El regreso del PRI

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Opinión
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El PRI está de regreso en Los Pinos, mientras la pluralidad se confirma como una realidad inescapable para el Congreso. Una vuelta al pasado y un otear al futuro, en una apuesta ciudadana que parece una contradicción, pero en el fondo se trata de un interesante equilibrio que ha logrado sobresalir por encima de la mala calidad de nuestra democracia. Pero democracia al fin, y ya con signos de modernidad. Es el saldo mayor de la jornada del 1 de julio; no me gusta por supuesto ver el retorno priista, pero me anima saber que una parte muy importante del electorado ha repartido el poder casi en tercios para las principales fuerzas políticas, con una precaución o desconfianza insospechadas.

¿Cómo pudo darse ese regreso al mismo tiempo que se refuerza la pluralidad como signo de futuro? Por una combinación de castigos y desconfianzas, bajo un entramado comunicacional dispuesto a la componenda, nutrido con uno de los más descomunales como insultantes derroches de dinero en la campaña. Ambos factores, aún insuficientemente regulados en nuestro sistema electoral y por lo tanto impunes.

El triunfo del PRI es un persistente aprovechamiento de las omisiones, errores y debilidades del PAN, y también de una perfecta utilización al final del proceso, del miedo de mucha gente por el líder de la izquierda mexicana, que no pudo sacudirse en seis meses la desconfianza que construyó en seis años, por más que trabajó en una nueva imagen y actitud conciliadoras. Hay que decirlo de manera más clara: el PAN y el PRD contribuyeron, como no lo hizo el propio PRI, para el retorno de una vieja clase política tan corrupta, como corruptora, que sólo tiene a Peña Nieto como rostro nuevo, pero ni siquiera con prestigio o trayectoria de honestidad.

Entre la decepción que han causado varias acciones del PAN como gobierno -hasta entre sus propios militantes-, y el secuestro de la izquierda por el mesianismo y la intolerancia de López Obrador, se explica el desenlace del pasado domingo. A nadie le debe tanto Peña Nieto como a Andrés Manuel López Obrador, cuando éste chantajeó la más importante y casi perfecta coalición electoral entre PAN y PRD en el Estado de México durante el 2011. Ahí se escribió parte de lo que hoy vivimos.

Acción Nacional debiera empezar por ahí también su reflexión profunda, serena por supuesto, pero dotada de valor y sinceridad para reconocer que a lo largo de 12 años se fueron arriando banderas muy importantes de nuestra lucha histórica, particularmente la lucha contra la corrupción, y se cohonestó con prácticas de manufactura priista de la que tantos y tantos años nos quejamos. Nos alejamos de la agenda ciudadana, del combate a los monopolios y no surgió la más mínima revisión a un modelo económico que concentró aún más la riqueza y extendió la desigualdad social.

Como partido, Acción Nacional entró en un profundo deterioro de su vida democrática y se han reproducido mecanismos corporativos, clientelares e incluso fraudulentos de sus procesos eleccionarios. La impunidad se enseñoreó y han quedado sin castigo afrentas del tamaño de lo que se conoció como el "Batopilazo", un fraude electoral interno en la mismísima tierra del fundador del PAN, Don Manuel Gómez Morín, donde votaron hasta los muertos y no hubo un solo amonestado. Señalo ese hecho particularmente, no sólo porque los dos principales responsables quedaron impunes y volvieron hacer de las suyas este año en el proceso interno de Chihuahua identificado ahora como "el cochinero", sino porque esa impunidad señala que la complicidad fue mayor, y la autoría intelectual provino de los más altos niveles del partido, como se ufana uno de ellos en decirlo. Los resortes éticos se aflojaron como plastilina, y creció entre los órganos directivos y de consejo una extraña, inexplicable, cultura presidencialista de subordinación, que tuvo su máxima expresión en este sexenio.

Al igual que lo ha dicho Gustavo Madero, sostengo que el regreso del PRI es también una historia comunicacional, o más bien, una componenda mayor en la que participaron los principales consorcios mediáticos del país, en un papel más de actores políticos que de intermediarios. ¿Que el triunfo de Peña Nieto es una planificación, desarrollo, ejecución y control de Televisa? ¿Quién lo duda, por favor? Lo que en todo caso hay que agregar es que si en alguna época -desde la invención de la televisión hasta nuestros días-, Televisa ha recibido los mayores privilegios y ha gozado de la mayor impunidad ha sido bajo los gobiernos de Vicente Fox y de Felipe Calderón. ¿Cómo puede un régimen político de alternancia crear ciudadanía y cultura democrática, difundir por lo menos los logros de un gobierno, si se basa en el mismo entramado mediático del régimen autoritario anterior?.

Sin descalificar los números, es muy importante tener claridad en la calidad de nuestro pasado proceso electoral. Subsisten muchos elementos que componen la inequidad del sistema electoral. Con esas reglas se decidió jugar, ahora urge perfeccionarlas hacia una verdadera regulación de medios y control del dinero en las campañas, de lo contrario el modelo perpetuará la colusión y la componenda entre los poderes fácticos.

El Congreso que viene puede ser un dique para evitar la restauración autoritaria completa; pero no nos confiemos. Carece el legislativo de los controles necesarios para impedir ciertos abusos. Más bien preparémonos para una larga lucha. ¿Porqué confiar en qué el PRI gobernará democráticamente? ¿Porque lo leyó Peña en un discurso que ni siquiera escribió él, ni lo supo pronunciar?  No hay signos que lo hagan presumir así, o muy pocos. Lo que abunda es el ejemplo contrario. Si nos atenemos a las palabras y a los propios referentes que Peña Nieto ha colocado como ejemplos del nuevo PRI y de su "renovado compromiso", les alerto con preocupación: ha puesto como ejemplo al Gobernador de Chihuahua, César Duarte, ¿de qué atributos está investido? Para empezares un faccioso de esos de quinta; controla medios, algunos organismos empresariales, es el dueño del Congreso del Estado, está metido en las universidades públicas, viola la ley cuando quiere, oculta la información. Aún no cumple dos años de gobierno y su administración se ve salpicada de escandalosos casos de corrupción. ¿Ese es en serio, el PRI que regresará?

Javier Corral Jurado

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