Visión estática

Opinión
/ 2 octubre 2012

Con tantos temas económicos en discusión, proliferan las opiniones, y uno puede darse cuenta de cuáles son los puntos en donde empiezan las complicaciones

Martes 02 de octubre de 2012

Por eso le he dedicado algunas colaboraciones, aquí y en primera sección, al tema de la escasez, que me parece que es un punto que no queda claro, y que causa confusiones innecesarias. 

La escasez es omnipresente, y es precisamente porque no hay bienes y servicios suficientes para todos los que los quieren que tenemos que crear mecanismos de racionamiento, o asignación, como guste decirles. Hay mejores y peores mecanismos, pero lo que no desaparece es la escasez. Así, cuando alguien sugiere que el gobierno sea el que distribuya o administre los bienes escasos, esto supone que el gobierno será un mejor mecanismo que el mercado libre. Pero como en el mercado los bienes se asignan de acuerdo a cuánto los desea cada quién, suponer que el gobierno lo hace mejor es suponer que el gobierno sabe mejor que las personas qué es lo que deben desear y que además tiene a su interior personas capaces de hacerlo de buena fe. Eso, para mí, es mucho suponer. Pero de la escasez ya hemos hablado, y ahora quería proponerle otro tema que ha sido recurrente en las discusiones económicas, y que ahora con el tema laboral lo vi aparecer repetidamente. 

Se trata de la dificultad que tenemos para percibir la dinámica en la economía. Nos es más natural imaginarla estática. Es decir, aunque hablamos mucho de crecimiento (que es por definición un asunto dinámico), en realidad nos es muy difícil imaginar los cambios que ocurren en la economía. Es más, no podemos, y entonces suponemos que si algo cambia, el resto de la economía se ajusta a ese cambio. 

Más claramente: si alguien gana algo, es porque otro pierde. O como dicen los economistas, pensamos en juegos suma-cero. Así, la reforma laboral que proponía mecanismos de contratación más flexibles se nos imagina como una pérdida para los trabajadores que debe implicar una ganancia para los empresarios. Pero la economía es precisamente lo contrario, es un juego de suma positiva: cuando alguien gana, los demás también pueden ganar. 

Insisto en que esto es difícil de imaginar, porque estamos diseñados para pensar estáticamente. De hecho, buena parte de las teorías económicas del siglo 19 son así, especialmente las de origen socialista, y por eso su incapacidad para explicar la realidad. A Marx se le hacía fácil pensar que la búsqueda de ganancias provocaría el derrumbe del capitalismo conforme las empresas crecieran, se hicieran monopolios, y agotasen al factor trabajo. Pero no pasó eso, muy por el contrario. 

Unos años antes de Marx, fue Malthus quien predijo el fin de los seres humanos por un exceso de reproducción y una falta de alimentos. En 1820 afirmó que la reproducción superaría la producción de alimentos, tendríamos grandes hambrunas, y la humanidad viviría grandes tragedias. Cuando lo dijo, había mil millones de seres humanos en el mundo. Hoy hay siete mil, y cada uno de ellos tiene ingresos doce veces superiores a los que tenía una persona en tiempos de Malthus. Es decir, la humanidad es 85 veces más rica hoy que hace doscientos años. Esto sería imposible si no hubiese esa suma positiva que le comento. 

Pero tendemos a pensar en suma-cero. Si alguien gana, es porque otro pierde. Y de ahí vienen no sólo esas teorías erradas del siglo XIX, sino también las versiones del imperialismo y la dependencia que fueron tan populares en América Latina en los sesenta y setenta, y que desafortunadamente se siguen reproduciendo en los jóvenes de hoy. Los escucha uno reclamar por cosas que no pasan, pero que en su imaginación así deberían ser. 

Lo que sí es un juego de suma-cero es lo que ocurre con las reglas sociales. Ahí sí, si alguien gana es porque otro pierde. Pongamos el ejemplo del "status". Para ser más importante que otros, es necesario que los otros sean menos importantes que uno. Alguien pierde para que otro gane. Pero en economía no es así. De hecho, el mercado garantiza que no sea así. Si usted compra algo, un auto, un refresco, un periódico, lo hace porque considera que el precio que paga es inferior al valor que tiene ese bien para usted. Si no fuese así, no lo compraría. Nadie le obliga a hacerlo. Así, cada vez que usted compra algo, sale ganando. A veces poco, a veces mucho, pero siempre gana. Si usted compra para perder, pues la verdad no tengo nada que decirle (porque si se lo digo, se va a enojar conmigo). 

Ahora véalo al revés. Quien vende, lo hace para ganar. El que vende el refresco, el periódico o el coche, prefiere la cantidad que usted paga. De otra forma, no le vendería. Si la cantidad que usted ofrece por el auto no es suficiente para el vendedor, pues no le vende, y ya. Entonces, cada vez que alguien vende, gana. 

Si cada vez que alguien vende, gana, y cada vez que alguien compra, gana, entonces todos ganan con el mecanismo del mercado. Ésa es la razón por la cual es posible multiplicar por más de ochenta veces la riqueza de la humanidad en doscientos años, porque cada uno va ganando un poco cada día. Si en lugar de hacer uso del mercado utilizamos al gobierno para repartir los bienes, entonces ya no le puedo garantizar que todos ganen. 

Por ejemplo, el gobierno me cobra impuestos, y yo los pago, pero no porque gane algo, sino porque el gobierno me obliga a ello. Y luego el gobierno le da a muchos jóvenes educación, que ellos tienen que aceptar como está, porque no tienen opción. O la toman como es, o se van de ninis. Ni yo gané pagando impuestos, ni los jóvenes ganaron con la educación. Acá si hay suma-cero. Por eso hay que cuidar qué actividades le encargamos al gobierno. Baste recordar que en las decenas de miles de años previos al siglo 19, era el gobierno el que decidía, y nunca hubo crecimiento económico sostenido. Creo que está fácil la conclusión, ¿no? 

Macario Schettino

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