En defensa de un recurso estratégico

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Opinión
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El lunes pasado, en el marco del 75 aniversario de la Nacionalización del Petróleo, las mujeres de la izquierda mexicana se movilizaron reivindicando a las que, en 1938, también se pronunciaron en apoyo al General Lázaro Cárdenas del Río en su decisión de nacionalizar este recurso estratégico de México. En aquel entonces, las patriotas féminas ofrecieron joyas, gallinas o lo que tuvieran para que el Presidente contara con recursos para pagar a las empresas extranjeras las elevadas indemnizaciones por la expropiación.

Las mujeres de hoy exigen una "renacionalización" de los energéticos para garantizar la soberanía nacional, para tener derecho a combustibles baratos que permitan el desarrollo del País, y a guisar con gas, porque los gobiernos vendepatrias y antipueblo han ido destruyendo en los hechos las conquistas populares y nacionales.

Critican fuertemente los despojos que el modelo neoliberal, impulsado por los gobiernos del PRI y del PAN, ha echado sobre las espaldas de mujeres y hombres del pueblo, modelo que, en cambio, concede grandes privilegios a un puñado de millonarios cuya acumulación de capital no tiene límites.

El desempleo, los bajos salarios, la expansión de la economía informal, el trabajo no remunerado, y con él la falta de prestaciones sociales, son efectos lacerantes que padece una gran mayoría de las mujeres de México.

Denuncian también que las empresas discriminan claramente a las mujeres. Siguen exigiendo certificados de no embarazo; para los hombres, estar casados es garantía de estabilidad emocional, en cambio, para las mujeres, sobre todo para las de escasos recursos, tener hijos es enfermedad, faltas, las primeras en ser despedidas, las últimas en ser contratadas, pero la pérdida de derechos es generalizada, avanzamos con prisa hacia la precariedad institucionalizada, impulsada por el propio Estado.

Las mujeres de izquierda declaran que la violencia de género es un mecanismo que perpetúa la subordinación y la desvalorización de lo femenino contra lo masculino, y proponen luchar juntos, mujeres y hombres, contra el sistema neoliberal y el sistema patriarcal, porque los neoliberales no se detendrán en el desmantelamiento de la Patria y de nuestros derechos, afirman.

Por ello convocan a apurar el paso para construir un movimiento de movimientos, que en una lucha pacífica dé inicio al rescate y a la reconstrucción de la Nación, en donde las metas son: lograr la soberanía nacional, la energética, la soberanía popular; la democracia en el País y en el hogar; no al pago de IVA en alimentos y medicinas; alto a la violencia de género, no a la trata, alto a los feminicidios y la autorización legal del tránsito de migrantes por nuestro territorio.

Como puede verse, el discurso de las Mujeres de Izquierda, traspasa la problemática de la defensa y renacionalización del petróleo, y engloba la problemática en la que estamos insertos decenas de millones de mujeres y hombres mexicanos sometidos por las políticas globales neoliberales en nombre de la estabilidad monetaria y del rigor presupuestario que conjugan, austeridad salarial, reducción o destrucción de derechos sociales, represión de los movimientos de protesta social, de manera que lo que debe seguir es la construcción de un movimiento de crítica social capaz de elaborar una contestación eficaz, fuerte intelectual y políticamente, como para hacerse oír y producir efectos reales que cristalicen en un proyecto nacional que esté próximo a los ciudadanos, en particular a los jóvenes; un proyecto que dé sentido al entorno económico y social que han presentado en los últimos años inmensas transformaciones.

La resistencia orgánica es en contra de la dominación a través de la precariedad, trabajo precario que impone a los trabajadores la sumisión. La precariedad institucionalizada es impuesta por la "nueva economía", con empleos y empleados desechables, sin calificación y sin posibilidades de promoción; empleos mal pagados, de escasa productividad; es una economía apoyada e impulsada por el Estado.

El deterioro de los servicios de seguridad social en salud y pensiones son un ejemplo de la precariedad institucionalizada. En las clínicas del IMSS, ISSSTE, Magisterio y Secretaría de Salud, el desabasto de medicamentos, la falta de equipo y personal especializado lo muestran.

La confluencia de organizaciones políticas y civiles para ejercer presión sobre el Gobierno y las Cámaras a fin de que se detenga la descomposición institucional puede y debe avanzar. La conmemoración de la Nacionalización del Petróleo mostró que es posible. Las propuestas están sobre la mesa.

rosaesther80@gmail.com

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