¿Qué le pasa al PAN?
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Basta con seguir las noticias día a día o los comentarios en las redes sociales. Me lo preguntan una y otra vez, siempre al lado de una comparación con el PRI. El cuestionamiento aplica lo mismo para el PAN nacional como para el de Coahuila.
Mientras el PRI tuvo su Asamblea Nacional en el marco de su regreso al poder federal; el PAN no encuentra el camino hacia su propia Asamblea; mientras el PRI logra transformar sus estatutos para abrirle paso a un gobierno más competitivo; el PAN se encuentra enfrascado en una discusión interminable sobre la reforma de su ordenamiento interno; mientras los priístas arriban a su sede nacional en camiones repletos por miles de simpatizantes entusiastas; el PAN no logra tener quórum en su Consejo Nacional, integrado por unas 370 personas.
Es muy importante que los panistas no nos engañemos. Hoy en día, el PRI demuestra de qué está hecho: Como siempre ha sido, hoy es un partido vertical, sin democracia interna, pero en el que la disciplina partidista es el común denominador. Para avanzar en el PRI debe aprenderse una lección básica: ser agachón. Todo lo que se arrastra, avanza.
El entusiasmo tricolor tiene un claro sustento en el acceso al poder y al dinero. El presupuesto enamora a miles de militantes y no tienen empacho en hacerlo ver. Nos encontramos frente al PRI de siempre, corregido y aumentado. Un PRI que vuelve a demostrarnos que para hacer el mal son muy buenos.
¿Y el PAN? ¿Qué le sucede al PAN? En el ámbito nacional busca dar con la fórmula para reconectarnos otra vez con los ciudadanos del México real, después de haber gobernado al país durante 12 años, en un mundo altamente intercomunicado en el cual los jóvenes -abrumadora mayoría en el padrón electoral-, no son los que conquistamos en 2000 ¿Qué nos detiene? ¿Por qué tanto problema y división para concretar esa reconexión?
Creo que ya es hora de pensar y escribir la historia de nuestra fracasada transición a la democracia. Muchos de sus actores todavía guardan sus notas por prudencia. Afortunadamente, empiezan a aparecer algunos a los que se les calienta la pluma para poner en negro sobre blanco sus experiencias y reflexiones, espero que lo hagan pronto. He conversado con muchos de ellos, de distintos partidos, y hay una amplia coincidencia en que la transición mexicana ha sido un fracaso.
El fracaso no radica en el regreso del PRI al poder, el fracaso se debe a que regresó el viejo PRI de siempre, con el mismo ánimo autoritario, con las mismas reglas de juego, aptas para quien sabe jugar el juego autoritario. La transición fracasó porque los dos gobiernos federales emanados del PAN no pudieron, no quisieron o no supieron desmantelar el viejo sistema autoritario. A esa incapacidad gubernamental, se sumó el boicot permanente de aquellos cuyos intereses saldrían perjudicados por la democratización de nuestras instituciones. No digo con esto despropósito alguno, el propio dirigente nacional del PAN lo ha reconocido así.
La decisión de no cambiar las reglas de acceso al poder, ni las reglas de convivencia con el poder, colocó al PAN contra la pared. Gustó más el estilo corruptor del PRI a muchos de cuantos llegaron a posiciones clave en el gobierno, para controlar desde ellas la vida interna del Partido, y en consecuencia, para controlar los gobiernos que se habrían de ganar. Desde esas posiciones de gobierno, inflaron los padrones panistas y corrompieron a militantes y ciudadanos que no tienen ni la más remota idea de que militan en Acción Nacional.
Su fracaso radica en que, siendo muy eficaces para la corrupción interna; no lo son para la externa. En ese terreno el PRI les gana de calle. Estos pseudo panistas hacen muy mal el bien, porque de hecho no es el bien lo que buscan. Y es en este tema donde recae la incongruencia del dirigente estatal del PAN en Coahuila, cuando critica la corrupción en el PRI, pero la tolera y fomenta en el interior del PAN. El viejo asunto de "la paja en el ojo ajeno".
En el ámbito nacional el gran dilema radica en la afiliación de militantes y en los métodos para elegir dirigentes y candidatos del Partido. Un debate que no existiría si hubiéramos democratizado el Estado mexicano. Si hubiéramos concretado la reforma del Estado. La respuesta a los problemas del PAN no se halla dentro de los estatutos del partido sino en la Constitución.
Los políticos son seres humanos de carne y hueso y así lo han sido siempre. Muchos de ellos son buenas personas y muchos más no tienen escrúpulos. La diferencia radica en las reglas e incentivos, si siguen siendo los de un sistema autoritario, no esperemos respuestas democráticas.
Facebook: Chuy Ramirez
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