Recuerdos de `La Quina'

Opinión
/ 11 noviembre 2013

`La Quina' estaba en la cúspide de su poder del que habría de caer años después al escatimarle su apoyo a Salinas

La anécdota viene como anillo al dedo hoy: que sabemos que ayer, a los 91 años murió Joaquín Hernández Galicia, mejor conocido como "La Quina" y que también se negocia el anual presupuesto de egresos de la Federación.

Era alguna fecha entre 1982 y 1987, cuando Carlos Salinas de Gortari era titular de la ya extinta Secretaría de Programación y Presupuesto y negociaba con el entonces secretario general del sindicato petrolero, Salvador "Chava" Barragán.

Era un momento álgido y Barragán le hablaba a "La Quina" -el indiscutible líder del sindicato aunque nunca tuvo el puesto y nunca pasó, formalmente, de "asistente de soldador"- cada media hora para contarle cómo iba la negociación del contrato colectivo del trabajo y saber qué decir.

Tras una llamada en la que "La Quina" mandaba decirle al secretario "Recortari" (como le decían públicamente hasta en sus asambleas) que o accedía a sus peticiones o se iban a huelga nacional, Barragán le volvió a hablar al líder moral para darle otro recado de Salinas: "Dice que las variables macroeconómicas no dan para eso".

"La Quina"respondió: "Pues dile a Recortari que en materia de presupuesto hay una sola regla que conocemos: El que no chilla no mama".

"La Quina" estaba en la cúspide de su poder del que habría de caer apenas unos años después al escatimarle su apoyo a Salinas, precisamente, e incluso mandar imprimir un libro: "Un asesino en la Presidencia" en los talleres de Editorial Vid de Yolanda Vargas Dulché, quien también sufrió la consecuencias cuando Salinas llegó al poder.

Tenía tanto poder que el gobernador de Tamaulipas, Enrique Cárdenas González fue a dar su último informe de gobierno, en 1971 a Ciudad Madero para halagarlo. Fue en el Quina-Dome, como le decían al auditorio del sindicato y luego la comida posterior fue en el rancho del líder petrolero.

Tenía una manera pragmática de ver el poder. Él decía que las personas con las que uno interactúa siempre se dividen en 4. Un 25 por ciento son personas incondicionales; otro 25 por ciento indecisos que hay que convencer; otro 25 por ciento mercenarios que se pueden comprar y el otro 25 por ciento los enemigos. La ecuación era sencilla: convencer, comprar y "con ese 75por ciento le partes la madre a tus enemigos".

Sin duda era todo un personaje. No bebía, tomaba, fumaba y no comía carne. No usaba anillos ni medallas ni loción nada que pudiera ser ostentoso. Era partidario de cultivar sus propios alimentos y para ello tenía proyectos -apoyados por el sindicato petrolero- agrícolas. Nunca tuvo nada a su nombre. Él mismo lo presumía: "Ni el cinturón que traigo aquí puesto está a mi nombre". Y era verdad.

Hombre de una sola familia, que tuvo con Carmen; también de una sola eterna novia: Estrellita.

Nunca se subió a un avión hasta los 80 con José López Portillo. Decía que los dirigentes petroleros morían en aviones.

Tras la cárcel, jamás volvió a ver a "Chava" Barragán, pese a que vivían a5 cuadras de distancia en la colonia Unidad Nacional, donde vivían. Cuando en diciembre de 2001 le dijeron que había muerto y que si iba a ir a su entierro, él respondió: "Yo no entierro a mis amigos". Solía referirse a Barragán como "El Campeón de la Lealtad". Incluso, antes de que entraran a la cárcel se estuvo a punto de hacer una película sobre su vida llamada así que protagonizaría Jorge Rivero y donde "La Quina" era sólo una voz -tipo Dios- que aparecía en momentos de tribulaciones.

Todas las mañanas, durante muchos años, recibía en su casa a jubilados petroleros que lo iban a visitar. Su última lucha fue tratar de recuperar un fondo de 3 mil millones de pesos destinados a ellos que nunca fue entregado.

Recibía a personas en el estudio de su casa, donde siempre estaba una foto de él con un hombre agachado quien le amarraba las agujetas de sus zapatos. ¿Quién es este hombre? Nada menos que Carlos Romero Deschamps, actual líder sindical, quien fue su secretario particular, también oriundo de Tamaulipas.

Hace apenas un año, en pleno año electoral, un día en ese estudio recibió nada menos que a un importante personaje de la campaña de Andrés Manuel López Obrador. Le mandó a decir a AMLO que él había perdido porque no lo fue a ver. "Le hubiera dado el triple de los 40 mil votos que le faltaron", dijo. López Obrador jamás lo vio. Ni en el 2006 ni en 2012.

Y esta semana, Andrés Manuel López Obrador tiene dos razones para estar lo que le sigue de feliz. ¿Cuáles son? Se las digo en la edición on line de esta columna. Ahí también los candidatos a consejeros del IFE y cómo se protege Obama del espionaje.

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