El crimen organizado en México

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Opinión
/ 21 noviembre 2013

El 7 de noviembre fue asesinado el alcalde de Santa Ana Maya, Michoacán, Ygnacio López Mendoza. Había sido amenazado con anterioridad. La Conferencia Nacional de Municipios de México declaro que 40% de los 2 mil 457 alcaldes del país se encuentra amenazado por la delincuencia organizada.

El secretario de gobernación, Miguel Angel Osorio Chong, respondió a tales hechos diciendo: "No podemos ponerle un cuerpo de seguridad a cada municipio, a cada presidente municipal, pero ellos tienen que cooperar mejor para resolver la inseguridad en sus municipios. No podemos justificar la no cooperación con que están amenazados". Lamentable historia, no sólo porque involucra un asesinato más en este país, sino porque el pueblo mexicano, ante estos hechos, se pregunta: ¿y ahora, quién podrá defendernos? Y nos queda claro que la actitud de nuestras autoridades federales no es la de asumir sus responsabilidades.
Si bien el narcotráfico en el país data de muchos años, también es cierto que su crecimiento exponencial, su peligrosidad y riesgo para el incipiente Estado democrático se detonó con la alternancia a partir del año 2000. Para esto es necesario entender que la globalización, la tecnología, las técnicas de dirección y organización empresarial también llegaron para "los malos" y en la medida que hubo ausencia del Estado en algunos casos, y en muchos otros la complicidad de las autoridades, el fenómeno criminal se disparó.

Destacan dos grandes realidades en el "combate" a este flagelo: el desconocimiento sobre el tema por parte de algunas de las autoridades federales del más alto nivel, y la corrupción y complicidad de muchas autoridades federales, militares y estatales. Llaman la atención las declaraciones del secretario de Gobernación porque muestran un gran desconocimiento del fenómeno mafioso. Basta citar a Giovanni Falcone, juez italiano que lucho contra la Cosa Nostra, cuando nos dice: "Sólo seremos capaces de combatir a la mafia entendiéndola como lo que es: una asociación criminal seria y perfectamente organizada. La mafia como sistema de poder y patología del poder se convierte en Estado allí donde el Estado se halla trágicamente ausente".

"Las extorsiones, practicadas de manera sistemática, constituyen un medio eficaz para consolidar el control sobre el territorio, que es el objetivo prioritario de cada familia (mafia)", concluye Falcone en su libro "Cosas de la Cosa Nostra".

Las mafias que operan en México desafían a las autoridades en tres campos. Le desafían al Estado el monopolio de las armas, le pelean el control sobre un territorio, y con las extorsiones entran en competencia con la exclusividad del Estado para cobrar impuestos a la sociedad. Así pues, estamos ante un conflicto de soberanía sobre un mismo territorio.

Una mafia siempre tiene un origen geográfico concreto que es su "espacio vital". Este principio de territorialidad implica una capacidad de control político, económico y social. Nos dice el comisario Gayraud en su libro "El G-9 de las Mafias en el Mundo" que: "Una mafia es la perfección de una realidad criminal, una especie de primera división en la liga del crimen. La fuerza de una mafia se basa, entonces, en la debilidad del Estado, en su incapacidad para imponerse como único centro de poder territorial".

"La extorsión es un indicador, un signo tangible de dominio, es un acto de soberanía territorial. La extorsión es el signo más concreto del control territorial ejercido por una mafia", concluye Gayraud. Así pues, las declaraciones del titular de Segob cuando dice que las extorsiones son síntoma del debilitamiento de las mafias, por los golpes del Estado, son totalmente falsas. Según los expertos, la extorsión es síntoma de fortaleza y control territorial de una mafia.

Por último, debe saber el secretario que los puertos marítimos siempre han constituido un componente esencial del desarrollo de las mafias, porque, al igual que las fronteras y los aeropuertos, facilitan los tráficos de todo tipo (droga, personas, capitales, mercancías). Y también debe saberse que una potencia mafiosa es esencialmente multicriminal, y que tiene una apetencia especial por el dinero público.

El auténtico peligro -hoy- es que la realidad mafiosa no se oculta, sino que somos nosotros quienes la negamos.


Por Manuel Clouthier
Twitter: @ClouthierManuel

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