`El mundo está lleno de gente buena, lo sé porque la he conocido.

Opinión
/ 25 abril 2012

'QUERIDA ANA:

Hace un  año mi esposa amada fue diagnosticada con cáncer de seno. La sorpresa, entumecimiento, miedo y desesperación empezaron en los dos, mientras ella comenzaba sus tratamientos que como usted sabe, son agresivos y agotadores.

La preocupación y los viajes a la clínica y de regreso a la casa, las consecuencias que se sufren con las quimioterapias y radioterapias, nos estaban haciendo trizas. Tenemos tres niños menores de 12 años y ellos comenzaron a sufrir los problemas que se vinieron con la ausencia de mi esposa de los deberes de la casa y yo casi sin poder suplirla en eso pues aunque tengo un negocito propio, tengo que atenderlo pues no tengo a nadie que lo haga, así que, le he estado dando un poco de tiempo al negocio y otro poco a atender a mi esposa y mis hijos prácticamente se han quedado solos. Ellos son niños admirables que nunca se han quejado, hacen solos sus tareas, se levantan sin que tengamos que despertarlos, se bañan y arreglan y la niña mayor, si yo no puedo preparar desayuno, prepara algo sencillo como servirles el cereal a sus hermanos, hacer jugo de naranja o lavar fruta y preparar el "lonche", que a veces es un sándwich, a veces fruta en trocitos que ella o yo preparamos en la noche, etc., cosas sencillas.

Las cosas iban así. A veces una hermana de mi esposa nos ha apoyado recogiéndolos en el colegio, asistiendo a las reuniones que citaban en el colegio, invitándolos a comer, y así, pero no siempre puede ella hacer eso porque tiene también tres niños, o  más bien dos adolescentes y una niña de 8 años. Ella también tiene sus compromisos. La mamá de mi esposa ya falleció y la mía está enferma, así que la situación ha estado bastante difícil.

Como mi hijo, el de en medio, está en un equipo de futbol, la mamá de uno de los niños, cuyo hijo es amigo del mío, y la señora platicaba mucho con mi esposa y habían hecho una buena amistad, enterada de todos nuestros problemas, me dijo que ella iba a llevarnos la comida dos veces a la semana, y que no la rechazara porque se sentiría muy lastimada. A mí me dio mucha pena, pero fue su ofrecimiento tan espontáneo y de corazón, que no pude decir que no.

Ella comenzó a cumplir lo ofrecido y la voz se corrió. Las mamás de otros niños y otras que se enteraron y que casi ni nos conocían, se unieron porque querían ayudar de la misma manera. Así muchas personas maravillosas cooperaron.

Todos los días, a las 2 de la tarde, exactamente, el timbre de nuestra puerta suena y una comida completa, totalmente preparada, llegaba a la casa. La mayoría de las veces las personas que traían la comida, se iban antes de que la puerta se abriera porque no querían entrometerse o recibir reconocimiento.

Mi esposa está en recuperación y ya ha podido hacerse cargo de la casa, instruir a la persona que nos ayuda y, aunque ella no haga nada, puede administrarla. Por ello, hace dos semanas le avisamos a la señora que inició esta "cadena", que mi esposa ya estaba algo recuperada y que avisara por favor al resto de las señoras para que ya no se molestaran.

Mi esposa, mis hijos y yo, para demostrarles de alguna manera nuestro profundo agradecimiento, organizamos una merienda en nuestra casa para invitar a las señoras, sus esposos y sus hijos. Fueron todos, nuestra casa toda, el jardín y hasta la cochera estaban llenos de esa gente maravillosa. Mi esposa había bordado en "punto de cruz", que montó en unos marquitos de madera, unos corazones y debajo decía "Gracias" y se los dio a cada una de las señoras que tan generosamente nos trajeron comida día a día, y ella misma les habló brevemente para decirles que nos sentíamos profundamente agradecidos porque sabíamos que ellas también estaban ocupadas con sus propias familias y sin embargo se dieron tiempo, e invirtieron dinero, para traernos comida día a día, y ello había significado un mundo para toda nuestra familia.  Mi esposa terminó sus palabras llorando, ya casi no podía hablar. En realidad todos los presentes estábamos llorando muy emocionados.

¿Y qué cree Ana? Una de las señoras me dijo que me daba las gracias por haber podido ayudar. Me dijo que le enseñó que la verdadera felicidad  y la satisfacción vienen solamente de ayudar a otros. Yo no podía creerlo.

El mundo está lleno de gente buena. Lo sé porque la he conocido y la prueba es lo que acabo de contarle.

AGRADECIDO
 
QUERIDO AGRADECIDO:

Qué importante es saber aceptar la ayuda que nos ofrecen cuando se hace con tan buena voluntad!  Esos son los amigos. Ustedes tienen amigos verdaderos.

Pero ¿qué es la amistad? Es una palabra de respeto y veneración, una palabra de oración y de esperanza. Es la clase más rara del amor. La amistad trae calor al que tiembla de frío, acompaña al solitario y hace reír al que sufre. Los amigos multiplican nuestras alegrías, dividen nuestras penas, entienden nuestros silencios,  su corazón es un reloj que late con el nuestro todo el tiempo y marca la hora junto con nuestro corazón.
Un amigo es aquel que llega cuando todo el mundo se ha ido.

ANA

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