Mirador

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Opinión
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Perdone usted: este día seré más cursi que lo cursi.

¿Cómo no ser cursi cuando estoy viendo sobre mi mesa de trabajo un pequeño florero con dos gardenias hechas de terciopelo y de marfil? Su perfume suscita todas las cursilerías de este mundo y de los otros. Porque estoy seguro de que en los otros mundos también hay cursilería. Si no no serían mundos.

El último domingo visité la ciudad donde vivo todos los días. A las siete de la mañana de todos los domingos mi ciudad, vacía de gente, se llena de sí misma y es posible verla como se quiere ver a la mujer amada: a solas y en silencio. En una de sus calles un hombre vendía vida y belleza. Quiero decir que vendía plantas y flores. Vi que tenía una pequeña planta de gardenia y la compré.

Volví a mi casa llevándola junto con recuerdos de antiguos noviazgos, de canciones cantadas en noches de vino y de guitarra... "Dos gardenias para tí, con ellas quiero decir `te quiero'", y de un verso perdido de Lugones.

Compré una planta de gardenias que me dará flores, aromas y recuerdos. Decía el querido Chaparro Tijerina que el dinero no compra la felicidad, sobre todo si es poco. Pero a veces basta muy poco dinero -y ser un poco cursi- para comprar pequeñas maravillas que dan un leve atisbo de la felicidad.

¡Hasta mañana!...

Escritor y Periodista mexicano nacido en Saltillo, Coahuila Su labor periodística se extiende a más de 150 diarios mexicanos, destacando Reforma, El Norte y Mural, donde publica sus columnas “Mirador”, “De política y cosas peores”.

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