Unidad y desigualdad
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Los discursos por las efemérides cívicas del mes de febrero del año en curso: Día del Ejército, Día de la Bandera, aniversario luctuoso de Francisco I. Madero y José María Pino Suárez, etcétera; los prolegómenos de los debates sobre las esperadas reformas estructurales en el Congreso y el batir de alas belicosas que se cierne sobre las precampañas y campañas electorales de 2013 entre candidatos de distintos partidos detonaron mediáticamente tres palabras: la unidad nacional. "Unitas" es una expresión original latina que implica la imposibilidad de división o separación. No se puede dividir o separar una unidad sin modificar su integridad o esencia.
¿Cómo, pues, lograr en nuestra nación, abrumada por desigualdades abismales, la unidad nacional necesaria que, por encima de diferencias y banderías políticas, encuentre derroteros y alcance objetivos comunes en beneficio de México y los mexicanos?
Más allá de filiaciones políticas, recuerdo que fue don Manuel Avila Camacho quien apoyó su gobierno en un exitoso llamado a la unidad nacional. Propició la presencia de la oposición en el Congreso y, aprovechando la coyuntura económica creada por la Segunda Guerra Mundial, encaminó al país de una economía predominantemente agraria hacia una de mayor crecimiento industrial.
Dijo Avila Camacho en un acto electoral en Yucatán: "Preciso la unificación nacional en torno a los problemas que atañen a la patria porque nuestra historia, nuestro presente y nuestro porvenir como nación libre están por encima de los intereses personales, de las necesidades de clase y de las ambiciones de partido". Y logró la unidad. Con ella, México avanzó en todos los órdenes hacia el equilibrio y la armonía. Pero los beneficios de la riqueza no se distribuyeron de manera equitativa entre la población.
Según Daniel Cosío Villegas, 10% de las familias más privilegiadas recibía casi la mitad del ingreso nacional, en tanto 40% de las familias más pobres tenía acceso solo a 14% a mediados de los 60, de tal manera que la desigualdad económica y social se hizo presente, minó el equilibrio alcanzado y volvió a surgir, desde entonces, el dilema premonitorio: ¿unidad nacional ante tanta desigualdad?
En su discurso sobre "El origen de la desigualdad social", Juan Jacobo Rousseau escribió que el hombre no nace con la desigualdad: la advierte después de que se compara con sus semejantes y ve sus diferencias. Y sin desconocer los grandes avances alcanzados, en México nuestras diferencias son atroces todavía, de modo que el desafío de lograr la unidad nacional es enorme para un país cada vez más pobre y desigual. Dos investigadores ingleses, Richard Wilkinson y Kate Pickett, dieron a conocer en 2010 los resultados de un trabajo de décadas: Desigualdad: Un análisis de la (in)felicidad colectiva, para conocer las causas que originan las grandes diferencias que existen entre las personas. De sus conclusiones destaca una: las sociedades desiguales son negativas paratodos los que viven en ellas.