lástima, lástima, qué lástima!

¡Feliz día del Niño!

petatiux@hotmail.com


Columna: Nación Petatiux

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