Independencia, hoy
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Como escribiera Octavio Paz en "El Laberinto de la Soledad", la Independencia, y en especial la ceremonia del grito, es la más simbólica de nuestras celebraciones cívicas, la que más hondo cala en la idiosincrasia del mexicano. Pero en la era de las telecomunicaciones instantáneas y la globalización, la Independencia convive con un mundo sin fronteras a la información, la cultura y las finanzas, en el que los bienes y servicios circulan con mínimas restricciones y las personas emigran en masa de las zonas pobres del sur y el este a las desarrolladas del norte y el oeste.
Otra característica del entorno es la profunda crisis financiera que empezó en los países ricos y se ha extendido a los demás. Economías que hace pocos años eran prósperas, como las de España e Italia, viven la pesadilla de la recesión y sus gobiernos -de izquierda o derecha- no pueden aplicar políticas expansivas porque tendrían que abandonar la zona euro y eso provocaría situaciones catastróficas en sus países y en toda Europa.
La economía británica, una de las más fuertes del mundo, redujo a cero sus expectativas de crecimiento para este año.
El gran foco de infección recesionista es la Unión Europea, pero sus efectos en Asia y Estados Unidos son serios y el contagio va en aumento. El crecimiento de China e India ha disminuido, Japón lleva tres lustros de estancamiento y el presidente Obama no puede impulsar la inversión y el gasto en Estados Unidos por el bloqueo de los republicanos.
Por su fuerte dependencia de EU, la economía mexicana ya resiente los efectos de las dificultades del mundo desarrollado. A ello se agrega la escasez mundial de granos, debida a las sequías en las zonas productoras del mundo y a la especulación internacional.
En este entorno, el sector externo se verá en dificultades para seguir impulsando nuestra economía. Por razones de supervivencia, los fundamentos de la política económica tienen que virar hacia el mercado interno, cuya expansión entraña cambios de gran calado, como los que ha propuesto Enrique Peña.
Aumentar la producción y el empleo sin romper la estabilidad macroeconómica exige impulsar la inversión pública y privada, racionalizar el gasto corriente, incrementar los ingresos fiscales de los gobiernos federal, estatal y municipal, modernizar la industria energética para abaratar insumos y elevar la inversión sin ceder la propiedad nacional del petróleo ni la rectoría del Estado. Estos recursos financiarían también la ambiciosa política social, que va de la educación, la salud y el seguro social universal a la interacción de la escuela y la empresa a nivel local.
Como esto sólo será posible si se recupera la confianza de la gente en la autoridad, el gobierno del presidente electo, Enrique Peña Nieto, cumplirá puntualmente los compromisos del manifiesto "Por una Presidencia democrática", del pasado 21 de mayo: libertad de manifestación, libertad de expresión, relación transparente con los medios, derechos humanos, libertad religiosa, no discriminación, división de poderes, elecciones libres, transparencia y rendición de cuentas y federalismo sin opacidades.
Los mexicanos no tienen que pagar con su vida y su tranquilidad el combate al crimen. El futuro gobierno intensificará la lucha contra la delincuencia, pero con una estrategia basada en la inteligencia y en la coordinación eficaz de los tres niveles de gobierno, para que retornen la paz interior y la seguridad pública.
Al vigorizar la economía, la justicia social, la democracia y la seguridad, México será un país más fuerte, recuperará su prestigio en el mundo y volverá a tener el respeto internacional que tuvo en la mayor parte del siglo 20. En esto consiste la independencia nacional en la era de la globalidad.
Francisco Rojas