Políticas culturales líquidas: La situación del teatro de la ciudad, entre otras cosas

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Opinión
/ 16 abril 2026

Era el mes de marzo y la tradición y el sentimiento feminista me pedía escribir sobre el ser mujer y artista y madre al mismo tiempo. Tenía la seguridad de que iba a invertir el poco tiempo que para bien o para mal tengo actualmente en dicho tema... en fin, la situación cultural del estado y sobretodo de Saltillo tienen otros planes.

Resulta que por azares del destino en el mismo mes en que se conmemora el mes de la mujer, la capital coahuilense conmemora el aniversario del que alguna vez fue su edificio teatral más emblemático: el Teatro de la Ciudad Fernando Soler. Y resulta que desde hace algunos años esa fecha tiende a ser una chispa que aviva opiniones y sentimientos no muy agradables en un gremio que a estas alturas sigue insistiendo en mejoras al puro estilo de Vladimir y Estragón, quienes esperan que algún día, por fin, llegue Godot a salvarlos. Excepto que en nuestra historia lo que se espera es un poco de conciencia social, vocación por la gestión cultural y quizás, solo quizás, más sentido común y menos resultados postergados.

Seguir la situación del Teatro de la Ciudad y de las políticas culturales que su funcionamiento o no funcionamiento implican se ha vuelto muy difícil. A partir de que (por fin) el patronato al que la Secretaría de Cultura cedió el control del teatro comenzó a manifestarse, los cambios, reajustes, intentos de quedar bien después de algún traspié, han sido casi diarios.

Entre apadrinamiento de butacas, ofrecimientos de renta de los espacios sin dinámicas claras, y funciones de la Compañía Nacional de Teatro (CNT) a precios de ciudad con cultura teatral y economía prominente (que no es el caso); la dinámica hasta ahora observable es algo así: el patronato y/o la Secretaría de Cultura lanzan alguna propuesta o convocatoria; dicha propuesta tiene fallas que un gremio ya muy cansado de que le den atole con el dedo no está dispuesto a tolerar; el gremio se manifiesta, si pública o privadamente da igual, porque de todos modos la gente se entera de todo siempre; la institución criticada se desdice, aunque haya convocatoria o documento escrito de por medio, para intentar calmar las aguas.

Ni yo ni nadie, creo, desea verse como el eterno quejoso, así que seamos justos. Está muy bien que el patronato a cargo del teatro piense en formas creativas de generar fondos; está excelente que (¡por fin!) este año se haya incluido algo de teatro en el festejo del aniversario del Teatro de la Ciudad; es respetable que se tomen el tiempo de restaurar las salas y que por eso tengamos que seguir esperando por una propuesta funcional para uso de las mismas, sobretodo del teatro de cámara. Sin embargo, no se puede ignorar que algunas de las propuestas vistas hasta ahora prioricen un modelo que, además de totalmente desconectado de la realidad del saltillense promedio, peca de capitalismo desmedido en una institución que se supone que debería de ser pública y pagada con nuestros impuestos.

No es problema del ciudadano promedio ni del gremio si la Secretaría de Cultura tuvo que echar mano de la iniciativa privada para administrar un espacio cultural que ya no daba más; no se le puede tratar como cualquier otro espacio y esperar que la gente no reaccione. Tampoco se puede esperar que la gente esté revisando todos los días cuál es la situación del recinto cultural y sus eventos: que si la convocatoria del maratón de teatro pone un límite risible para las obras de teatro participantes, que siempre no hay límite pero solo me entero si conozco a alguien que habló directamente con los organizadores, que las funciones de la CNT van a tener cortesías para el gremio, no, que mejor ya para todo el público, no, que mejor ya ni vayan por cortesías y nada más lleguen porque es gratis...

En estos tiempos de modernidad líquida, en los que las personas luchan por seguir las tendencias, la situación del Teatro de la Ciudad me ha hecho pensar en la “liquidez” de las políticas culturales en Coahuila, porque no se engañen, toda la historia del teatro no es el problema sino el síntoma. Mientras tanto, marzo ya vino y se fue.

A ver si en abril puedo hablarles de mis sentimientos feministas.

Maestra en Artes Escénicas por la Universidade Federal do Rio Grande do Sul (Brasil) y licenciada en Teatro por la Universidad de las Américas, Puebla. Realizó durante dos años investigación sobre teatro y performance en espacio urbano en Porto Alegre, Brasil, publicando diversos artículos sobre el tema en revistas como INTERARTIVE y Cena em Movimento. Reside en Saltillo desde 2015, donde ha colaborado en diversos proyectos con la Compañía de Teatro Camaleón, Necravant Glitching Arts Consortium y Cuarta Pared Theatre Laboratory como actriz, directora y/o dramaturga. En 2016 y 2017 formó parte de los proyectos ganadores en el Programa Nacional de Teatro Escolar para las regiones de Saltillo y Coahuila respectivamente; fue también becaria en el programa PECDA en el ciclo 2018- 2019 en el área de dramaturgia. Ganadora del premio a Mejor Artista Escénica dentro de la Muestra Estatal de Teatro de Coahuila 2022 por su trabajo en dramaturgia y dirección en la obra “Tsunami” de la Compañía de Teatro Camaleón.

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